Somos objetivos
Bulevar 09/08/2019 05:00 am         


Por supuesto que el periodismo persiste y no deja de hacer registro de la historia, cada vez más escurridiza, cada vez más encriptada



Igual que vender el sofá —ese donde la pareja ha cometido adulterio— es matar al mensajero. Se cree que el silencio, hacer que se callen los portadores de las noticias tristes, equivale a borrar del horror. Desapareces al que abre la boca, desapareces el problema. Por supuesto que el periodismo persiste y no deja de hacer registro de la historia, cada vez más escurridiza, cada vez más encriptada. Porque está a la vista, es incluso descarada, pero no se deja interpelar, lava las huellas, destruye las facturas, oculta las evidencias.

En un país donde los medios son amenazados y clausurados y los comunicadores son atenazados de todas las maneras —se les maltrata, se les arrebatan las cámaras y los celulares, se les encarcela— las denuncias no cesan, la investigación produce resultados y los premios hacen contrapeso: felicidades a los colegas de Armando.Info y Prodavinci. En un país donde la primicia se terminó porque los periodistas cierran filas y se constituyen en equipo para cubrir juntos los eventos y protegerse a la hora de trasladarse a zonas en conflicto y escribir sobre las bandas formadas en torno al negocio obsceno de las drogas la verdad y sus lacerantes consecuencias son un riesgo para quien quiere registrarla y difundirla.

Marcela Turati es de ese otro país (México) no tan distante o distinto al nuestro (Venezuela), donde los periodistas son reconocidos dentro pero los descalifica el gobierno. “Andrés Manuel López Obrador nos descalifica llamándonos corruptos y de esa manera públicamente nos expone y nos retira protección”, dice la investigadora mexicana que cree que en su país no hay realismo mágico sino trágico. Que México es un cementerio. Son más de 250 mil muertos desde que se dio inicio a la guerra contra la droga. Más de 40 mil desaparecidos. Más de 25 mil los cadáveres sin identificar. “Los matan y disuelven los cuerpos en ácidos”. Historia terrible en pleno desarrollo, sueña la colega con el día en que haya paz, justicia, juicios limpios, sea enterrado el miedo. “Vivimos con el corazón en vilo, y eso no es nada en comparación con lo que pasan las víctimas y sus familiares”.

Paseo por las nubes, ahora ves ahora no ves, el periodismo sigue. El contar tiene sentido, entendimiento y razón. En este país y en aquél.





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