Balas no gardenias
Bulevar 11/08/2019 05:00 am         


Es inmensurable el dolor de un país que ve el matar asido a la palabra derecho



Habrá que darle una enjabonada muy fuerte al término colectivo para que se le salga el sucio; para poder usarlo como sinónimo de equipo pero no equipo maltratador de cejijuntos armados hasta los dientes. Habrá que descascararle la pátina brutal y reformar el contenido intimidante en que trocó si se le quiere reivindicar. En eso no podría, aunque quisieran, colaborar los cinco millones de miembros de la Asociación Nacional del Rifle, defensores del arma larga y que mata en cortico a sus paisanos en los Estados Unidos. Defensores a ultranza de la libertad, y en la libertad incluyen el derecho de comprar y portar, como si de una pluma fuente se tratara, el administrador cargado con balas que, al ser detonadas, giran con movimiento de rotación mientras avanzan por el interior del cañón, se estabilizan en el trayecto,

Malencarados como los colectivos porque sin rifles se encuentran amenazados y no al revés, los miembros de este grupo, entre los que se encuentran Donald Trump Junior, protestan contra quienes han insistido en el porte de armas, demócratas en su mayoría, aunque también cada vez más republicanos que convienen en que no solo es peligroso con la hojilla el mono sino su congénere (del, se supone, siguiente escalafón evolutivo), con gatillo.

La solución allá, luego que se ha convertido una y otra vez en tentación consumada para los desalmados armados el matar a diestra y siniestra en cines, hospitales y escuelas, dios, es ponerle más reparo a la compra de compra venta: los aspirantes a hacerse con su tarjeta de crédito de un rifle, fusil, pistola, revólver, escopeta, ametralladora y demás cosas que funcionan con balas que pueden demostrar que están sanos, que les gustan estos objetos pero que no son su deseo. Que tienen la cabeza más o menos organizada y que no tienen antecedentes (tienen que tener no solo licencia de conducir sino que el permiso de porte se otorgará a los "sanos") lo que equivale a decir que antes no se le ponían peros a todo aquél que quería tener una pieza de hacer bang bang y pum pum.

Armado más que un lío (los fallecidos en las descocadas razzias —valga la redundancia— son deudas que no repara ni otro disparo ni la pena de muerte), es inmensurable el dolor de un país que ve el matar asido a la palabra derecho. Ve la muerte ideologizada. Instituida Con sus dependencias, y apuntando al blanco a sus aguerridos adalidas que creen que un gatillo, alegre o triste, vale más que una persona, vaya creencia, vaya forma de ejercer el poder.

La asociación estadounidense tal vez también sufra una enjabonada, quizás los vientos no siempre sean vencidos y están en contra, qué riesgo la guerra y vivir un punto de abrir fuegos, no juegos, y estar persuadido de que matar soluciona , y que matar salva, muertes por muerte no hemos vivido.

Volviendo al giro de la bala en el rifle, según informan las redes, es el responsable de que, al chocar la bala contra un blanco duro y resistente al final de su trayectoria se deforme produciendo un silbido característico tras alterar su forma aerodinámica. Nunca un silbido fue tan letal. Mi abuelo dijo que en los pueblos, en las noches de farolas apagadas, los hombres silban para darse valor, en este caso el silbido es la cobardía. ¿Cuántos colectivos hay? ¿Cuántos expolicías y hampones se confunden bajo ese signo que se cree justiciero? ¿De qué derecho se habla? ¿Ven a mi que traigo flor?

¿Qué hace guindada de un fusil la palabra amor ?, diría Cadenas. 

FNL





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