No solo verde era mi valle o La Palomera, tronco de barrio
Bulevar 11/08/2019 05:00 am         


“La gente lo llama oasis”



Orquídeas moradas y blancas, calas anaranjadas, rosadas y rojas, rosas amarillas, jazmines. La escalera que conecta con la calle parece que condujera al paraíso. “La gente lo llama oasis”, dice oronda Marina Matos, abriendo la puerta de su casa. 



El verde se descuelga de las ventanas. Se trepa en las rejas. Hace maromas en el cableado eléctrico y rebasa los porrones de los patios de las viviendas en seguidilla. No todos los zaguanes contienen tantas flores como el de Marina Matos, ni todos tienen sus propios conucos como Alfonso Carrasco, Thais Noriega, Elizabeth Hernández o William Díaz, en cuyas laderas las auyamas, enormes y pesadas, camufladas bajo las hojas con forma de corazón, se dan como monte, así como el mango y el aguacate se dan por montón.



Por cierto, han dado dulces frutos, la convivencia y la paz.

La Palomera no para. Barrio baruteño constituido allá arriba —pero ni tanto—desde 1937,si un sábado convoca a los fundadores para que cuenten cómo fue que llegaron, fotos sepias en mano, y celebran en una plazoleta con joropo y comparten sancocho, al siguiente invitan a los expertos a que vean sus huertos. En contraste con las zonas urbanas consideradas planificadas, la densidad habitacional es más concentrada en los llamados asentamientos espontáneos:se habla de una relación de tres a uno. Llama la atención, sin embargo,cómo las estadísticas y los prejuicios, en incómoda complicidad, aquí son rebasados con una realidad de esquiva medición. Son desmentidos por un verde que salta a la vista. “En La Palomera, donde siempre se rompen esquemas, hay mucho verde, verde natural y verde que ha sido producido, verde utilitario y verde ornamental: a muchos asombra”, desliza la arquitecta Elisa Silva, líder del proyecto CABA (Cartografía de Barrios de Caracas, mapeo sesudo que hace foco en la realidad de la ciudad) y cabeza de Enlace Arquitectura, fundación que, igual que sus aliados de Ciudad Laboratorio (CiudLab), tiene entre ceja y ceja la tesis estratégica de la ciudad completa, a través de una integración en proceso. Y todos son aliados de La Palomera donde se siembra lo bueno.

El verde, color continuo que le hace el favor a la propuesta de esa ciudad que vencerá la fragmentación, que es uno de los hilos que cose la ciudad archipiélago,será más profuso en el futuro inmediato; como las auyamas de la casa de William Díaz, que avanzan con avidez sobre la superficie. Acaso el verde inspira la consigna de la ciudad completa y por eso, porque hay que apostar a la vida,se ha dicho adiós a las arcadas construidas allá abajo en la plaza sin ninguna otra razón que la de pretender camuflar al barrio, ignorarlo, desconociendo que las diferencias son formas de complejidad, no razones de discordia.

El verde también vale como paradigma a la hora de verse en su espejo. Ofrece ejemplos que se deberían replicar. Verbigracia la albahaca, el tomillo y la yerbabuena. Intercalados en siembras de tomate,fungen de insecticidas naturales. Son como fieles edecanes. Protegen de la plaga al aromático fruto. En La Palomera toman nota. La solidaridad puede tener forma peciolada o cara de vaca. Así como la basura dejó de ser promontorio insano, y es tema de debates la intermitencia, como en toda la ciudad, de los servicios básicos —y ellos, facturas en mano, reclaman porque los pagan—, la belleza es un plan,la democracia un ejercicio que no solo se da una vez al año como la dama de noche, y el verde es una solución que organizan. Tema de convocatoria, los vecinos debaten si podrían cultivarse huertos comunes y dónde, y qué especies podrían iniciar el proyecto.

En las calles por las que han deambulado los embajadores de Francia Romain Nadal, y de Suiza, Didier Chassot, invitados por la comunidad, y en las plazas en la que reafirman una y otra vez que el barrio es ciudad y en las que,como la ciudad que son,siguen resistiendo, comparten conocimientos sobre el arte de cultivar. Este sábado toman la palabra los invitados: botánicos, agricultores, académicos y empíricos con años de experiencia en eso de ver el desarrollo de una semilla germinada¿Sabían que el bambú es tan o más fuerte que el acero y por eso puede ser un apoyo en la construcción?¿Y que puede conservar 200 litros de agua? ¿Conocen los efectos de la moringa, contraindicada para las mujeres embarazadas porque es abortiva, además de que afecta el hígado? ¿Están al tanto de que se puede obtener rábanos de una planta en tan solo 28 días?

“Sembrar es la mejor manera de garantizar que siempre tengamos vida”. Yrama Capote, del grupo ecológico San Pedro, constituido como guardadores verdes, comenzaron sus afanes protestando contra el ecocidio cometido por los constructores de la mamotrética prolongación de la autopista de El Valle que encalla en la quebrada: aniquilaron 500 árboles. “Desde entonces cuidamos la vida verde de Santa Mónica y alrededores, por eso creamos un vivero con ayuda de voluntarios”. Su testimonio es una cátedra de amor.“Sembrar también es una forma de preservación y de estudio de lo que somos todas las especies vivas, sabemos que conocer las plantas es mucho más que saber aprovecharlas”, agrega en su turno Argelia Silva, exdirectora del Jardín Botánico de la Central, que también es atendido gracias al compromiso de voluntarios.

El huerto urbano no es una ocurrencia desquiciada, los ecologistas lo proponen como respuestas al recalentamiento climático,lo errático es que tengan lugar en las calzadas, que los corredores peatonales, de estar interceptados por árboles, se conviertan en cultivos a la vera del tránsito ¿puede ser la avenida Bolívar un lugar óptimo para tal ocurrencia? Londres se propuso ser la ciudad más verde del mundo abriéndole espacio a la vegetación correspondiente en aceras, ventanas, tapias. Caracas le lleva una morena, dicen. “Es una ciudad jardín, solo hay que tomar consciencia de ello y proteger su vocación de verde”, concluyen los expositores. “El huerto urbano se asocia más con la siembra en techos de la ciudad cuyo efecto inmediato puede cuantificarse con el descenso de la temperatura en el edificio amén de que implica el beneficio de convertir espacios ociosos en productivos”. Wendy Medina habló del tema del aprovechamiento de cada resquicio posible, Enrique Blanco, paisajista, de la las distancias convenientes entre las especies para su desarrollo y José Luis Morales habló de productividad.

Los vecinos están de acuerdo en que hay que hacer del verde una apuesta común.Entre otras siembras, una de las más frondosas —se cobijan bajo su sombra—es la de la democracia, especie vital y oxigenante de la que en La Palomera tienen semillas a granel. Igual que la tenacidad, así mismo cunde el cilantro, la naranja, el limón; igual que la esperanza, la guayaba, la auyama, el mamón. Y no hay quien no tenga en sus patios un erguido o incipiente pimentón. Y el árnica que, como enormes margaritas amarillas o cual girasoles, florea entre los matorrales para ofrecer su sustancia como remedio a las magulladuras que produce vivir. 



Será por eso, que el verde, así en el cerro como en la tierra donde siembran, no se va.La Palomera no para; y esto no es un chiste verde.






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