Los Cien Años del Fascismo
Historia 08/10/2019 05:00 am         


Por Eduardo Martínez: Este año se cumplieron cien años de la fundación de un partido que signó la primera mitad del siglo XX en Europa



Eduardo Martínez

Tal vez la mejor definición de lo que es el fascismo, nos la proporcione un viejo chiste italiano de los años treinta. A la hora de la cena, un niño pregunta al padre “Papá, ¿qué es el fascismo?”. A lo que el padre contesta: “Cállate, y sigue comiendo”. Históricamente, se puede dibujar al fascismo como una evolución del socialismo histórico o no marxista. Este socialismo, que venía siendo permeado por los aportes del comunismo, encuentra una corriente contraria en Italia en la persona de Benito Mussolini, Il Duce.

Este año se cumplieron cien años de la fundación de un partido que signó la primera mitad del siglo XX en Europa, y que con sus ideas perfilaría una manera de actuar política y de gobernar en todo el mundo.

Adolfo Hitler en Alemania, Oliveira Salazar en Portugal, Domingo Perón en Argentina, y otros tantos líderes nacionales en otros países de los cinco continentes, seguirían los dictados del dictador italiano.

LA APARICIÓN
El fascismo italiano comienza a irrumpir en Italia en 1914, cuando el dirigente socialista Benito Mussolini es expulsado del Partido Socialista de Italia, con el estallido de la “Gran Guerra”, maestro de primaria dirigente socialista y director del Avanti –diario de oficial del partido- tomó la posición de que Italia debía ir a la guerra. Lo que se contraponía a la línea pacifista del partido, razón por la cual se le expulsa de la organización y entonces Mussolini, fantasioso y creativo, excelente orador y no menos organizador, asume las ideas en contraposición al Socialismo que decretó su expulsión.

Frente al internacionalismo socialista influenciado por el naciente comunismo en Rusia, profesa el nacionalismo; frente al estatismo socialista, articula intereses con el capital. Y como consecuencia de las huelgas, enfrenta el caos de las luchas sindicales con escuadras fascistas que rompen las protestas y frente al modernismo, propugna el nuevo Imperio Italiano como heredero del Romano.

Es así como en noviembre del ese año, Mussolini funda el diario Il Popolo d´Italia, con el cual comienza a difundir el nuevo ideario. En 1915, consecuente con su apoyo a la guerra, Benito Mussolini se alista en el ejército italiano, prestando servicio hasta el 1917 cuando resultó herido.

Regresa a la dirección del diario y funda el movimiento “Fascio Italiano di Combatimento” (Liga italiana de combate) en marzo del 1919, que se convertirá en 1921 en el Partido Nacional Fascista. Si bien el partido obtiene una exigua votación en las elecciones parlamentarias de 1921, Mussolini organiza entonces “escuadras fascistas” en toda Italia, que garantizarán su posterior ascenso al poder con el despliegue de la fuerza.

En las elecciones de 1921 obtiene 37 de los 575 escaños de la Cámara de Diputados; sin embargo, para octubre del año siguiente ya había organizado grupos de combate en todo el país, con los cuales ejecutó su célebre “Marcha sobre Roma”, que con solo 30.000 militantes –que se conocerían como los “camisas negras”- logró que el Rey lo llamara para presidir el Consejo de Ministros, para evitar de esta manera una guerra civil. A partir de ese momento, ya como Presidente de Gobierno impuso un férreo control del Estado y el cambio de leyes que propiciaron el establecimiento del régimen fascista. En la elecciones de 1924, obtuvo dos tercios de los diputados y fueron las últimas elecciones libres hasta 1946.

LA POSTGUERRA
La crisis económica de la postguerra en Italia desde 1918, tuvo grandes consecuencias para el pueblo y el hambre, la pobreza y la inflación lograron un ambiente político complicado. Adicionalmente, Italia que había entrado en la guerra de lado de Inglaterra, Francia y EEUU, no había logrado el “espacio vital” que los nacionalistas esperaban. En tanto que en la calle se caldeaba entre huelgas, protestas, y enfrentamientos entre sindicalistas socialistas, los comunistas y los veteranos del conflicto.

Mientras el comunismo se definía como democrático para ocultar su carácter totalitario, Mussolini declaró el totalitarismo del fascismo. En 1932, con todos los poderes en sus manos, Benito Mussolini definió el carácter totalitario del Fascismo, en un discurso que luego será recogido en una publicación que bajo su firma llevó el título de “La doctrina del fascismo”:
“Siendo anti individualista, el sistema de vida fascista pone de relieve la importancia del Estado y reconoce al individuo sólo en la medida en que sus intereses coinciden con los del Estado. Se opone al liberalismo clásico que surgió como reacción al absolutismo y agotó su función histórica cuando el Estado se convirtió en la expresión de la conciencia y la voluntad del pueblo. El liberalismo negó al Estado en nombre del individuo; el fascismo reafirma los derechos del Estado como la expresión de la verdadera esencia de lo individual.

La concepción fascista del Estado lo abarca todo; fuera de él no pueden existir, y menos aún valer, valores humanos y espirituales. Entendido de esta manera, el fascismo es totalitarismo, y el Estado fascista, como síntesis y unidad que incluye todos los valores, interpreta, desarrolla y otorga poder adicional a la vida entera de un pueblo (...). 

El fascismo, en suma, no es sólo un legislador y fundador de instituciones, sino un educador y un promotor de la vida espiritual. No intenta meramente remodelar las formas de vida, sino también su contenido, su carácter y su fe. Para lograr ese propósito impone la disciplina y hace uso de su autoridad, impregnando la mente y rigiendo con imperio indiscutible (...).” 

FASCISMO ETERNO
El filósofo italiano Umberto Eco, abordó el tema del fascismo en 1995 en una conferencia en la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York, cuarenta y dos años después de la caída del régimen fascista de Mussolini y sorprendió a la audiencia al señalar que el término fascismo se adapta a todo. Es posible –dijo- eliminar de un régimen uno o más aspectos, y que siempre podríamos reconocerlo como fascista.

Luego de mencionar varios ejemplos, tal como si se le quitaba el elemento fascista, tendríamos a Franco en España; o si se le quitaba el colonialismo, tendríamos el fascismo balcánico, alertó que debíamos estar atentos porque el fascismo podía volver con las apariencias más inocentes.

Por ello, en su conferencia, Eco se refirió al “Ur-Fascismo”; lo cual puede ser traducido como “más allá del fascismo” conocido de Mussolini, o como “fascismo eterno” y advirtió Eco, que “a pesar de esta confusión”, era posible indicar una lista de características típicas de este fascismo eterno. “Tales características no pueden quedar encuadradas en un sistema; muchas se contradicen mutuamente, y son típicas de otras formas de despotismo o fanatismo, pero basta con que una de ellas esté presente para hacer coagular una nebulosa fascista”.

LAS CLAVES
1-La primera característica de un Ur-Fascismo es el culto de la tradición; 2- el tradicionalismo implica el rechazo del modernismo. el Ur-Fascismo puede definirse como «irracionalismo»; 3- el irracionalismo depende también del culto de la acción por la acción; 4- ninguna forma de sincretismo puede aceptar el pensamiento crítico. El espíritu crítico opera distinciones, y distinguir es señal de modernidad. Para el Ur-Fascismo, el desacuerdo es traición; 5- el desacuerdo es, además, un signo de diversidad. El primer llamamiento de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es contra los intrusos. El Ur-Fascismo es, pues, racista por definición; 6- el Ur-Fascismo surge de la frustración individual o social. Lo cual explica por qué una de las características típicas de los fascismos históricos ha sido el llamamiento a las clases medias frustradas, desazonadas, por alguna crisis económica o humillación política, asustadas por la presión de los grupos sociales subalternos; 7- a los que carecen de una identidad social cualquiera, el Ur- Fascismo les dice que su único privilegio es el más vulgar de todos, haber nacido en el mismo país. Es éste el origen del «nacionalismo»; 8- los secuaces deben sentirse humillados por la riqueza ostentada y por la fuerza de los enemigos; 9- para el Ur-Fascismo no hay lucha por la vida, sino más bien, «vida para la lucha». El pacifismo es entonces colusión con el enemigo; 10- el elitismo es un aspecto típico de toda ideología reaccionaria, en cuanto fundamentalmente aristocrático. Puesto que el grupo está organizado jerárquicamente (según un modelo militar), todo líder subordinado desprecia a sus subalternos, y cada uno de ellos desprecia a; 11- en esta perspectiva, cada uno está educado para convertirse en un héroe. El héroe Ur-Fascista está impaciente por morir, y en su impaciencia, todo hay que decirlo, más a menudo consigue hacer que mueran los demás; 12- puesto que tanto la guerra permanente como el heroísmo son juegos difíciles de jugar, el Ur-Fascista transfiere su voluntad de poder a cuestiones sexuales; 13- el Ur-Fascismo se basa en un «populismo cualitativo». Para el Ur-Fascismo los individuos en cuanto individuos no tienen derechos, y el «pueblo» se concibe como una cualidad, una entidad monolítica que expresa la «voluntad común»; 14- el Ur-Fascismo habla la «neolengua». La «neolengua» fue inventada por Orwell en la novela “1984”, como lengua oficial del Ingsoc. En este sentido Eco llama la atención en cuanto podemos encontrar que “elementos del Ur-Fascismo son comunes a formas diversas de dictaduras”. 

Concluyendo en su enumeración de las características del Ur-Fascismo que “Todos los textos escolares nazis o fascistas se basaban en un léxico pobre y en una sintaxis elemental, con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico”. Por lo que debíamos estar “preparados” para identificar otras formas de neolengua, “incluso cuando adoptan la forma inocente de los reality-show”. 

Por lo que podemos decir, que cualquier similitud con la realidad no es mera coincidencia. De esta manera en cien años el fascismo histórico de Mussolini ha mutado dependiendo de las condiciones y realidades nacionales de los países, en un modelo flexible y acomodaticio pero que reserva como valor fundamental la condición del totalitarismo.







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