Caracas Iluminada por Ciudad Laboratorio
Identidad 21/06/2019 10:37 am         


La ciudad muerta muerta no está. Vencerá estas y todas las sombras.



Faitha Nahmens Larrazábal

A la noche vamos porque la noche vuelve. El 6 de julio, caraqueños, regresamos a Colinas

Todavía no me repongo de la convocatoria de calle, de vida, de arte que promovió hace un mes, desde la esperanza, desde la audacia, desde el gusto por la democracia, la gente de Ciudad Laboratorio en Colinas de Bello Monte; lo mejor es que esta frase pueden suscribirla miles de caraqueños. Cuando echamos en falta el Festival de la Lectura de Chacao, y a nuestras fajadas editoriales en las jornadas de la plaza Altamira —los viandantes al pie de la letra—, y cuando ha dejado de producirse Por el medio de la calle, programa estelar que imantó a toda Caracas a los 9 kilómetros cuadrados de Chacao pero lo desdibujaron algunos episodios poco civiles —las aceras no son baños— y sobre todo dejó de ser plan para el regocijo plural en el espacio público por la merma presupuestaria del municipio, aparece en medio del vacío, de la retirada esterilizadora, la hibernación esta ocurrencia de libertad y ciudadanía que el 18 de mayo arrancó a media tarde y se prolongó, comercios abiertos, ganas intactas, hasta más allá de las 11 de la noche. Y con Luna llena.

Caracas la ciudad abandonada y sitiada por las tapias que la interrumpen y la hacen ciega, la que perdió la noche y desde el miedo y con las farolas desdentadas ha acusado recibo de la crisis, ha dejado de ser sustentable. Perdió un turno, lo perdieron los trabajadores de restaurantes, farmacias, recintos de arte, centros comerciales que alardeaban de cerrar a las 10 y en Navidades, a las 2am. Cenar fuera de casa se volvió una utopía no solo para el bolsillo, y un exabrupto ir a la función de las 7, para tragedia de los involucrados con el teatro y el cine. Estas circunstancias conmovieron a los caracadictos de Ciudad Laboratorio (CiudLab en las redes) que, tras conversar con los negocios del lugar, y luego de invitar a los caraqueños a compartir la experiencia de no volver a casa temprano propusieron tomar las calles de la urbanización y por una noche demostraron no solo que es posible sino que la gente está ahíta de libertad, de cielo abierto, y que no ha olvidado y extraña lo delicioso que es el reencuentro con el vecino que quedó del otro lado de la reja. Fue un éxito dejar la trinchera y olvidar el candado y las siete llaves para deambular como si no pasara nada. Pero pasó.

El evento llamado Ilumina —“!Esto es histórico!”, dio en el clavo la arquitecto y activista de CCS-City-450 María Isabel Peña en medio de la riada de caraqueños— rebasó las expectativas. La gente comenzó a repletar la plaza donde arrancó todo y la peregrinación-performance de santos y devotos del cielo caraqueño pidió con música y rezos como mantras la paz. Dos ruteros condujeron a los vecinos a reconocer los lugares de siempre, la panadería de la esquina, el bar del barrio, la librería de los cuenta cuentos en la bajadita (suma 70 la Librería Ago; sopotocientos el abasto de arriba que mantiene la tercera generación). La poeta, cantante lírica y vecina de Colinas, Zaira Castro, desde el balcón del edificio dio un recital conmovedor, fue un ángel con alas y todo. Aquiles Báez dio un concierto, también el trío Emil Friedman y Alfredo Naranjo ¿cómo no estar agradecido, enardecido, por semejante dosis de pasión? Colette Capriles, Susana Rafalli, Albe Pérez ofrecieron una tertulia que atestó el local de Miguel: no se dio abasto. Y más arriba, en donde el uruguayo, cerró con su voz de chocolate Biella Da Costa una sesión de jazz que a todos erizó las pieles ya conmovidas por la conexión, pieles con las cicatrices del habitante del valle.


Aquiles Báez

El recuerdo de todo lo vivido viene a cuento porque de hacer memoria se trata. En tiempo de borrones y tachaduras, la experiencia que nos hizo ejercer la ciudadanía, calle y canto, libros y salud hasta las tantas, que ocurrió en Colinas, y en la Sabana Grande de los ochenta, tiene que volverse eco, no apenas suspiro. Registrado en infinitos videos y fotografías, la gente de Ciudad Laboratorio, que hizo esta ocurrencia a objeto de que cada quien en su calle reinvente la noche y se sacuda el horario del miedo, propone encontrarnos este 6 de julio, otra vez al caer la tarde, otra vez en Colinas, para ver en pantalla gigante lo que ocurrió en una proyección que contiene la cara relajada del vecino, la risa del abuelo, la sorpresa del niño. “Sí, nos preguntan a cada rato cuándo habrá un bis, esto ha sido un esfuerzo enorme que ojalá fuera rutina, la idea es que tenga secuela y que los caraqueños palpemos la posibilidad de que sí se puede y pongamos en práctica ocurrencias similares, por lo pronto viene esta proyección en pantalla gigante”, anuncia Cheo Carvajal, cabeza luminosa de Ciudad Laboratorio.

Ilumina es el proyecto que estudia in situ cómo somos a oscuras, que comenzó como un estudio de lo que hace de noche el caraqueño, arroja datos que nos descubren como tercos. Voluntarios de Ciudad Laboratorio se dieron a la tarea, en una primera fase de 6 y media a 8 y media, y en la siguiente, de 8 y media a 10 y media de la noche, de indagar qué hacemos a esas horas, si salimos, a adónde, si de prisa, si como alma que lleva el diablo, con quién. Una muestra de 1.800 personas entre 18 y 75 años, encuestadas durante tres meses en las bocas de salida del Metro de Petare, Chacao, Chacaíto, Plaza Venezuela y Catia dieron las pistas suficientes para hacer deducciones. Hay zonas desoladas sí, pero sorprendentemente no pasa así en toda la ciudad. Petare, por ejemplo, no duerme. La ciudad está despabiladísima en Catia hasta casi media noche, casi todos los que están son hombres, eso sí, y la mayoría juega dominó a la luz ¡de sus celulares! (igual que en El Cafetal, frente a Plaza Las Américas), así como en buena parte de Chacao. Y si en las zonas caraqueñas estudiadas la mayoría de los hombres, entre 18 y 30, contó que venía de trabajar y, regodeo mediante, pronto iría a casa, la mayoría de las mujeres, por no decir 100 por ciento, que estaban a esa hora fuera de casa —lucen arregladas— es porque iban a rumbear.



Hallazgo urbano: en Sabana Grande, Los Cortijos y Plaza Venezuela la gente se reúne, en medio de la nada, a media noche y hasta pasadas las 3am, a bailar en torno a un carro de cuya maleta abierta brota música a un volumen que es imposible no oír; ocurrencia que tiene correlato en inglés (sound car), he aquí una forma de gozar barato.

La gente de Ciudad Laboratorio, que entiende a Caracas como un territorio donde se puede y se debe hacer la prueba, donde urge observarnos sin lupa y acercarnos sin miedo, ve la ciudad como un todo heterodoxo o ni tanto que en sus contrastes nos contiene y en sus altibajos nos define. Caracas es una de aquí hasta allá; y pese a los muros que intentan dividirla con la pesadez del prejuicio tiene como sanar y reafirmarse en su totalidad para ser completa. “Se trata de retomar la calle, que es retomar la democracia; por lo que no puede hablarse entonces sino de reencuentro y convivencia, de unión entre las colinas y el cerro, el barrio y la urbanización”, acota Ana Cecilia Pereira Berti (la CiudadAna), activista de Ser Urbano y miembro de Ciudad Laboratorio. Ilumina no culmina, por supuesto, vendrán más encuentros callejeros hasta las y tantas; por ahora volver a vernos en el gran selfie del 6 de julio. Quedó claro que la noche es vida y sigue viva. Que Caracas lo está. Si acaso rezagada, pero no vencida. La ciudad muerta muerta no está. Vencerá estas y todas las sombras. ¿Podrás creerlo queridísimo Alonso Moleiro, que la noche está a un tris y que nosotros podemos traerla de vuelta?





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