El Genio del Color
Identidad 29/07/2019 01:00 pm         


El pintor venezolano Carlos Cruz Diez falleció en París el sábado 27 de julio a los 95 años



Carlos Cruz-Diez (Caracas, 1923) fue un artista franco-venezolano, que vivió y trabajó en París desde 1960. Uno de los protagonistas más relevantes del arte óptico y cinético, corriente artística que reivindica “la toma de conciencia de la inestabilidad de lo real”. Sus investigaciones lo revelan como uno de los pensadores del color del siglo XX. Junto a otros dos venezolanos, Jesús Soto y Alejandro Otero impactaron para siempre el mundo del arte cuando hicieron irrumpir el cinetismo como op art o arte óptico.

“La política y la economía son circunstanciales, lo único eterno es el arte”, dijo en una entrevista concedida hace pocos meses. Era optimista en relación al destino de su país, del que nunca se despegó, y lo manifestaba abiertamente. “Estos problemas duran cierto tiempo y el hombre siempre encuentra soluciones para mejor (…) ante una catástrofe siempre surgen cosas positivas (…) la crisis que tiene Venezuela y el problema que se preveía desde los sesenta, sigue (…) en Venezuela nunca ha habido miseria, el único problema que no se resuelve es el cultural”, explicó.

Una de sus obras más reconocidas es el piso del aeropuerto internacional de Maiquetía. Se convirtió en un emblema de la migración. Cada despedida de las familias que se separan hace caer lágrimas sobre ese piso magnífico. Pero también representa lo que pronto se volverá –según él mismo vaticinaba- en un escenario de bienvenida.

Era un ser de familia. Hablaba constantemente de sus tres hijos con orgullo y se regocijaba de que toda la familia sigue el legado de su obra en conjunto: «Estamos juntos y nos queremos (…) en el futuro, la familia, que ha sido destruida por las circunstancias, debe volver a la cohesión porque no puede haber patria sin familia». Desde el extranjero, el Maestro aseguraba que nunca abandonó a su país y relataba cómo muchos se sorprenden al escuchar que sus hijos hablar perfecto “no solo español, sino venezolano”, enfatizaba, cosa que les inculcó desde pequeños.

“Somos muy pocos y por eso no podemos abandonarla”, explicó refiriéndose a su querida patria. “Una de las cosas bellas que tiene el país y que hay que conservar es el culto a la amistad”, exaltó como una de las maravillas que nuestra tierra posee. Y es que el venezolano es, por encima de todo, amigo. «Soy optimista… -repetía el llamado genio del color con ocasión y sin ella- Veo a Venezuela de un color afectivo».

Carlos Cruz-Diez nació el 17 de agosto de 1923 y es considerado uno de los grandes artistas cinéticos venezolanos, pues creó otra noción del color y su relación con el espacio y el tiempo. La extensa obra del maestro Cruz-Diez, que viene desarrollando desde mediados de los años cincuenta, es una invitación al juego y la razón. A sus más de 90 años –y radicado en París– se mantenía activo investigando y el pasado 2014 publicó sus memorias, bajo el título “Vivir en Arte, recuerdos de lo que me acuerdo”.

Carlos Cruz-Diez cursó estudios en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, institución a la que se incorpora como docente, además incursiona en el diseño, las artes gráficas y la publicidad. En 1945 se residenciará un breve tiempo en Nueva York, donde estudia diseño y publicidad. En 1954 incursiona en la abstracción geométrica; ámbito del arte que afianzará con la definición de una plataforma conceptual fundamentada en el color.

A partir de 1955 trabaja entre Caracas y París, tanto en el ámbito académico como en el desarrollo de su propio lenguaje plástico en torno al color. El año 1959 marca el inicio de sus series Color aditivo y Fisicromías. En 1960 se residencia en París, sin perder contacto con su Venezuela natal. En 1963 desarrolla las Inducciones cromáticas, las Cromointerferencias y las Transcromías Aleatorias. Al año siguiente crea las Cámaras de Cromosaturación, y para 1969 instala el “Laberinto de Cromosaturación” en el Boulevard Saint-Germain, en París.

El discurso plástico de Carlos Cruz-Diez gravita alrededor del fenómeno cromático concebido como una realidad autónoma que evoluciona en el espacio y en el tiempo, sin ayuda de la forma ni del soporte, en un presente continuo.

Las obras de Carlos Cruz-Diez se encuentran en prestigiosas colecciones permanentes como las de los siguientes museos: Museum of Modern Art (MoMA), Nueva York; Tate Modern, Londres; Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris; Centre Pompidou, París; Museum of Fine Arts, Houston; Wallraf-Richartz Museum, Colonia.

En Venezuela, sus trabajos están por todas partes. Son importantes obras de integración a la arquitectura que se despliegan en edificios públicos, como la Sede del Sistema de Orquestas, el Aeropuerto Internacional de Maiquetía y la Central Hidroeléctrica Raúl Leoni.


Aeropuerto Internacional de Maiquetía



Dos de las salas más importantes del Centro Nacional de Acción Social por la Música (Cnaspm) –la Simón Bolívar y la Anfiteátrica– también guardan un secreto artístico: las alegres butacas creadas por Cruz-Diez que reciben el nombre de Inducción cromática para sentarse a oír música. Su concepción se basó en la programación de cinco colores y diez permutaciones, a partir de la combinación de ellos.

 Recibió, entre otras muchas distinciones, dos premios relevantes: la Orden de las Artes y las Letras, y la Legión de Honor.

Tomado de Aleteia





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