Soleimani en El Caribe
Análisis 25/05/2020 07:00 am         


La presencia de las naves iraníes en el país además de transportar gasolina tienen un efecto simbólico en las tensiones geopolíticas.



Llegan a las costas venezolanas las cinco naves procedentes de Iràn que transportan un millón quinientos mil barriles de combustible y aditivos para la industria petrolera y de este modo aliviar la escasez de gasolina que condena a los venezolanos también a una “cuarentena automovilística”. Lo que sería una operación comercial rutinaria entre dos países en este caso constituye —al menos simbólicamente por ahora—, un nuevo capìtulo en la confrontación geopolítica. Ello explica las advertencias del gobierno de Estados Unidos sobre la posibilidad de que las naves (Fortune, Fores, Petunia, Facxon y Clavel), trasladasen material de guerra. Una presunción nada gratuita si se recuerda que el año pasado 2019 ambos paises se vieron envueltos en secuestros de tanqueros, lanzamiento de drones, y alta tensión prebélica en el Estrechos de Ormuz espacio clave entre el Golfo Pèrsico y el Golfo de Omàn.

Mas recientemente, el 3 de enero de este año 2020 el general Oasem Soleimani, el màs importante jefe militar iraní asesinado por un ataque àereo en el Aeropuerto Internacional de Bagdad y cuya autorìa fuè reivindicada en rueda de prensa por Donald Trump, alegando que la víctima adelantaba planes desestabilizadores en la región. Y es que luego que Estados Unidos abandonara el Acuerdo Nuclear del 2015, firmado entonces ante el temor de que Teheràn avanzara en su proyecto de enriquecimiento de uranio con fines nucleares, han cobrado fuerza los planes guerreristas en la zona con natural repercusiòn mundial. Como se sabe, Iràn ya es objeto de sanciones por Estados Unidos y otros países desde 1979 con el triunfo de la revolución islámica del ayatolà Jomeni tras el derrocamiento del Sha Reza Pahlevi.


VIEJOS SOCIOS

Iràn y Venezuela son países fundadores de la OPEP en 1960 y a lo largo de los años han mantenido normales relaciones diplomáticas y económicas màs allà de los cambios de gobiernos. Carlos Andrès Pèrez solia recordar que en los días de la “guerra del petròleo” y las amenazas de los países desarrollados por el aumento inusual de los precios, en el seno de la Organizaciòn se formò de facto una alianza de la Argelia de Boumediene, el Iràn de Reza Pahlevi (siendo este aliado incondicional de Washington) y su gobierno, para defender la unidad y además el peso geopolítico de las naciones exportadoras. Con la victoria de Hugo Chavèz en 1998 se añadieron las coincidencias políticas entre las dos gobiernos en la manera de abordar el nuevo escenario del mundo multipolar. Un punto clave fue la presencia en Caracas el año 2000, en la Conferencia de la OPEP, del Primer Ministro Mahmud Ahmadineyad quièn habrìa de ser desde entonces un consecuente aliado de Chàvez en su estrategia diplomática. Por cierto, como obra de las sanciones en el año 2009 la industria petrolera iraní padecíò una severa crisis con la caída del 40 por ciento de la su producciòn . En esa emergencia Chàvez ordenò el envìo de 20 mil barriles diarios de combustible a sus refinerías, por lo que de alguna manera, la presencia de los navíos iraníes en el país podría considerarse como un acto de reciprocidad diplomática.


MAXIMA PRESION

En los ùltimos meses se han recrudecido las sanciones econòmicas norteamericanas al gobierno venezolano las cuales ya se aplicaban puntualmente desde 2017, pero ahora complementadas con la presión política directa como la decisión de su instancia judicial que solicita la captura de Nicolàs Maduro junto a otros funcionarios por supuestos delitos de narcotráfico e incluso terrorismo; y la no descartada intervención militar vìa el Tratado Interamericano de Asistencia Recìproca (TIAR) para facilitar un cambio de gobierno, planteamiento asumido con fuerza por los gobernantes de sus dos principales vecinos: Colombia y Brasil . Las restricciones en materia enèrgetica se han incrementado por la prohibición de envìo de gasolina y aditivos de la empresa CITGO desde Estados Unidos (pese a ser aùn propiedad del Estado); el cese de las operaciones de las compañías Chevron y Rosneft esenciales para la producciòn de gasolina y el mantenimiento de los centros refinadores con tecnología estadounidense. Si bien el desplome de PDVSA obedece a políticas equivocadas, altos niveles de corrupción y la desnaturalización de su esencia comercial, el efecto pràctico de algunas de las sanciones han determinado la actual escasez de combustible, lo cual literalmente prende fuego a la crisis social y política que desde hace tiempo compromete la vida de los venezolanos. Los barcos seguramente llegaràn sin que ello incendie la pradera y dentro de unos días —tambièn gracias a técnicos de Iràn— se restablecerian las operaciones de refinación en el Complejo de Paraguanà.

Para los estrategas del Pentàgono que no siempre suelen descifrar las claves de los conflictos, el hecho cierto es que la peligrosa nación de Soleimani ha puesto pies en el Caribe sin sangre ni el infierno de la guerra y pese además a las ya terroríficas sanciones de su gobierno.








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