El Gran Ductor Chavista
Análisis 17/09/2020 08:00 am         


Luis Miquilena necesitó 83 años para entender que el país no es de los políticos ni de los gobernantes. Los únicos y auténticos dueños son los ciudadanos



Por Egildo Luján Nava


La inevitable referencia inicial al fallecido Luis Manuel Miquilena Hernández (1919-2016), a quien el expresidente Hugo Chávez Frías consideraba su mentor, tiene que ver con el hecho de que fue conocido en el país por ser un avezado político, ex sindicalista, también por haber conocido a Chávez después que el teniente coronel intentara derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez en el año 1992. Siempre lo consideraron el cerebro político detrás del trono, junto a Chávez.

Ambos fundaron el Movimiento Quinta República, y después, siendo Gobierno, fue Ministro del Interior y presidente de la Asamblea Nacional Constituyente que redactó la Constitución de 1999, dándole el inicio a este gran desastre que ha gobernado, destrozado y desconstitucionalizado a Venezuela. Ese personaje, mentor de Hugo Chávez, valiéndose de su gran "experiencia política", junto a él logró montar una maquinaria política basada en el rimbombante poder del pueblo, y que sólo representarán bulto o votantes, engañados con dádivas, grandes concentraciones y templetes colectivos, pero sin ningún poder. Ese fue el Gobierno al que, paulatinamente, Hugo Chávez le fue dando una estructura piramidal de carácter dictatorial, convirtiendo a todas las institucionales en sus brazos ejecutores del poder, obviamente, suprainstitucional.

Hay que recordar la oportunidad cuando Miquilena, el citado personaje "político" de supuesta gran experiencia, por ser de esos que únicamente ven al pueblo como un número de votos al que hay que manipular y engañar al mismo tiempo, cuando le insinuaron públicamente en una oportunidad que había que tomar en cuenta la importancia de la Sociedad Civil, es decir, al pueblo, no dudó al responder: “¿Y cómo se come eso?”. Es decir, el citado individuo, cuando todavía andaba por los campos de la vida exhibiendo sus gloriosos 83 años, termina por darse cuenta que el pueblo no es sólo un número, sino también el único mandante y dueño del país. Inclusive, finalmente le renuncia a Chávez, convirtiéndose en un opositor. No se sabe si por pena, o por considerar que aún había tiempo suficiente para reivindicarse.

Luego, en el año 2002, el entonces Don Luis Miquilena, decepcionado por el rumbo que tomaron las cosas con Chávez, renunció al cargo de ministro del Interior y se separó del militar presidente. Innegablemente, Don Luis adquirió una gran experiencia política en su vida. Pero necesitó 83 años para entender que el país no es de los políticos ni de los gobernantes. Los únicos y auténticos dueños son los ciudadanos; esos a los que se autocalifican líderes, los que mal llaman pueblo, cuando sólo y equivocadamente se refieren a los desposeídos de bienes y de fortunas. En sus últimos 14 años de vida, Don Luis, el político, trató con todos los medios a su alcance de colaborar, corregir y de cambiar la terrible situación del país. Pero no lo logró. La vida se le acabó a los 97 años, y el legado de sus asistidos y posteriormente de sus apartados, todavía anda por ahí sembrando ruina, miseria, dolor.

Este relato sobre este personaje tiene su peso. Es el peso que, en cierta forma, ilustra la situación actual de los políticos que dicen ser de oposición, pero que no tienen tantos años de experiencia. No obstante, pecan de lo mismo al tener la tendencia a desdeñar y olvidar que lo más importante de un país -porque es allí en donde reposa la mayor cantidad de sabiduría y experiencia- es lo que, definitivamente, hacen los que deciden con votos.

Ante la realidad que vive Venezuela y recurriéndose a lo que tiene validez lo dicho en criollo, en el país no pueden seguir con los cogollos, los amiguísimos y las componendas, anteponiendo intereses personales y partidistas. Porque la verdad que se insiste en empequeñecer es que hoy, entre todos los "Partidos Políticos" que se manifiestan en pro y en contra del gobierno, cuentan con una militancia que no alcanza ni al 10% de los ciudadanos por su desprestigio y desencanto. Finalizada la época de los años 90, sucedió lo mismo: un desencanto colectivo sobre los partidos políticos y sus dirigentes. Y eso se tradujo en que un pueblo engañado por un falso "mesías", creyera en las promesas de este último, y que las consecuencias no fueran otras que las realidades que están viviendo los venezolanos.

Los venezolanos que aún mantienen sus esperanzas alrededor de la Democracia, consideran que a los partidos políticos y a sus dirigentes, verdaderamente tan necesarios en este sistema de Gobierno, les ha llegado el gran momento. Sobre todo de permitir que se produzcan consultas y llamados de parte de la gente verdaderamente experimentada, honesta, y sin ambiciones personales de figuración, para que haga posible que la sociedad civil asuma la responsabilidad de recomponer, recuperar y de reestructurar el país.

Nunca antes ha habido un momento más oportuno para recurrir a una consulta al soberano, al pueblo, a los ciudadanos, para preguntarles qué hacer y cómo recuperar el país. La ANCO (Organización Civil) ha venido insistiendo en eso durante años. Pero, insistimos, nunca como hoy se había producido el momento más oportuno para, apoyado en el respaldo internacional de 60 países y organizaciones internacionales (ONU, OEA, Comunidad Europea, entre otras) para que se cumpla el mandato del soberano, y no como ocurrió en el 2017, cuando incomprensiblemente el hecho y su resultado pasó a ser desconocido por la misma Asamblea Nacional que lo impulsó. Esta nueva Consulta daría las directrices impuestas por el soberano que, por mandato supremo, deben ser acatadas por todos, sin violencia ni retaliaciones. Respaldadas por todas nuestras Fuerzas Armadas, que deben recordar las palabras del Libertador Simón Bolívar: "Maldito el soldado que vuelva las armas de la República contra su pueblo".







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