Elecciones Usa: Algunas Lecciones
Análisis 06/11/2020 11:07 am         


En 2016, Donald Trump aprovechó la situación que atravesaban importantes sectores de la economía norteamericana que estaban siendo muy afectados.



Independientemente de los resultados finales, se puede decir con confianza que Estados Unidos no rechazó tajantemente a Donald Trump. Estados Unidos está dividido. Si algo quedó claro en esta elección es que Estados Unidos está profundamente dividido.

Históricamente los porcentajes de participación en las elecciones americanas eran más bien bajos. Allá votan los martes. Y si un visitante llegaba a estar allá uno de esos martes, ni se daba cuenta de que había elecciones. Un día más en una rutina de cientos de años.

Parece que Biden resultó ser el candidato que ha obtenido la mayor cantidad de votos en la historia de los Estados Unidos. Y, por lo cerca que estuvieron los números, entonces Trump debe ser el segundo.

Es un hecho que estas elecciones hicieron que la gente se movilizara. Biden, con su personalidad y estrategia electoral de bajo perfil y de pocas concentraciones, para poder estar en sintonía con su enfoque ante la pandemia, no debe haber sido el motivo por el que la gente se movilizó. No en esos números.

Decir que se movilizaron porque esto era más que una elección un plebiscito, parece como simplificar mucho la cosa. Si eso justifica porqué se movilizaron los que se oponían a Trump profundamente, no explica mucho porqué se movilizaron los que lo apoyaban. Esas movilizaciones tan grandes típicamente no son motivados por sentimientos muy elevados. Temor o rechazo son motivos frecuentes. El rechazo de los que se oponían a Trump puede explicar una cara de esa moneda. ¿A qué le temen o que rechazan los de la otra cara?

¿Hay algo para leer aquí? Casi la mitad de los electores votó por Trump. Con pandemia y crisis económica incluidas. Los exit-polls parecen indicar que no era la pandemia sino la economía la principal preocupación de los votantes.

Con la economía en crisis el asunto parece ser más un problema de esperanzas que de realidades. Aparentemente, el mensaje de Trump de que antes del coronavirus él había construido la mejor economía de la historia, junto a su insistencia en presentar el riesgo del virus como una circunstancia pasajera, logró llegar a los votantes. En una consideración aparte, si la constante actitud de Trump de atacar incesantemente los gobiernos de Cuba y Venezuela fue una estrategia planificada, entonces se merece todos los elogios y admiración. Si eventualmente Trump resulta electo, se puede decir, sin riesgo de estar muy equivocado, que el voto cubano/venezolano le aseguró Florida… y la presidencia. El discurso incansablemente repetido de que Biden y los demócratas son socialistas, logró gran motivación en los latinos de Florida, con fuertes lazos en países muy afectados por gobiernos socialistas. La presidencia y la campaña de Trump ha sido frecuentemente denunciada por su reticencia a denunciar los aspectos más feos del racismo y la xenofobia. Pero, de todos los millones de personas que votaron por Trump, los racistas y los xenófobos deben haber sido una minoría sin mayor significado. ¿Qué otras cosas fueron las que atrajeron a esas decenas de millones de americanos? Sospechamos que aquí hay importantes lecciones, para dentro y fuera de los Estados Unidos.

MAGA - Make America Great Again. Sirvió en 2016, y volvió a servir en 2020. Trump cultiva su imagen como el mayor defensor de los Estados Unidos y, especialmente, de los obreros y de las comunidades rurales. Es sorprendente como estos grupos, se identifican con él. Debe haber muy pocos grupos sociales en el mundo más distantes que Trump y su base. Ese es un tema intrigante que debe dar suficiente material para más de una larga investigación. Allí no hay mucho de identificación social. Ni académica. Ni económica. Ni de trayectoria. Entonces es que el discurso toca las fibras adecuadas. 

En 2016, Trump aprovechó la situación que atravesaban algunos importantes sectores de la economía, que estaban siendo muy afectados. Ofreció combatir a países, socios y competidores comerciales, que, según decía, se estaban aprovechando o dañando los intereses de Estados Unidos y de los americanos. Esto caló profundo en un electorado que veía como importantes sectores de la economía estaban perdiendo la batalla con la economía global. Los sospechosos habituales, la manufactura, el carbón, el acero, la agricultura, son ejemplos de sectores que una vez fueron grandes y pujantes; sectores en los que la forma de vida y la seguridad de un empleo fijo fueron las primeras bajas de esa real guerra económica. Bajas individuales y de comunidades enteras, que repentinamente no tenían un futuro claro.

Toda esta situación generaba un alto nivel de angustia en los afectados, que no podían ver un camino hacia adelante con una expectativa de mejora de su situación personal y la de su comunidad. Para ellos no era tan importante si la oferta de Trump era lógica o posible, o si él era uno de ellos o no. Era la única esperanza a la vista. Su mensaje resonaba con fuerza. Estas preocupaciones ya existían antes de la pandemia. Son preocupaciones de largo plazo, que esencialmente siguen estando vigentes hoy. Siguen estando allí. El gobierno de Trump tuvo acciones de mucho impacto mediático, pero no resolvió los asuntos de fondo. Las preocupaciones siguen estando allí, pero, para muchos, retirar el apoyo a Trump sería como perder toda esperanza.

Por otra parte, las comunidades rurales de los Estados Unidos son típicamente conservadoras. Esas comunidades rechazan, en mucho mayor grado que las comunidades urbanas, los cambios sociales y culturales en el país. Las libertades sexuales, el control de armas, la diversidad racial, y hasta como aspiran al progreso, son conceptos valorados de manera muy diferente entre unas y otras comunidades. Es por eso que es hasta geográficamente notoria la división entre los Estados Unidos urbano y rural en los resultados de estas elecciones.

Con la economía en la mira Quien quiera lograr una clara victoria en 2024, debería estudiar cuidadosamente estas angustias y aspiraciones.
El vencedor de estas elecciones, por otra parte, debería estudiarlas con detenimiento, porque la posibilidad de un progreso sostenido pasa obligatoriamente por minimizar las angustias de los estadounidenses sobre su futuro, ya sean urbanos o rurales, y convencerlos de una ruta común que el país entero adopte como un todo.







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