Un Cazador Cazado
Análisis 27/11/2020 07:00 am         


Del controvertido proceso electoral en EEUU, queda en evidencia la importancia que tiene para todo gobierno democrático preservar y defender celosamente la independencia de acción de las instituciones



Por Egildo Luján Nava


La situación del complejo y confuso resultado electoral del 3 de noviembre del año en curso durante el proceso de los Estados Unidos de Norte América, ha dejado perplejo al mundo entero. En primer término, ha habido que enterarse con gran asombro de la fragilidad e inseguridad de los sistemas y controles del proceso electoral en ese país. En segundo lugar, pero no menos importante, ha sido el lamentable comportamiento de algunos medios de comunicación, de supuesto prestigio mundial, y que se han comportado en forma irresponsable. Tales referencias sociales forjadoras de ciudadanos, sencillamente, no han titubeado en mostrarse impunemente parcializados a favor del partido demócrata, incluso, llegando al extremo de haber nominado en posición adelantada Presidente, al candidato demócrata Joe Biden, sin esperar prudentemente el pronunciamiento oficial.

Igualmente, de este controvertido proceso electoral ha quedado en evidencia una experiencia importante para el mundo entero, al haberse demostrado en una complicada y controversial situación electoral la gran importancia que tiene para todo gobierno
democrático procedente de una libre elección, preservar y defender celosamente la independencia de acción de las instituciones y
poderes oficiales. En este caso, han sido las encargadas de desenmarañar este denunciado fraude electoral, salvando así la fragilidad del sistema comicial norteamericano, y protegiendo el sagrado voto electoral del Soberano.

Es posible que este escándalo mundial haga poner sus barbas en remojo a todos los países democráticos del planeta, como en resguardo y fortalecimiento de sus respectivos sistemas electorales. Porque lo innegable de todo esto y lo que se ha evidenciado, es que es inevitable deducir que si esto está sucediendo en la primera potencia y país más desarrollado del mundo, ¿qué puede esperarse que suceda en los llamados países en desarrollo? Sólo a título de ejemplo, y para citar el caso más reciente en la región, en Bolivia, como consecuencia de sus recientes elecciones, perdedores y supuestos independientes ya están cantando ¡fraude!

En Venezuela, donde la desconfianza en el sistema nacional electoral es prácticamente total, lo feo de los espectáculos similares
realizados en los años pasados, se refleja en el sentimiento y creencia de muchos pueblos en el mundo. Y con el agravante de que lo que ha quedado demostrado, adicionalmente, es que todo sistema electoral de votación automatizada, es técnica y físicamente vulnerable. En Estados Unidos, para variar, la positiva referencia novedosa, como es el caso del sufragio por correo, también ha sido exhibido y hasta acusado de frágil y corruptible. Evidentemente, tendrán que eliminarlo o modificarlo, en procura de seguridad, y, como si fuera poco, de verdadera confianza. Pero si llegar hasta allí se convierte en un objetivo inmediato y confiable, de igual manera, queda demostrado que es inevitable la
obligación de imponer sanciones verdaderamente ejemplarizantes a los infractores del proceso. Y, como si fuera poco, especialmente a accionistas o propietarios de los medios de comunicación que, cual partido opositor, incurren en parcialidades dirigidas a influir en escrutinios electorales.

Mientras tanto, en procura de que las acusaciones concluyan en las demostraciones reales de quienes están apelando a la reafirmación de la verdad y quienes están procurando pescar en río revuelto, por una parte, al presidente Donald Trump le corresponde poner al servicio del país las pruebas que hoy estarían demostrando que no
mintió cuando, desde el propio mes de marzo, denunció que se estaba fraguando un fraude electoral en su contra y que noviembre sería el momento de la consagración del acto inmoral.

Si el supuesto ganador en las sombras hoy prefiere capitalizar una victoria dudosa, y juega al beneficio del agotamiento de lo que en
Venezuela cualquiera calificaría de “derecho a pataleo”, por lo pronto, lo que ha estado sucediendo es que el Mandatario pareciera estar demostrando que, en efecto, ha sido víctima de un fraude. Y que lo peor es que tal penoso hecho comenzó a tomar cuerpo y rostro cuando, sin que se hubieran demostrado los anuncios oficiales, ciertos “opositores” medios de comunicación comenzaron a
“construir” a un ganador, y a echar las bases de una demostración de posible irreversibilidad fundamentada en presuntos Estados “claves”
de mayoría insuperable.

Al día de hoy, a la vez que tales “aliados” comunicacionales afirman que hay un ganador, sin poderse negar a difundir posibles pruebas
de “lo sucio” en ciertos casos, de igual manera, han tenido que tragar fuerte trasmitiendo ciertos nuevos escrutinios. Hacerlo así, desde luego, se ha traducido en que están arrojando
cifras que evidencian cambios en los resultados, y de que sí es probable que se produzca un viraje en el escrutinio final. Obvio, de lo que se está hablando es que tal cambio se traduciría en que Donald Trump, en efecto, sí pudiera haber sido reelecto, y que continuará
siendo el Presidente durante cuatro año más de ese gran país.

Sería prudente que aquellos Presidentes de Estado y otros que se adelantaron a los acontecimientos, reconociendo resultados sin
confirmación oficial, recojan velas y vayan preparando un nuevo mensaje de felicitación.
Mientras tanto, el presidente Donald Trump, muy preocupado, sigue jugando una muy amena e interesante partida de golf en uno de sus tantos campos de ese juego tan popular en el mundo.







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