Fue una Guerra Civil
Análisis 18/02/2021 08:00 am         


Contando con una amplia fundamentación documental y bibliográfica, Laureano Vallenilla Lanz fue tejiendo su narración histórica para señalar que quienes levantaron las banderas del Rey



Y lo defendieron a sangre y fuego fueron en gran parte los propios venezolanos

Por Reinaldo Rojas


Si leyéramos con calma y dedicación las actas del 19 de abril de 1810 y del Congreso Constituyente de 1811, podríamos percatarnos que la gran preocupación de los hombres que proclamaron nuestra Independencia y fundaron la República, fue el temor que la falta de gobierno español desencadenara una guerra civil entre los venezolanos.​ De los tres argumentos que llevaron a la constitución de la Junta Defensora de los Derechos de Fernando VII el 19 de abril de 1810, el primero fue atender la “salud pública” de un pueblo que se encontraba “en total orfandad” no sólo por el cautiverio en que se encontraba sometido el Rey por parte de Napoleón Bonaparte, sino, además, por haberse disuelto la Junta Central Gubernativa del Reino la cual – desde 1808 - “suplía su ausencia en todo lo tocante a la seguridad y defensa de sus dominios invadidos por el Emperador de los Franceses”. En síntesis, estábamos frente a un problema de orden público y de sobrevivencia colectiva.

​En este orden de ideas, el desafío para el liderazgo criollo era asumir el gobierno de sus respectivas provincias para garantizar lo que el propio Libertador denominó en la Carta de Jamaica el derecho a la tiranía activa y dominante de quienes ya tenían el control del poder económico interno. Por ello, hay dos contradicciones que corren paralelas en aquel periodo histórico: por un lado, el conflicto social entre los criollos, poseedores de tierras y esclavos y el pueblo llano de las ciudades, los artesanos, esclavos, indígenas y pardos libres. Por el otro, el conflicto político entre los sectores que querían aprovechar la crisis de la monarquía española para alcanzar la autonomía y la independencia.

La contradicción social ahogó las acciones independentistas de 1811 y por ello es que cae la primera y la segunda república, de manos de un pueblo incorporado a los ejércitos españoles. El decreto de guerra a muerte, de 1813, lo que buscaba era imponer la segunda contradicción como la más importante. “Españoles y canarios”, por un lado; “venezolanos”, por el otro. Ante esta realidad, ignorada por la historia patria, es que levantó su obra el historiador Laureano Vallenilla Lanz.

En El Cojo Ilustrado de fecha 1º de noviembre de 1911, Vallenilla Lanz publica “La Guerra de Independencia fue una Guerra Civil”, producto de una conferencia que había dictado en la Academia Nacional de la Historia el 9 de octubre de 1911. Este artículo, junto a otros que van a aparecer en El Cojo Ilustrado, El Nuevo Diario y en Cultura Venezolana, es el punto de partida de su tesis sociológica del “Cesarismo Democrático”, como explicación del papel del caudillismo llanero en la fundación orgánica de la república.

Contando con una amplia fundamentación documental y bibliográfica, Vallenilla Lanz fue tejiendo su narración histórica para señalar que quienes levantaron las banderas del Rey y lo defendieron a sangre y fuego fueron en gran parte los propios venezolanos. “Yo no sé por qué habrá de empequeñecerse la gloria de Páez en la Mata de la Miel y en el Yagual porque el ejército realista estuviese mandado por Francisco López (el Maya), el Padre Torrellas y Facundo Mirabal. Ni que los laureles de las Queseras hayan de marchitarse cuando se recuerda que el más terrible contendor de ese día glorioso fue el caraqueño Narciso López, en aquella carga formidable, en que Rondón (...) contesta a los aplausos (...) con una de las frases más épicas de la historia de América: así se baten los hijos del alto llano”. No olvidemos que Rondón, héroe del Pantano de Vargas, había sido soldado de los ejércitos realistas antes de 1817.

¿Y de dónde eran los hombres capitaneados por Boves, Yanes, Morales y Antoñazas? Todos eran venezolanos. El Dr. Juan Germán Roscio le comentaba al propio Bolívar en 1820, que “la mayoría de los americanos obedientes al enemigo, es el obstáculo para el reconocimiento de nuestra independencia.” Y esto lo decía Roscio un año antes de la Batalla de Carabobo. ¿Qué lectura le podemos dar hoy a esta interpretación que Vallenilla Lanz puso al descubierto hace ya más de cien años? ¿Qué tiene que ver el “Cesarismo Democrático” con la crisis que actualmente vive el Estado y la sociedad venezolana?

Bueno, que temas como la independencia, ayer y hoy, son problemas eminentemente políticos, y los pueblos no se movilizan y luchan sino para resolver sus necesidades de “pan, tierra y trabajo”, consigna de todas las revoluciones de los siglos XIX y XX. Por ello, la urgente lucha por el rescate de la institucionalidad democrática, que pasa por enfrentar los males del caudillismo y de las salidas mesiánicas, debe atender en lo inmediato las apremiantes necesidades de un pueblo en acelerado proceso de empobrecimiento colectivo.








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