Lo políticamente correcto o el ladrido del chihuahua
Análisis 14/03/2021 08:00 am         


Esto me va a traer problemas con algún grupo de opinión de los amigos de los perros chiquitos, que seguramente tiene capítulos en varias partes del mundo.



Recuerdo que cuando era pequeño en la casa de mi tía había un chihuahua que se llamaba Capitán, que parecía que lo hubieran amamantado con un aguardiente malo porque ese chihuahua era la personificación fiel de un borracho belicoso. Hubiera sido ideal en un curso de psicología, en algo así como una clase vivencial, para que los estudiantes vieran de primera mano el efecto de la ausencia de serotonina en las conductas agresivas. Capitán ladraba como enloquecido aún antes de que llegaras a llamar a la puerta de la casa. Y si iba por la calle y venia un perro más grande, como un pastor alemán, Capitán invariablemente le buscaba pelea, lo que le sumaba la ausencia de sentido común a la personalidad del perrito.

En estos días ha estado en el tapete Amanda Gorman, una jovencita norteamericana, poeta, que habló durante los actos de la inauguración del presidente Biden. Aparentemente esta joven es una nueva estrella de las letras. Tanto así que algunos de sus trabajos ya están siendo traducidos a otros idiomas. ¡Bien por ella! Jóvenes destacados en las distintas ramas del conocimiento es lo que hace falta para salir del enredo en el que parece estar metido el mundo de hoy.

Una de las primeras traducciones que se quiso hacer de los trabajos de Amanda fue para el holandés. Para hacer la traducción contrataron a la joven escritora holandesa, Marieke Lucas Rijneveld. Y ahí comienza la cosa, porque se armó una protesta en las redes, no porque Marieke no domina el holandés, que es su idioma nativo y en el que ya ha resultado premiada, ni porque no domina el inglés, sino porque Marieke ¡es blanca! y la joven poeta Amanda Gorman no es blanca. Resulta que los ofendidos comentaristas de las redes no entienden como una mujer blanca puede traducir al holandés lo que una mujer morena escriba en inglés. El hecho es que la editorial tuvo que cambiar a la traductora. Y después, para curarse en salud, también cambiaron al que habían contratado para traducir los trabajos al catalán, que para echarle leña al fuego, no solo no es negro, sino que es ¡un hombre! Víctor Obiols, que así se llama el catalán que habían contratado, al ver los líos de Marieke debe haber pegado un carrerón y ya entregó la traducción; imagino que a Obiols le van a tener que pagar. Marieke como que ni siquiera había empezado..


Amanda Gorman, Marieke Lucas Rijneveld y Víctor Obiols

Más o menos en la misma onda está este asuntico de la "apropiación cultural" que, la verdad, tampoco termino de entender. Parece que en la colección Resort 2020 de la firma Carolina Herrera algunos diseños se inspiraron en piezas tradicionales mexicanas. Bueno, el ministerio de la cultura de México salió acusando a Carolina Herrera argumentando que "algunos de los patrones utilizados en la colección forman parte de la cosmovisión de pueblos de regiones específicas de México" en el mejor estilo populista, pero que no trasnochado, porque para estar trasnochado primero hay que haber estado despierto en algún momento. Cualquiera pensaría que para ser consistentes, ese ministerio debe tener prohibido que sus empleados usen jeans, no porque sean informales, porque la formalidad en el vestir no es un requisito a exigir en esa tendencia política, sino porque sería un muy mal ejemplo de apropiación cultural, que podría generar un fundado y recíproco reclamo de la Dallas Cowboys Women's Association, (que si existe, por cierto, y no es invento mío).


Parte de la colección de Carolina Herrera protestada por México

Estos convolutos razonamientos siempre deben haber existido, creo yo, solo que ahora se hacen públicos, caen en las redes, algunos los descubren y se convierten en virales. (Que, de repente, parece un mal término esto de "viral", porque uno se imagina que se le llama virus porque te contagia, cuando, en la práctica, la difusión de estos mensajes normalmente la hacen las personas que ya comparten esa manera de pensar, o sea que ya estaban contagiados).

Antes de que se industrializaran las prensas para la producción de los periódicos y de que la radio se convirtiera en algo omnipresente, estos razonamientos no es que no hubieran existido, sino que se propagaban muchísimo más lentamente, en conversaciones con amigos, en bares o en panfletos puestos en las plazas o en sitios públicos (que seguro los ponían, porque estos vigilantes de lo que a su criterio debe ser correcto, siempre deben haber sido igual de intensos y fajados y se deben haber tomado la molestia de escribir los panfletos, copiarlos, probablemente a mano, e ir a pegarlos en las plazas).

Pienso que no habría pasado nada si no se hubieran cambiado los traductores o si CH ni se hubiera dado por enterada de la protesta mexicana.

Hubo protestas de aborígenes australianos porque Chanel puso a la venta un bumerán. Prada se metió en problemas por racista por sacar un porta-llaveros que se parecía al personaje Little Black Sambo. El libro The Cat in the Hat también está acusado por lo mismo. En España, en Sevilla, quieren quitar una estatua de Simón Bolívar porque lo acusan de asesino de españoles. Y en América Latina en más de un sitio quieren desaparecer todo vestigio de Cristóbal Colón. Dentro de poco alguien tendrá sus dudas desde varios ángulos sobre la relación entre Robinson Crusoe y su fiel Friday.


El Boomerang de $2.000 de Chanel

Por otra parte, los Guaiqueríes de Margarita y los Caribes de Oriente, tendrían que poner sus barbas en remojo esperando a ver que resuelven los Bravos de Atlanta y los Indios de Cleveland, acusados por los nativos americanos de… apropiación cultural. (Esta es otra, todos los que nacen en los Estados Unidos, ¿no son "nativos americanos"?)



Toda esta parafernalia me recuerda una ruidosa protesta de menos de 100 estudiantes en el pasillo del rectorado de una universidad, que en ese entonces tenía más de 80,000 alumnos. 100 muchachos dando gritos en un pasillo puede parecer el fin del mundo. Creo que ese era el plan: que pareciera el fin del mundo, aunque más allá de ese pasillo, el día fuera de lo más ordinarito.

Lo que más asombra es la velocidad con la que las organizaciones con frecuencia claudican ante los ladridos de esos 100 chihuahuas digitales. Pareciera que las decisiones de claudicar las toman unos asustadizos dirigentes de esas organizaciones ante lo que ven como la posible pérdida del favor de algunos de sus seguidores. Bueno, la verdad es que no los perdieron porque nunca los tuvieron, ni los dejaron de seguir porque nunca los siguieron.

Es un poco como esos limosneros que están siempre en la misma esquina, vuelven allí porque alguien les da algo, si no, mínimo, cambiarían de esquina. Y es un poco así, porque sería una inocentada pensar que estas protestas son genuinamente de generación espontánea, que no son puestas a rodar por los mismos grupos que se la pasan en algunas esquinas digitales. Igual que los pordioseros, si no les hicieran caso, mínimo se cambiarían de esquina.

Que unas empresas comerciales tengan esas actitudes se pudiera llegar a entender -con énfasis en el "pudiera"- malo es que lo veamos a diario cuando los que deberían liderar los países, que se sienten millennials porque creen interpretar el rumor de las redes, sucumben prestamente al ladrido de los 100 chihuahuas digitales.







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