Dilemas Actuales de Brasil
Análisis 27/04/2021 08:00 am         


Tres son los problemas brasileños que desde la independencia no se han podido superar



Por Carlos A. Romero


Desde su independencia, Brasil ha desarrollado su política exterior a través de dos canales. Por una parte, constatando y fomentando su grandeza frente al resto de América Latina y el Caribe y por la otra, reconociendo sus limitaciones para llevar adelante esa distinción. En cuanto a lo primero, se tienen unas características de facto; un vasto territorio, un gran número de habitantes, una economía de rango superior, recursos naturales a granel y una importante empresa privada, lo cual hace “al por mayor”, la producción y el consumo de bienes materiales e inmateriales. Paralelo a esto, la diplomacia brasileña se ha distinguido por el consenso alcanzado en la mayoría de los casos en que ha participado, destacándose el profesionalismo de sus funcionarios.

Si esto es así, por qué entonces han surgido serias dudas sobre las condiciones actuales de Brasil, en tanto que algunos autores alertan sobre la fragilidad de esa narrativa triunfante que ha acompañado la marca-país por tanto tiempo. Aunque esa visión negativa se atribuye a la gestión del actual presidente Jair Bolsonaro, se puede retornar al siglo XIX y desde ahí observar algunas contradicciones y fallas. Tres son los problemas brasileños que desde la independencia no se han podido superar. En primer lugar, el cuestionado ejercicio de una democracia limitada y salpicada por la política regional, “feudos” políticos, más la corrupción, la herencia de un pasado imperial y la presencia de formas políticas autoritarias. En segundo lugar, el dilema geopolítico que significa ser grande, pero estar en el patio trasero, lo cual le ha llevado a sus dirigentes a tener una política no clara; vale decir, a veces desgarrándose las vestiduras por América Latina o en otras ocasiones, abrazando con fuerza el panamericanismo. Un tercer problema descansa en las contradicciones entre un mercado interno muy favorecido, pero con un enorme sector social que raya en la pobreza extrema, con impactantes crisis económicas y un comercio exterior con ciclos diferentes y contradictorios.

A estas tres variables se les suma actualmente la negacionista actitud del presidente Bolsonaro frente a la pandemia mundial Covid-19, la cual ha incrementado la tesis de una revisión profunda del perfil de Brasil. Quienes sostienen esta discusión plantean que es necesario preguntarse, por qué el país no ha logrado un puesto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, un liderazgo de dimensión planetaria, un sólido grupo BRICS y una representación sin sospechas de América Latina ante Washington. Desde luego que esos puntos no buscan disminuir el peso universal de Brasil, pero sí ajustarlo a sus verdaderas dimensiones. Por ello, es importante destacar, al menos yo así lo creo, que de todo este frenazo nacional e internacional que Bolsonaro ha dado es tan dañino para el país como lo fue el optimismo exacerbado de Lula da Silva.

En verdad, estas no son más que unas pequeñas reflexiones, esbozadas con el único fin de contribuir al debate sobre un país que admiro profundamente y cuyos pobladores me han dado la oportunidad de conocerlo en varias de sus dimensiones, literarias, universitarias, musicales y arquitectónicas.







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