La Revolución vuelve a Colombia
Análisis 19/05/2021 08:00 am         


Los militares existen precisamente para defendernos de agresiones extranjeras.



Si un país no moviliza a su ejército, ¿a quién envía?, ¿a las congregaciones religiosas, a los colegios, a los gremios profesionales o a los condominios?

Por Carlos Raúl Hernández


Toda reforma tributaria es desagradable y los gobiernos sensatos las despliegan solo después de amplia búsqueda de consensos para hacerles ambiente. Con argumentos técnicos a favor y contra aspectos “puntuales”, la colombiana era, es necesaria y estaba bien concebida. Entre otras, establecía un considerable fondo para atender la pobreza y no creamos que el proyecto de reforma es causa del motín popular en Colombia, pero sí coartada perfecta. Lo que determina estallidos colectivos, riots, no son los malestares sociales o económicos, sino su torpe manejo político-policial. Eso lo saben los que deben, e infiltran las marchas con minorías violentas para provocar locura represiva. Pero destreza, jefatura y sentido táctico-estratégico moderan peligros del sistema, como Rómulo Betancourt entre 1959-1964, y asombra el genio de Iván Duque para no sosegarlos sino exacerbarlos y autodesestabilizarse. Lejos del infierno económico que pinta la izquierda, Colombia más bien, desde las reformas de Álvaro Uribe (2002- 2010) tuvo crecimiento económico estable, baja inflación (apenas 1.6% en 2020) y desempleo no tan alto. Además, expulsó la guerrilla a las fronteras y luego Juan Manuel Santos la incorporó al proceso democrático. Eso contribuye a que Iván Duque gane las elecciones de 2019 con 53% de los votos, pero con él se acaba la sanación.


EL PARAÍSO PERDIDO

Era la continuidad del sistema político, porque tanto el nuevo presidente, como el anterior (aunque Santos se emancipó) estaban asociados a Uribe. La izquierda marca récord histórico con 43% de Gustavo Petro dentro de la estabilidad democrática. Duque convirtió en dos años ese ambiente en una olla de presión, en guerrilla de nuevo a la izquierda revolucionaria, y polariza a la sociedad entre uribismo y petrismo. “Mano dura” fue su promesa y mano dura recibe. Se empeña en perseguir a la FARC legalizada y deja que los paramilitares asesinen sistemáticamente a los pacificados, conocidos como “dirigentes sociales” (151 muertes en 2019 y 251 en 2020). No impide baños de sangre en las zonas rurales, 36 masacres con 133 muertes en 2019, y 76 con 292 muertes en 2020. El clima sanguinario y de pánico fortalece al ELN, rearma expacificados, y proliferan nuevas pandillas narcoterroristas.

La base política de Duque se encoge y un amplio espectro desde demócratas hasta guerrilleros, se desplaza a Petro, eje de una gran alianza de izquierda y no sabemos qué traerá a Colombia. Duque hostiliza al gobierno venezolano, desde su país promueven invasiones y hoy financian disidencias guerrilleras como foco de una eventual Contra en la frontera. Activistas venezolanos en el exilio asumieron su responsabilidad en esto “para crear el caos” junto con factores de poder en Colombia. El crecimiento económico se derrumbó con la pandemia, el desempleo subió a 16% y no hay cómo cubrir el déficit fiscal. La Reforma Tributaria era para pagar gastos sanitarios. En su impericia Duque la presenta en el peor momento imaginable, con fallidos esfuerzos para ganar aliados y pone en bandeja de porcelana los argumentos del discurso demagógico para las turbas. Por si no bastara, la represión salvaje al paro produce 45 muertes según NY. El caos interno podría desinflar la contra fronteriza.


HIERRO Y YERRO

Denuncian “la mano del gobierno venezolano” en los conflictos y… ¿después de lo ocurrido en la frontera cabría pensar que este se cruzaría de brazos? Me cuesta creerlo. Es común que en batalla la primera baja sea la verdad, aunque los corresponsales de guerra se juegan la vida para que esto no se cumpla. Por desventura, la polarización en Venezuela ametralló no solo la verdad, sino que formó políticos carentes de raíces nacionales. Se extinguió el más elemental patriotismo en quienes no distinguen nación de gobierno, ni integridad territorial y vida de la gente, de sus intereses financieros. Frente a un asalto al territorio por irregulares colombianos, desatan una ofensiva de descrédito contra las Fuerzas Armadas, que en última instancia son los muchachos que mueren en la frontera para defendernos. Reaccionan contra su país y las Fuerzas Armadas, y acusan a estas de que solo terciaban un pleito entre narcotraficantes.

Como eso no funcionó inventaron la violación masiva de derechos humanos y el novelesco asesinato de una familia de nueve miembros a la que nuestros militares supuestamente luego vistieron de guerrilleros, los habituales falsos positivos precisamente del ejército colombiano. Ningún medio de comunicación respetable publicó semejante invento, y languideció porque era simple fake creado en el conocido laboratorio venezolano-bogotano. Luego pasaron a otra etapa descabellada: “que en la frontera usaban a los soldados como carne de cañón”. Los militares existen precisamente para defendernos de agresiones extranjeras. Si un país no moviliza a su ejército… ¿a quién envía? … ¿a las congregaciones religiosas, a los colegios, a los gremios profesionales o a los condominios?








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