Marcuse: La Nueva Sociedad
Análisis 05/01/2022 08:00 am         


Su pensamiento fue tomado como referencia de los movimientos sociales y universitarios que se conoció como Mayo Francés de 1968, y reconoció el carácter totalitario del sistema capitalista y soviético



Por Luis Fidhel


La Escuela de Frankfurt fue un movimiento intelectual heterogéneo cuyos estudios y conclusiones tuvieron una influencia considerable a partir de la década de los 60, en el mundo occidental.Los trabajos se desarrollaron en torno al Instituto de Investigación Social de la Universidad de esta ciudad alemana. Destacarían entre sus miembros, los filósofos como Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse, sociólogos como Jürgen Habermas o Karl-Otto Apel, críticos del arte como Walter Benjamín, psicoanalistas como Erich From.

El intelectual venezolano Ludovico Silva (1937-1988); asevera que Herbert Marcuse (1898-1979) creador de “ciencia marxista transformadora”; era famoso por su análisis de la ideología del neocapitalismo, por la influencia en los movimientos estudiantiles y la denominada Nueva Izquierda, como su atrevida tesis acerca del papel de la clase obrera en el “proceso de liberación”. Sin embargo; su fama había cimentado a menudo en la incomprensión o comprensión superficial de su pensamiento. Fue un filósofo neo-marxista, pues se le consideraba haber aportado nuevas categorías para la consecución del socialismo como alternativa a través de la “teoría social critica”. Las ideas tuvieron influencia en los movimientos estudiantiles europeos identificados como el “Mayo Francés” de 1968.

La temática sobre la “Liberación” o posibilidades de liberación del hombre en una sociedad dotada de mecanismos represivos altamente sutiles y peligrosos; y construcción de una “Nueva Sociedad” sería fundamental en la obra de Marcuse. La Liberación no solo era política también de la “sensibilidad”.

Marcuse sostenía que la crisis capitalista; la diferencia entre ricos y pobres habían aumentado particularmente en los Estados Unidos. La verdad es que las divergencias, los conflictos internos del sistema capitalista seguían existiendo. Se manifiestan con una insistencia particular, con una existencia mucho mayor que antes; en el contraste más generalizado entre la enorme riqueza social, que podría permitir realmente una existencia sin pobreza y sin trabajo alienado y la manera represiva y desbastadora con que se emplea y distribuye esta riqueza social.

Incluso continuaba la lucha social, si bien para la época, en una forma todavía puramente económica: peticiones de aumento de sueldo; que por el momento aún puede satisfacerse, dentro de los límites del sistema capitalista; por más que su satisfacción vaya siendo cada vez más difícil en las en las condiciones actuales como lo demostraban las huelgas de los últimos años e inflación.

“La sociedad del capitalismo tardío” en comparación con periodos anteriores, presenta diferencias concluyentes; estas se encuentran esencialmente en lo que denominaba la integración de la mayoría de la clase trabajadora en el sistema existente; se concentra en su forma más patente en los Estados Unidos.

Las divergencias internas en la sociedad norteamericana para la época, se presentaban con más relieve incluso entre las llamadas clases medias, que la asume como la burguesía, se extiende cada vez más la convicción de que es demasiado elevado el precio que se paga por la llamada sociedad de consumo y la relativa prosperidad que se vive en ella; no solo con trabajos inhumanos, verdaderos destructores del espíritu y del cuerpo, que imponía la industria altamente mecanizada y, en parte automatizada.

Estas actividades eran un precio demasiado elevado cuando se piensa que la lucha por la existencia ya no sería necesaria, y que, en vista de la riqueza social y de las posibilidades de explotar y distribuir las riquezas naturales, podría suprimirse o automatizarse la mayor parte de este trabajo. En todo caso, la mayor parte del derroche desaforado que reina en la sociedad de consumo debiera suprimirse en interés de un objetivo mucho más urgente que es la eliminación de la pobreza y la miseria que siguen existiendo y reproduciendo en la sociedad capitalista altamente desarrollada.

Otro hecho que confirmaría que el precio que se paga por la sociedad de consumo es demasiado elevado es que la estabilidad y la prosperidad de los Estados Unidos van forzosamente acompañados de nuevas guerras coloniales y del empobrecimiento y destrucción de partes considerables del Tercer Mundo. Esta crítica de la sociedad de consumo servía para demostrar que el análisis marxista tiene ahora razón de ser, aun cuando las nociones fundamentales del citado análisis, especialmente la nación de proletariado deberían formularse de otra manera.

Existía otro argumento en defensa de la sociedad capitalista; es justamente que en los Estados Unidos mantiene en pie a la democracia y permite una enorme proporción de pluralismo. Por lo tanto había que reconocer porque es un hecho que la libertad es mayor que en la Unión Soviética y, sin duda, infinitamente mayor que bajo las nuevas dictaduras fascistas y semi- fascistas que iban surgiendo en todo el mundo. Pero sin olvidar hasta qué punto esta democracia es, precisamente una democracia, manipulada y limitada.

En EEUU no existe, en realidad una verdadera oposición, en el sentido de que esta puede disponer de los medios públicos de información. No había, un solo periódico como los que se publican en Francia como en Italia. La izquierda radical no tiene absoluto acceso a los medios públicos de información porque no puede procurarse la cantidad exorbitante de dinero que hacía falta para comprar la misma cantidad de tiempo en las cadenas de televisión y de radio de que disponen otras tendencias políticas. En esta democracia la izquierda se encuentra, desde el principio en una situación desfavorable.

Era un hecho bien conocido que el proceso político democrático estaba monopolizado por los mecanismos de los dos grandes partidos, el democrático y el republicano; cuyos objetivos son idénticos en el fondo. De manera que no puede hablarse de una auténtica democracia, alimentada desde abajo. Esta tendencia a dividir realmente la democracia entre dos partidos dominantes, aunque sus objetivos y su política sean idénticos en el fondo había progresado más en EEUU que en los demás países.

La clase trabajadora de los EEUU no era un sujeto revolucionario no siendo un juicio de valor sobre esta clase; es simplemente un “statement of fact” la comprobación de un hecho. Siendo la situación muy distinta en Francia y en Italia, donde el nivel de vida no había alcanzado aún al de EEUU y donde, por esta razón, el potencial radical de la clase trabajadora es un hecho más que fuerte que EEUU.

La sustitución de este tipo de sociedad seguía pareciéndole muy sencillo. Para la época los jóvenes querían una sociedad sin guerra, sin explotación, sin opresión, sin pobreza y sin despilfarro. La sociedad industrial evolucionada disponía de todas las riquezas técnicas, científicas y naturales necesarias para construir realmente una sociedad así.

Pero el sistema actual y los intereses que trabajan “día y noche” en su defensa, empleando para ello medios cada vez más violentos, son simplemente los que impiden la Liberación. La base de la eliminación de la pobreza, del enorme despilfarro y de la supresión de los consorcios podría encontrarse una forma de vida, en la que los individuos podrían determinar efectivamente su forma de existencia.

El camino que conduce a esta existencia es naturalmente una cosa que solo puede concretarse en la lucha por la Nueva Sociedad. Lo que puede decirse a este respecto, es que el camino será muy distinto en cada país, según su grado de evolución, de desarrollo de la productividad, según la evolución de su conciencia de su tradición política. El sujeto de la revolución nace con la práctica, con la evolución de la conciencia y el desarrollo de la acción.

El movimiento estudiantil no podía substituir el movimiento obrero como posible sujeto revolucionario. El movimiento estudiantil funcionaria como catalizador, como preparador del movimiento revolucionario y que el papel era extraordinariamente decisivo.

Las declaraciones derrotistas de que un movimiento limitado en general, a las universidades y escuelas superiores, no puede ser un movimiento revolucionario, y que es sólo un movimiento de intelectuales, de lo que se llama un “grupo selecto”; no tenían en cuenta los hechos, porque precisamente en las universidades y en las escuelas se educa y adiestra a los cuadros de la futura sociedad y que por sí mismo, la evolución de las conciencias y del pensamiento crítico que tiene lugar en las universidades y en la escuelas es una tarea determinante.

No se podía “prescribir” como sería concretamente la sociedad post revolucionaria en su forma de organización. Sería absurdo hacerlo. No somos libres y es evidente que, como seres sin libertad, no se podía determinar de antemano la manera como los hombres libres organizan su vida y su sociedad. Pero si se podría esbozar en cierto modo algunas de sus instituciones fundamentales.

El sistema “soviético” es un concepto históricamente muy desacreditado. Pero que en la idea fundamental esta sigue siendo admisible. En una sociedad libre los individuos determinan su forma de vida, de existencia. Para eso haría falta que ellos mismos decidían como se distribuía el trabajo indispensable para la sociedad y cuáles son los objetivos que se persiguen con el trabajo socialmente indispensable.

No cabía duda de que esto podrá llevarse a cabo mejor en las asambleas, los comités y los consejos locales y regionales, cualquiera que sea su nombre porque éstos sabrán mejor, en cada caso las prioridades que deban tenerse en cuenta y como habrá de distribuirse el trabajo socialmente indispensable.

Las reformas pueden y deben intentarse. Todo lo que puede servir para eliminar la pobreza, la miseria y la opresión ha de intentarse. Pero precisamente la explotación y la opresión corresponden a la esencia de la producción capitalista, del mismo modo que la guerra y que la concentración del poder económico. Esto significaba que, más tarde o más tempano se habría llegado al punto en que las reformas tropezaran con el límite del sistema, en que la realización de la reforma vendrán a cortar las raíces de la producción capitalista, es decir, el beneficio.







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