Las protestas, ayer y hoy
Análisis 03/11/2019 05:00 am         


Por Jesús Omar Uribe: Si el estamento político latinoamericano fuera auténtico, entre sus prioridades estaría el estudio de la ciencia económica descubierta y creada por Adam Smith



Jesús Omar Uribe

No había aparecido el Manifiesto Comunista o acaso comenzaba a circular, cuando Europa fue sacudida por decenas de protestas populares que llevaron a la caída de la mayoría de los monarcas que reinaban en el viejo continente, incluso, a la de Metternich, el más duro de los represores prusianos, cuyo Rey debió ver estupefacto cómo el pueblo arrojaba frente a su Palacio las decenas de cadáveres que habían sido asesinados por la policía el día anterior. Fueron protestas espontáneas de pueblos sumidos en la miseria y la coerción, mientras sus gobernantes nadaban en el placer y la bonanza. La caída de Luis Felipe(1830 -1848), el “rey burgués” considerado en Europa el más liberal de los monarcas (monarquía que la revolución francesa no cambió y que se hizo liberal 60 años después por el ascenso de la burguesía como clase dominante, por la rápida industrialización del país y por el surgimiento del proletariado) había causado profundo impacto al otro lado del rin que ya venía incubando la idea de un cambio y esperaban una buena oportunidad para levantarse; por ello, se rebelaron contra el feudalismo que aún existía y que confería todos los derechos a los grandes señores y terratenientes, exigían abolir la censura y las limitaciones a la libertad de pensamiento y a la libre expresión del mismo, así como abolir otros tantos limitantes de la libertad nacional y personal. Hacia 1848 Alemania era todavía dominada por la nobleza cortesana y los terratenientes de mentalidad y actitud conservadora.

Ese cambio real, emergió de los artesanos y tenderos que gestaron un nuevo estamento social de industriales y fabricantes en permanente ascenso, riqueza y poder. Estos emergentes estaban convencidos que el arcaico Estado burocrático, es decir, la aristocracia, jamás podría resolver los viejos y los nacientes problemas sociales y menos ejerciendo el terror policial. Por lo tanto, el viejo régimen por muy represivo que fuera estaba condenado a desaparecer y comenzaron a gestarse procesos democráticos y nuevas formas de contrato social, como ya había sucedido en Inglaterra en 1688 con la llamada “revolución gloriosa” y el derrocamiento del rey Jacobo II, que puso fin a la monarquía absoluta dando origen a la actual democracia parlamentaria británica, y de acuerdo a Steve Pincus, al nacimiento del Estado Moderno; cambio político que hubiera sido insuficiente sin la llamada revolución industrial que convirtió a Inglaterra en la primera economía del mundo, cuando antes vivía de las migajas que caían de la mesa del rey de España. La revolución francesa de 1789, más cruenta que la inglesa, independientemente de su romanticismo, fuerza política y valores libertarios, sin embargo, no tuvo una genética como la inglesa, pues en su seno, en ese momento, no estaba incubada la cimiente industrial que marcaría, a la postre, el nacimiento del capitalismo.

Esta digresión, tiene como objeto señalar que siempre en las protestas sociales existe un trasfondo que va más allá de la agitación política y el aprovechamiento oportunista, es decir, bases reales de descontento. Ese trasfondo en nuestra América Latina ha sido el populismo estatizante, socialdemócrata y socializante que ha perpetuado la pobreza y ha impedido el desarrollo económico, y de cuya ejecución han participado tanto gobiernos dictatoriales militares, como los llamados gobiernos de izquierda y de derecha de naturaleza civil.

La única explicación de fondo para entender el por qué en el 2019, todavía la pobreza y el subdesarrollo son el signo de nuestros países, desde México a la Argentina, es la referida al tipo de sistema social, político y económico predominante, aunque formalmente se califique como democrático, pues suele violarse la Constitución, pervertir la división de los poderes, saquear el tesoro público, acometer fraudes electorales y privilegiar al estamento estatal militar y civil altamente corrupto que se usa como ariete para garantizar la opresión de las mayorías sumidas en la pobreza.

Si contrastamos nuestra realidad con la de Asia oriental podemos ver cómo tienen un récord alto y sostenido de crecimiento económico y satisfacción social en las últimas décadas. Esto es debido al desarrollo de nueve países que abrazaron sin complejos la economía de mercado, ellos son: China comunista, Japón, los cuatro dragones o tigres: Hong Kong, Singapur, Taiwán y República de Corea, y tres países de reciente desarrollo: Malasia, Tailandia e Indonesia.

Singapur, por ejemplo, que tiene un territorio de un poco más de 700 kilómetros, del tamaño de Ciudad de México, ha logrado en el índice de Desarrollo Humano o IDH (que elabora las Naciones Unidas para medir el progreso de un país) un nivel que indica que los singapurenses se encuentran entre los que mejor calidad de vida tienen; también, ocupa el segundo lugar en el mundo en facilidades para hacer negocios y en la Edición 2019 del Estudio sobre Libertad Económica en el planeta (que elabora la Heritage Foundation) Hong Kong, Singapur y Nueva Zelanda encabezan el ranking de las economías más libres. España se sitúa en el puesto 56. El país latinoamericano con una economía más libre es Chile (en el puesto 16), seguido de Uruguay (en el 40). No es necesario hablar de China comunista y de Japón, para demostrar su auge, pues ocupan el segundo y tercer puesto en la economía del mundo, luego de los Estados Unidos de Norteamérica.

Las recientes protestas de Ecuador fueron la reacción ante un aumento del combustible automotor, ordenado por Lenin Moreno en búsqueda de recursos para honrar las obligaciones derivadas del enorme endeudamiento en que dejó postrado a ese país el populista Rafael Correa, quien además, hizo crecer el tamaño del Estado en términos insostenibles y cuyo costo debe asumir el nuevo gobernante. El error de Moreno consistió en priorizar este aumento, sin hincarle el diente a los otros gastos elefantiásicos del gobierno y el no haber sometido a consulta de la gente un programa de ajustes cuyas víctimas iban a ser la clase media y los sectores populares.

En la Argentina de Macri, el déficit fiscal originado en los 12 años del Kirchnerismo alcanzó el nivel de Holanda que tardó 80 años en llegar a ese nivel. Macri apeló al FMI para mantener, especialmente, el tren de gasto burocrático. Alejandro A. Tagliavini dice: “el FMI financia estatismos fracasados, permitiéndoles continuar con sus políticas mal concebidas cobrándoles intereses más bajos. En junio del 2018, al confirmarse un acuerdo stand by0 con el FMI, twitee: que Dios nos ayude, US$ 50.000 M –que vamos a pagar con creces los ciudadanos, sobre todo los pobres– para financiar un gobierno adicto al estatismo y a cercenar libertades. Por cierto, en el pasado Argentina tuvo más de treinta acuerdos y así, desde entonces, el FMI financia gobiernos inviables.”

Por su parte, el economista Pablo Guido nos relata la experiencia de las provincias de Neuquen y Río Negro, que habla por sí sola: “El presupuesto ejecutado de la administración pública provincial neuquina fue en 2018 de $92.678 millones, mientras que en Río Negro de $47.925 millones. A su vez, se estima que Neuquén el año pasado tenía aproximadamente unos 647 mil habitantes, mientras que Río Negro unos 728 mil. Es decir, el Estado neuquino con un 11% menos de habitantes gastó un 93% más que su par rionegrino. Significa que el sector público de Neuquén ejecutó en 2018 un gasto por habitante anual de $143.243 mientras que Río Negro de $65.831, una diferencia de más del doble (118%) a favor de la primera.”“Si en las décadas del 80 y 90 el gasto público consolidado de Argentina representaba el 30% del PBI -nos dice el economista Roberto Cachanoski- actualmente está en el 47% del PBI. Reducir esos 17 puntos porcentuales implica bajar el gasto público consolidado en USD 85.000 millones para volver a los niveles pre Kirchners. Eso significa que las provincias tendrían que reducir el empleo público en un 70% promedio que fue lo que aumentó entre 2003 y 2017, cuando el kirchnerismo escondió el desempleo en el empleo público provincial, municipal y nacional”.

En Chile (referencia que tomamos del economista Axel Kayser) a pesar de ser la economía de mayor crecimiento económico de la región en los últimos años, se está experimentando un estancamiento producto de las medidas socialistoides del gobierno de Michelle Bachelet, incrementos de impuestos y un crecimiento del aparato estatal del 50% en tan sólo una década, y por la falta de visión del presidente Sebastián Piñera (que él mismo reconoció) para recortar los excesos de grasa de su gobierno que incluye la parafernalia presidencial y el disfrute de las mieles del poder como si de reyes medievales se tratase. Su propia esposa, Cecilia Morel dijo en el momento de las grandes protestas: “Nos corresponde disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”.

Valorar sólo los guarismos, olvidando que la sociedad está integrada por seres humanos cuya mayoría sufre de verdad, es no tener la conciencia que Adam Smith tenía para dolerse de los más desvalidos estudiando las causas que originan la riqueza de las naciones, descubriendo sus leyes y motivaciones para no predicar soluciones retóricas sino efectivas. He aquí un fragmento de lo que dice Smith sobre la burocracia estatal improductiva: “Los gastos anuales se hallan representados por las inversiones en simientes, conservación y sea el que fuere el estado actual de pericia, destreza, y juicio con que se trabaje en cualquier Nación, la abundancia o la escasez, de su mantenimiento anual no puede menos de depender, durante su constitución, de la proporción entre el número de los que anualmente se emplean en labores útiles y el de los que no están de esta suerte empleados”. Así mismo, en cuanto a la remuneración de los trabajadores dice: “El hombre siempre ha de vivir, y mantenerse con su trabajo, por consiguiente su salario ha de alcanzar, por lo menos, para su mantenimiento. Es indispensable también las más veces que ganen algo más que su sustento porque de otro modo sería imposible mantener una familia; y entonces la raza de aquellos trabajadores nunca pasaría de la primera generación.” Es bueno reproducir, adicionalmente, un comentario del sabio Smith que tiene que ver con las economías estancadas: “Por tanto, no en los países más ricos, sino en los más activos, en aquellos que caminan sin parar a mayor riqueza es en donde están más altos aquellos (los) salarios. Inglaterra pocos años hace era, y aun es en el día, un país más rico que las Provincias de la América Septentrional, pero los salarios del trabajo citaban más (más altos) en la Provincia de Nueva York. Pero aunque la América Septentrional no es tan rica como Inglaterra, es un país más activo y adelanta a pasos más rápidos a mayor riqueza cada vez, pues no hay una señal más decisiva de la prosperidad de un país que el aumento del número de sus habitantes. En la Gran Bretaña, y en cualquiera nación europea se da por supuesto que no doblan el número de sus habitantes en menos tiempo qué el de quinientos años. En las Colonias Inglesas de la América se ha visto, y se ve duplicarse aquel número en el corto espacio de veinte y cinco”.

Si el estamento político latinoamericano fuera auténtico, entre sus prioridades estaría el estudio de la ciencia económica descubierta y creada por Adam Smith, así, seguramente entenderían mejor sus responsabilidades y no estarían sometidos, los primeros, a protestas sociales que podrían evitarse con mejores gestiones auscultando día a día los problemas; los segundos, fanáticos del despotismo y las falacias redistributivas no insistirían en vender como buenos sus fracasos descomunales cuyos ejemplos proverbiales son hoy Cuba y Venezuela. Además, es bueno destacar cómo las fuerzas de izquierda, al igual que los disidentes del catolicismo, ejercen una labor proselitista (evangelizadora) sin descanso en la prosecución de su obsesión que es la toma del poder para siempre logrando fanatizar a enormes masas juveniles y populares dispuestas al combate, incluso destructivo, contra el “status quo” aunque éste de pruebas de avances y progresos evidentes. ¡En este dramático caso están Chile y Colombia!

Para finalizar voy a divulgar de nuevo, un texto de Rómulo Betancourt, quien junto a Perón y Lázaro Cárdenas, entre otros, son los padres del estatismo latinoamericano una de las causas principales del subdesarrollo. De su portentoso libro “Venezuela, política y petróleo” transcribo este texto que lo dice todo: “También es ya tesis generalmente admitida que el mejoramiento material de un país tiene estrecho nexo con la producción abundante de bienes de uso y de consumo, así como con la eficaz prestación de servicios, y que tales objetivos son de imposibles logros en las llamadas áreas subdesarrolladas si la vida económica de las colectividades se deja al exclusivo arbitrio de la iniciativa individual. En ella pusieron su iluminada fe Adam Smith y los teóricos del liberalismo. Pero esas ilusiones pertenecen a un pasado que se llevó el viento. Hoy las tesis del intervencionismo estatal en los procesos económicos, para encauzarlos y conducirlos hacia metas de mejoramiento colectivo y de superación nacional, constituyen el ABC de toda moderna política de Gobierno”.

Agregaré: ¡Por eso aún somos subdesarrollados!







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