Un Espia en el Rayado
Bulevar 29/05/2020 02:00 pm         


Roger Moore, el agente 007 detiene el transito en una tarde de Montreux.



Todo agente del orden pùblico es de por si una figura que inspira respeto, segrega hormonas de seguridad, masculinidad, orden; premisas infalibes sobre todo en países donde el estado de derecho junto a la cultura ciudadana son valores intangibles incrustados en el ADN de los ciudadanos. Pero hablar de un agente arquetípico como lo es el espìa, el agente 007, figura quimérica de hábiles proezas, la envidia del cromosoma masculino y el deseo ferviente de féminas y con un legendario padre literario como lo fuè Ian Fleming; es describir a un personaje por demás seductor, frívolo, un tìpico burguès inglès como Fleming a quien la literatura y el golf pudieron distraerlo del alcohol, el cigarrillo y de interminables infidelidades.

El famoso agente 007 fuè por demás un personaje de fina estampa, elegante, educado, culto, fiel solo a su gènero, e inaccesible incluso a la suprema entrega de la seducción femenina; a quien según el juicio psiquiátrico analiza como un ser egoísta, irremediablemente machista y maniático: que odiaba el tè con la misma intensidad que amaba a su pistola Beretta y a su automóvil Aston Martin. 

El mayo primaveral es de por si un mes legendario: Ian Fleming nace un 28 de mayo de 1908 en Londres y Roger Moore fallece un 23 de mayo de 2017, en Montana, Suiza. Roger Moore fuè el actor inglès quien màs veces encarnò el personaje de James Bond, el espìa agente 007. 

Semàforo en Montreux

Tambien un mes de mayo de 1981, un grupo de estudiantes venezolanas, mexicanas, italiana, canaria, asiática, andaluza, caminàbamos por las calles de la ciudad Suiza; cuando aunadas por la distracción de la algarabía primaveral que reinaba, decidimos cruzar la calle sin percatarnos del cambio de luz que accionaba a favor de los conductores y de repente un sonido proveniente del semàforo peatonal, advierte al transeúnte que irrespeta la señal del cruce del rayado de cebra.

Al percatarse de la infracción el grupo observa sobre el rayado un flamante Rolls-Royce y casi a coro exclaman: “por un carro asì vale la pena ser atropelladas” y para su sorpresa, identifican al conductor quien era nada menos que Roger Moore, acompañado por su entonces tercera esposa Luisa Mattioli. Impresionadas por el descubrimiento el grupo permanece estàtico impidiendo el transito. Entonces Moore, haciendo gala de su educación inglesa, sonriò seductoramente y con la mano derecha gesticulò cediendo el paso con la paciencia y la tolerancia que sòlo un verdadero caballero se permite regalar. Y asì, por una vez en la vida, un mes de mayo; James Bond quedò paralizado en un paso de cebra.








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