Racismo y demás ismos que rodilla en-tierran
Bulevar 23/06/2020 07:00 am         


La globalización empezó en 1492



Mil veces implora Georges Floyd, 46 y taxista, al policía Dereck Chauvin que le quite la rodilla del cuello. No puedo respirar, no puedo respirar… por favor... La hinca con todo su peso, que no es el de la ley, quitándole el aliento. Imperturbable, después de nueve minutos, por favor… por favor… levántala… me duele el estómago… me duele el cuerpo… me duele todo…no aguanto más, Chauvin le quita no la rodilla sino la vida a Floyd. Luego de perseguirlo por las autopistas de Minneapolis, por una infracción de tránsito, lo alcanza, y somete en la vía pública. Al hombre que mantiene tendido, la cara adherida el asfalto, pero si no he hecho nada, hombre, no le impone una multa sino que lo mata, como registra el dramático video, el 25 de mayo.

Estallan las protestas y el eco rebasa las fronteras de Estados Unidos. Costra sobre costra en la piel indiciada de la sociedad, abisma al mundo este acto violento, lamentablemente con precedentes. Por ejemplo, en 1992, cuando la llamada Revuelta de California. Rodney King también es forzado a salir del auto y una vez contra el piso es molido a palos esta vez por cuatro policías. Milagrosamente se salva de no morir pese a la andanada de garrotazos que lo rompen de pies a cabeza y transforman su ojo derecho en algo parecido a un puré de remolacha. Con ambos ojos, el desportillado y el sano, verá en primera fila el proceso a los oficiales que resultan absuelto por el jurado. Con ambos ojos llora. La reacción virulenta es inmediata. Se contabilizan en millones de dólares las pérdidas causadas por los saqueos a tiendas y comercios. Se han de apagar 19 incendios. Suman dos mil los heridos, ay, y 63 los muertos.

Ustedes nos enseñaron a saquear, ustedes nos han saqueado, ustedes nos enseñaron la violencia, ustedes han sido violentos con nosotros, dice una joven la víspera del funeral de Floyd. Floyd Lives Matter se convierte en consigna viral y masiva. Hay quien dice que las protestas están infiltradas por la izquierda y el foro de Sao Pablo. Otra muchacha harta de la violencia llamada racial y acaso de las categorías que acotan asegura que ella es también negra e igual ha tenido oportunidades de superación, y que tomó todas las que le ofreció la vida. Como Ophra Winfrey. Como Obama, que pide calma y asegura que tiene esperanzas. Donald Trump, opíparo en las redes, no envía ni un tuit de condolencias el 9 de junio, fecha del funeral de Floyd. Citan a Kennedy: Las diferencias que ahora nos separan pueden ser nuestra fortaleza. Floyd, recuerdan, es nieto de esclavos.

En 2004, en Plaza Venezuela, 40 activistas del chavismo colocaron una soga alrededor del cuello broncíneo de Cristóbal Colón que del pedestal pasaba al cadalso. La estatua del navegante, de quince metros de altura, se partió en pedazos y como botín de guerra, los toletes fueron paseados para la humillación simbólica del culpable, ejecutado por haber traído la dominación, las diferencias, la esclavitud a América (llamada así en honor a otro navegante, Américo Vespucio —yo conquisto, yo nombro ¡el mismo principio intacto de yo rebautizo yo borro, del chavismo!—).

La figura del almirante de los viajes iniciados para confirmar la redondez de la Tierra —!Tierra! !Tierra!—, el que se hecha al mar para medrar y conocer mundo —así como salimos de África ancestral, Colón salió de Puerto de Palos dice el escritor venezolano Juan Carlos Chirinos—, llegó hecha trizas hasta el Centro de Caracas —Tierra de gracia—, entre las chiflas de sus verdugos —rodilla en tierra— y alguien se preguntaría: ¿es esto el origen? ¿y quién mide el tiempo?

El filósofo venezolano Manuel Briceño Guerrero decía que en nuestro país no habíamos aun conciliado las tres culturas que nos constituyen, y que éramos, todavía siglos después, a la vez el liberto retrechero, el sometido disminuido o el soberbio mandamás. ¿Solo nos pasa a nosotros? ¡Cuánta lentitud!

La globalización empezó en 1492, cuando nos reencontramos tras los tantos milenios de nostalgia por la Pagea ancestral. Pero hace apenas pocas décadas que el término fue acuñado y convertido en debate. Unos le temen, suponen que sus culturas serán arrasadas por las más fuertes y dominantes, otros entienden que vivir es intercambio aun cuando hay lugares donde todavía no se ha desarrollado ningún tipo de escritura y queda claro que Occidente y Oriente, polos opuestos, no se atraen. En un mismo país las diferencias son muros. Y así como hay muros que caen (Berlín 1989) otros se anuncian (Trump, ahora).

En Venezuela hemos tenido muchísimas protestas, marchas, manifestaciones, verbigracia el Caracazo (27 de febrero de 1989), desmadre de saqueos y muertes sin contar, vaya, por el alza de la gasolina. Hay diez diarias y miles no de horas sino de meses, con récord de asistencia convocadas durante y contra el gobierno de ultraizquierda liderado por los mismos que reivindicarían para sí la autoría del Caracazo. También heridos, también muertos sin contabilizar en estas, de la llamada megamarcha del 2002 hay dos videos que cuentan los sucesos de manera distinta, la versión oficialista salva a los que representan la seguridad, como los tribunales absolvieron a los que dispararon a los caminantes desde Puerte Llaguno. Sobresale de la marcha del 23 de enero de 2009, además de los chorrerones de agua de las ballenas derribando a los manifestantes, la tristemente célebre frase de Chávez: échenles gas del bueno, gas pimienta, gas lacrimógeno, gas a los opositores.

Imágenes dramáticas han recorrido las pantallas de celulares del mundo, incluso de la tele. De muertos y heridos, de personas pateadas y también maltratadas en el piso pero el mundo parece menos conmovido con las expresiones de nuestra narrativa a favor de cambio. Hay países epicentro, hay países periferia. Igual debe resultar imposible de borrar a quien la vea, a quien la haya visto, la imagen de la policía venezolana que, en las protestas de varios meses de 2017, somete a una muchacha presente en las del día. Luego que la tira al piso, se le sienta encima y con su casco le revienta el rostro a punta de repetir el movimiento con fuerza: un golpe y otro y otro hasta desfigurarla. Es la punta del iceberg.¡Este país fue fundado en protesta cada expresión de libertad e ideales han sido ganado con esfuerzo!, diría Kennedy con relación a los conflictos de su país. ¿Sirven las protestas pacíficas de algo?

Se cumplen tres años de la muerte de Neomar Lander —la lucha de pocos que vale para todos—, de Juan Pablo Pernalete, del violinista de los tantos que fueron heridos fatalmente, ellos con escudos de latón y piedras. Informes políticos internacionales dicen que quizá si las protestas hubieran durado más, o los muertos en vez de 300 rebasaran los 500 o mil hubieran atraído más la atención global. ¿No valen los muertos de hambre? ¿Los que no consiguen nada en la basura que escarban? Maracaibo está muerta. Nos la mataron, sólo quiero que viva, le dice atravesada de dolor Marlene Nava a Milagros Socorro en una entrevista publicada hace pocas horas. No hay luz ni gas ni agua, lo que abunda es el hambre, añade y sus ojos arden como los de todos con la imagen que registra. Niños que hurgan en las bolsas y exhiben las bocas sucias, embarradas de los jugos podridos de lo que han engullido.

Jonatan Alzuru, filósofo venezolano dice: Tenemos que poner atención a las prácticas. No se debe, no se puede matar. Más a que si el victimario o la víctima son de la llamada derecha o izquierda. Se ve la política como los dogmas que validan las acciones a convenir. Desde la explicación parcial del manual. Que descanse en paz Floyd, su funeral el pasado 9 de junio, Neomar Lander, Juan Pablo Pernalete, que reviva Maracaibo y Venezuela.









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