La Nueva Ola
Bulevar 06/09/2020 08:00 am         


Como fuerza fundamental del movimiento francés, Truffaut nunca tuvo miedo de arriesgar su trabajo, ya sea artística o políticamente; dotó al cine de un impresionante cuerpo de trabajo



Por Francisco A. Casanova S.


François Truffaut (1932 -1984)
Creó una adaptación visual muy emocionante en donde conviven tanto la temible obediencia como la instintiva sed de libertad


François Truffaut nació en Paris en 1932. Su madre Janine de Monferrand, secretaria del periódico “L’Illustration”; se había casado con el arquitecto y dibujante Roland Truffaut, quien adoptó legalmente a François y le dio su apellido. Los padres se desentendieron de su hijo creando una relación tensa y bastante difícil. Truffaut, que abandonó pronto los estudios, fue un muchacho solitario que se evadía en los libros y el cine. Su vida, inseparable de su vocación cinematográfica, marcada por una complicada infancia y adolescencia que desembocarían en una irrefrenable pasión autodidacta por el cine y la literatura que le acompañarían hasta su muerte. El invalorable legado de Truffaut a la historia del cine, se refleja en tres elementos: su contribución, en Francia, al movimiento de la Nouvelle Vague (La Nueva Ola), su obra cinematográfica y el libro “El cine según Hitchcock”.

Para entender las causas que originaron el movimiento de la Nouvelle Vague debemos situarnos en el contexto histórico de la Francia de los 40’s y 50’s y su efervescencia política, artística e intelectual. En 1946 se constituye la IV República de Francia (1946-1958), caracterizada en el aspecto económico por un notable crecimiento. El conflicto argelino propició el advenimiento de la V República y el ascenso del general Charles De Gaulle. La guerra de Argelia será uno de los temas que la Nouvelle Vague aborde en sus películas de forma crítica reflejando la conciencia social, sobre todo en la película de Jean Luc Godard El Soldadito (Le Petit Soldat, 1960). La filosofía vivió uno de sus momentos más prolíficos del siglo XX, con el existencialismo a la cabeza, muy vinculado con las ideologías de izquierda con clásicos como La Náusea, de Sartre y luego la primera novela de Albert Camus, El Extranjero, publicada en 1942. En 1954 Herbert Marcuse publica El Hombre Unidimensional, y el estructuralismo se proyecta gracias a las aportaciones de Lévi-Strauss y Barthes. Entre los movimientos, se encuentra el situacionismo, elemento básico en las revueltas del 68 por lo atractivo que resultó para una joven generación que demandaba poder tomar sus propias decisiones. En el campo literario el referente cultural de la época en Francia es el movimiento literario del nouveau roman (nueva novela) dentro del cual se destaca Alain Robbe-Grillet y a Margueritte Duras por su vinculación con el cine del momento, por las apreciables aportaciones que llevaron a cabo en los Nuevos Cines.

Otro acontecimiento importante para la Nouvelle Vague, es la publicación de los clásicos de la novela negra americana, de Raymond Chandler y Dashiell Hammett a través de la editorial Gallimard, admirados por Jean-Luc Godard y François Truffaut. En la música, la chanson française de Georges Brassens y Serge Gainsbourg y el jazz americano con importante repercusión en la mirada cinematográfica de la Nueva Ola. El film Ascenseur por l’échafaud (Ascensor para el cadalso 1957) incluye a Miles Davis y su quinteto en su banda sonora musical, improvisando en directo sobre la proyección del film.

Para el cine, un hecho definitorio es la creación en 1943 del IDHEC (Instituto de Estudios Cinematográficos) junto con la Cinématheque, creada en 1936 por Henri Langlois. En 1946 se celebrará la primera edición del Festival de Cannes, y el apoyo del estado francés más significativo tiene lugar a partir del año 1959 cuando el cine pasa de estar a cargo del Ministerio de Industria y Comercio a depender del joven departamento de Cultura, con el ministro André Malraux al mando, que impulsará la Ley Pinay-Malraux con la que se pretende dar un mayor impulso y una proyección más amplia al cine nacional. Malraux había realizado entre 1938-1939 la película L’Espoir, Sierra de Teruel, en la que nos muestra una visión muy cercana de la Guerra Civil española posicionándose en el bando republicano. A finales de los 40, Alexandre Astruc, en su artículo “Naissance d’une nouvelle avant garde, “Nacimiento de una nueva vanguardia”, uno de los textos fundacionales de la Nouvelle Vague por adelantar la noción del cine, no como un espectáculo sometido a los gustos y deseos del público, sino como escritura, como medio de expresión, equiparable a la pintura o la novela, capaz de formular cualquier pensamiento o realidad, pues según dicho texto, “el cine, al igual que la literatura, antes de ser un arte, es un lenguaje que puede expresar cualquier sector del pensamiento” derivándose de ello la figura del “autor”.

Con todo este caldo de cultivo, los años 50 y 60, son un período de profundos cambios, en el que el cine francés contemporáneo llega a una innovación absoluta a traves de la Nouvelle Vague, como movimiento complejo, multifacético y circunscrito a un conjunto de autores, películas e ideas revolucionarias, de críticos cinematográficos formados en la escuela de los “Cahiers Du Cinéma” (Cuadernos de Cine), como François Truffaut. Claude Chabrol, Jean-Luc Godard, Eric Rohmer y Jacques Rivette, convirtiéndose en punto de referencia primordial dentro de la historiografía del cine francés, que introdujo la modernidad cinematográfica, frente al cine francés de la época que poco a poco se iba anquilosando y anclando en el academicismo. André Bazin es la pluma principal en torno a la cual gira todo el desarrollo teórico de la Nouvelle Vague, dirigiendo desde 1951 Cahiers du Cinéma, la revista de la que será director hasta su muerte prematura en 1958, que coincidirá con el comienzo del rodaje de Los cuatrocientos golpes (Les Quatre cents coups, 1959), film de Truffaut y pionero del movimiento. Otro de los espacios en los que crece el movimiento son los cineclubs, que a partir de 1946 y la creación de la FFCC, Fédération Française des Cine-Clubs, con Georges Sadoul y Jean Painlevé al frente, cobrarán especial protagonismo. (Anaid Diz Murias).

Un elemento esencial era abaratar los costos de producción de las películas, lo cual se logró cuando los jóvenes directores salieron de los estudios para filmar en las calles con cámaras más ligeras y recoger el sonido en directo con los nuevos magnetofones que evitaban la postsincroinizacion en el estudio y por supuesto el apoyo financiero del estado francés capitaneado por Malraux.

François Truffaut, en 1954, a los 22 años, publica en la edición 31 de Cahiers su famoso y antológico ensayo: "Une certaine tendance du cinéma français" ("Una cierta tendencia en el cine francés") en donde se rebela vehemente y apasionadamente contra un cine caracterizado por un “realismo psicológico” anticuado y sin intención de renovarse. Ttoma una posición tajante y combativa en contra del cinéma de qualité,(cine de calidad) por lo que suscitó ciertas reticencias en la redacción de la revista por el ataque directo a determinados directores y guionistas, dando nombres y apellidos, que por aquel entonces eran muy valorados por la crítica y apreciados por el público a los que califica como “literatos” cuyas adaptaciones de los clásicos trataban de buscar equivalentes entre el lenguaje literario y el cinematográfico, siendo siempre infieles a la obra original. Según el, el cine francés era un “cine de papá, con pobreza de ideas, acentuado academicismo, la subestimación del cine como medio y la pedantería de estos directores que parecían no sentir ninguna afinidad con sus personajes siempre previsibles y sobreactuado”. Truffaut decía, “aquel que rodaba en estudio y con actuaciones demasiado teatrales y convencionales, adaptaciones literarias que no eran fieles a la hora de llevar a cabo una traducción al lenguaje cinematográfico y que dejaban de lado la creatividad”.

Truffaut y sus compañeros de Cahiers, son cinéfilos, conocen la historia del cine como la palma de su mano y la amplia cultura cinematográfica que los acompaña, los lleva a estar en posesión de unas marcadas preferencias en lo que a determinados autores o tipos de cine se refiere en violento detrimento de otros; la mayoría de estos redactores pasarán a ser directores de cine intentando poner en práctica sus teorías. Se trata, en definitiva, de un colectivo formado por personalidades individuales de fuerte talante, con características que los unen como generación, y que al mismo tiempo los separan como temperamentos únicos en donde Truffaut se destaca como uno de los realizadores fundamentales del cine francés y mundial. El movimiento también reivindica a maestros de Hollywood como: Alfred Hitchcock, John Ford, Fritz Lang, Howard Hawks entre otros.

Gracias al crítico de cine André Bazin, su referencia vital, François Truffaut escribe sus primeros artículos desde 1950 y publica críticas en los Cahiers du cinéma de1953, hasta 1959, y en 1956, fue ayudante de dirección de Roberto Rossellini. En 1958 dirige “Los 400 golpes”, dedicada a la memoria de su mentor Bazin, así como a su memoria de la infancia. En esta película encontramos la primera historia de Antoine Doinel, una especie de alter ego del propio director, interpretado por el actor Jean-Pierre Léaud. Con esta obra, gana en 1959 en Cannes como mejor director y es nominado al Oscar como mejor guion original. El éxito inesperado de Los 400 golpes lleva a Truffaut a entrar en el universo de los grandes maestros que tanto había admirado y le empuja a adquirir las técnicas y los conocimientos de los que habla por primera vez como crítico: de Rossellini aprende el sabor de la claridad y la lógica, de Lubitsch hereda el arte de la comunicación indirecta, de Renoir absorbe el papel del actor como más importante que el del personaje, finalmente, de Hitchcock se da cuenta de que el cine debe ser considerado como una experiencia con "tres jugadores", involucrando al autor, la obra y el espectador.

La concepción cinematográfica de Truffaut parte de que el cine tiene un desafío: es esencialmente arte visual, donde el verdadero enfoque no está en lo que se dice o se muestra, sino en lo que se ve. La película debe tener siempre un valor añadido, un detalle que la ponga en conexión directa con la magia del cine clásico. La película se convierte en el espejo, el más fiel reflejo, en positivo o negativo, del director que la ha concebido. Con una precisión y exactitud insuperables, Truffaut se adhiere a esta concepción encarnando el ejemplo perfecto de autor-alumno, un cineasta que reflexiona sobre el cine mientras lo hace. Es interesante ver cómo cada una de sus películas es también una metáfora del cine en sí mismo y así llegamos a hablar del cine que representa y se pregunta sobre sus propias leyes y sus propios mecanismos.

Podemos encontrar un verdadero distanciamiento de la idea anterior del cine en el hecho de que, si el cine clásico había intentado ocultar al máximo el artificio, poniendo en primer plano la historia contada, que se presenta como perfectamente natural a los ojos del público, las películas de la Nouvelle Vague rompen el encanto cinematográfico y sustituyen la fascinación por el diálogo directo con el espectador. El artista es el que reflexiona sobre su propio arte, el elemento esencial es el autoanálisis, el análisis que toda forma de arte hace sobre sí mismo, percibido como el verdadero creador de sentido tanto en la literatura como en el teatro.

El camino seguido por los cineastas de la Nouvelle Vogue permite que el cine se convierta en el tema principal de la narración: la presencia del medio dentro del medio, las herramientas, el equipo y los operadores en la escena, el análisis del lenguaje y las técnicas narrativas.

Entre las películas más destacadas de Truffaut, podemos mencionar: Les Quarte Centre Coups (Los 400 Golpes 1959), hermosa y desgarradora historia de un joven problemático, Antoine (Jean-Pierre Leaud), que lucha por encontrar su lugar en el mundo y es atraído por la delincuencia en las calles de París. Truffaut construye brillantemente la empatía en la audiencia con Antoine exponiendo tanto sus crímenes como las razones por las que los comete y da a la audiencia la oportunidad de mirar en la mente de un niño perdido, para mejorar nuestra sociedad protegiendo a nuestra juventud. “Jules et Jim” (1962) es una oscura mirada a las complejidades del amor romántico y platónico. La amistad de dos hombres se pone a prueba cuando ambos se enamoran de la bella y atractiva Catherine (Jeanne Moreau). Una vez que son enviados a luchar en la guerra, ambos luchando en bandos opuestos, su amistad se cura inconscientemente por su gran preocupación por el bienestar del otro. Sin embargo, su rivalidad se reabastece una vez más después de que la guerra cesa. Su amor fraternal, no importa cuán fuerte sea, no puede soportar el tormento de sus doloridos corazones. En Tirez Sur le Pianiste (Disparen Sobre El Pianista 1960) retrata la perpetua lucha humana contra el destino, por medio de un brillante, pero desgastado pianista clásico (Charles Aznavour) a través de sus sombrías noches como músico de bar. En Fahrenheit 451 (1960) sobre la clásica novela de Ray Bradbury en una sociedad distópica en la que todos los libros y palabras impresas están prohibidos cobra vida en esta adaptación de 1966.

Truffaut creó una adaptación visual tan emocionante y llena de suspense en donde conviven la temible obediencia como la instintiva sed de libertad. La Nuit Américaine (La Noche Americana 1973), una de las películas más famosas sobre cómo se hace una película, mira detrás de la cámara a varios conflictos personales de las estrellas en la pantalla. La película muestra al espectador la vida y el trabajo de los actores, los miembros de la compañía y el director. Durante el proceso de rodaje, los problemas se alternan con las relaciones personales entre los distintos componentes de la compañía, introduciendo la historia de la película en la propia película. La Nuit Américaine es el cine que se pregunta por los problemas del cine en sí, que muestra cómo una película es compleja en su realización y cómo se construye por uniones y cruces, citas y alusiones. Gano el Óscar a la mejor película de habla no inglesa. “The Last Metro” (El Ultimo Metro) se hizo hacia el final de la impresionante carrera de Truffaut, y fue una de sus películas más exitosas comercialmente. La película se centra en París durante la ocupación nazi. La historia se centra en Marion Steiner (Catherine Deneuve), una actriz de teatro casada con el dueño del teatro, un hombre judío que ha escapado de la ciudad y de la Gestapo. Bernard Granger (Gerard Depardieu) se une a la compañía de teatro y actúa junto a Marion en su última producción. “The Last Metro” fue ampliamente elogiada como una mirada tensa y conmovedora a las vidas de las personas en el París ocupado. Nominada al Oscar a la mejor película en lengua extranjera.

En “L’Histoire d’Adèle H”. (La historia de Adele H) (1975) Truffaut hace un relato biográfico de Adele Hugo, hija de Víctor Hugo. Es una de las mejores películas de época de Truffaut. Isabelle Adjani interpreta magistralmente a la perturbada Adele en una brillante y discreta interpretación, sin pasar por encima o por debajo de la emoción necesaria para transmitir las graves perturbaciones mentales de esta joven. Truffaut cuenta esta historia con sensibilidad sin abusar de la angustia emocional de Adele, a la que se le diagnosticó esquizofrenia cuando era una niña. Ella es retratada con gusto y simpatía como una persona asustada y vulnerable. En “La Mariée Etait en Noir” (La novia se vistió de negro, 1968) la película más impactante de Truffaut, es un intenso thriller de venganza basado en la novela de Cornell Woolrich. Jeanne Moreau interpreta a una viuda desconsolada cuyo marido fue asesinado poco después de su ceremonia de boda, literalmente minutos después en los escalones de la iglesia. Comienza como una mujer torturada y dolida que llora la pérdida de su marido, pero se convierte en una asesina vengativa y a sangre fría que mata sin piedad a los hombres que cree que le quitaron la vida a su marido. Las películas de Truffaut demuestran su versatilidad como director y su dominio sobre más de un género. Es notable que la misma mente que nos dio la apasionante obra maestra dramática Los 400 golpes, pueda crear una película de acción de tan alto impacto como La novia se vistió de negro.

Otro de los grandes legados de Truffaut, es gracias al mítico encuentro entre él y Alfred Hitchcock en agosto de 1962, que acabaría dando vida al libro “El cine según Hitchcock” (1966), obra indispensable para todo amante del séptimo arte. Un encuentro de ocho días en una sala de los estudios Universal de Los Ángeles. Allí, los dos directores, reunidos con la única presencia de la intérprete Helen Scott, el fotógrafo Halsman y unos puros sobre la mesa, dialogarían sobre la magia del cine durante 50 horas. A través de las 500 preguntas lanzadas por el francés, el británico iba desgranando con todo lujo de detalles cómo había creado cada una de sus películas. Por aquel entonces, Truffaut contaba solo con treinta años y tres filmes a sus espaldas. Su carrera había despegado con fuerza, mientras que el británico había soplado ya 63 velas, tenía una trayectoria consolidada con gran éxito comercial y trabajaba en el corazón del sistema hollywoodiense. Para la crítica, sin embargo, Hitchcock no era ese director al que había que admirar, más bien fue menospreciado sistemáticamente durante mucho tiempo con el cliché de que sus películas no tenían sustancia. Truffaut quiso hacerle justicia. Idolatraba al maestro del suspense desde que lo entrevistó junto a Claude Chabrol durante el rodaje de Atrapa a un ladrón (1955) en la Costa Azul. Su inteligencia le asombró y desde entonces no había cejado en el empeño de rescatar su nombre y devolverle el esplendor que merecía, situándolo a la altura de otros grandes como Roberto Rossellini o Ingmar Bergman.

“En los años cincuenta y sesenta, Hitchcock se encontraba en la cima de su creatividad y de su éxito... Ese éxito y esa popularidad, la crítica americana y europea iba a hacérselo pagar examinando su trabajo con condescendencia, denigrando un filme tras otro”, escribió Truffaut en el prólogo del libro. En Estados Unidos no lo consideraban un verdadero artista. Los críticos comentaban lo superficial de sus películas, el hecho de que Hitchcock solo supiera asustar al público y no fueron capaces de ver la potencia de su obra, el erotismo y la sugestión onírica que desprendían sus imágenes, cuidadosamente estudiadas, además de su habilidad para manejar el tiempo y el montaje como nadie antes había logrado. Peter Bogdanovich asegura que la publicación del libro “alteró la valoración que se tenía de Hitchcock, que empezó a ser tomado mucho más en serio y no solo como un entretenimiento ligero”. Y Olivier Assayas comenta que “el encuentro entre ambos directores se produjo en un momento en que el cine tomó conciencia de sí mismo, cuando Truffaut afirma: ‘El cine es un arte y nosotros somos artistas’”.

El cine según Hitchcock no es solo un libro de cine. Ni siquiera se trata de la paciente transcripción de una larguísima y febril conversación de más de ocho días entre dos directores apasionados. "No hay cineasta vivo que no lo haya leído o, mejor, que no recuerde de forma precisa el momento exacto en el que lo descubrió. Algo cambió en todo profesional del cine el día que se cruzó con él", comenta Kent Jones, director del documental Hitchcock/Truffaut. Isabel Coixet, por ejemplo, lo leyó a los 17 años. "Me hizo creer que existía una hermandad de cineastas que se respetaban y aprendían unos de otros... Me dio alas", dice.: "Lo mejor de todo es que el entusiasmo de Truffaut y Hitchcock es contagioso. Es el acercamiento, entre la admiración y la humildad, de un profesional del cine a su maestro. Se puede leer como un libro tremendamente práctico y ameno, pero comparte la mirada del fan. Se interesa igual por la forma de resolver una escena como por un detalle intrascendente. Pero, sobre todo, es cine que se mira en el cine desde la emoción", reflexiona.

Treinta y seis años después de su muerte, François Truffaut sigue siendo uno de los innovadores más respetados y celebrados del cine mundial. Una fuerza fundamental del movimiento francés de la Nueva Ola, Truffaut nunca tuvo miedo de arriesgar su trabajo, ya sea artística o políticamente. En el espíritu de sus desafiantes colegas de la Nueva Ola, Truffaut dotó al cine de un impresionante cuerpo de trabajo que aún es tan venerado como cuando el público lo experimentó por primera vez.







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