Eliminatorias, un Tsunami de Pasiones
Bulevar 22/11/2020 12:07 pm         


La intensidad, implicación y sentido colectivo de Ecuador son una muestra gratis de lo que es el fútbol actual.



La Vinotinto, por su parte, con lo plasmado recientemente en el Olímpico de la UCV, invita a volver a ilusionarse con Qatar 2022


Por Hernán Quiroz Plaza


¡Qué fenomenal es la Eliminatoria…! Un tsunami de pasiones. Alegra, entristece, encoleriza, ilusiona, decepciona. Lo notable es que no hay indiferentes frente a esta competición que es, por mucho, la más visceral de todas. Atañe como ninguna a la nacionalidad y a los nacionalismos; los despierta. Cada fecha deja muchísimo material de opinión. Las primeras cuatro fechas de la Eliminatoria rumbo a Qatar 2022 finalizaron con Brasil liderando la tabla con puntaje perfecto (12 de 12) y la Selección Argentina como escolta con dos unidades menos. Pero eso no fue lo más destacado y sorpresivo... El equipo que asombró a todos por su nivel y efectividad fue Ecuador con nueve puntos en la tercera ubicación.

“¡Más rápido, más alto, más fuerte!”. El lema olímpico aplica perfecto a la masacre de Quito. Porque así será recordada en el futuro. En cada corrida, en cada salto, en cada trabada emergía triunfante un ecuatoriano. Eran aviones. Incluso tras el sexto gol, en una jugada de mediocampo, la cámara de la televisión pasó cerca de Gustavo Alfaro y se lo vio exigiendo a sus jugadores con gesto de reclamo: “¡Vaaaaamos, vaaaaamos…!”. Quería mayor implicación. ¿Más que eso…? Fue 6 a 1 y Colombia debe agradecer la liviandad del resultado. “¡Gracias, Señor, pudieron ser diez y quedábamos retratados para siempre…!”. Ecuador, que no tenía técnico y contrató uno media hora antes de la Eliminatoria, le ganó en todos los aspectos que intervienen en un partido de fútbol: física, técnica, táctica y anímicamente. Lo barrió en la red y en todos los sectores del rectángulo. Lo goleó también en actitud, en ganas, en compromiso, en entusiasmo, en ilusión. Los zagueros, los laterales, todos subían casi desesperados a meter un gol. De hecho, Arboleda, Arreaga y Estupiñán, tres de los cuatro defensas, marcaron goles.

Ninguna otra actividad humana puede despertar el orgullo nacional y el sentido de pertenencia como el fútbol cuando se compone un partido así. El pecho se infla, palpita, duele casi de la emoción. La selección le ha regalado a ese país una alegría indescriptible, que estimula todos los campos de la sociedad. Es muy difícil mentalizar a un grupo de futbolistas para que realice una maravilla de este calibre, con categoría e instinto casi asesino. Allí asoma la figura del entrenador. Nunca conocimos un equipo valiente con un técnico pusilánime. Lo primero es reflejo de lo segundo. Pero además está su perspicacia, su inteligencia, su rapidez para captar situaciones, para advertir las debilidades del rival y potenciar las fortalezas propias.

Tal vez este equipo dé otras exhibiciones similares, o tal vez pasen cincuenta años para volver a ver algo igual, nadie sabe. Pero el 6-1 a Colombia es una cumbre futbolística, un hito de esos que se convierten en efemérides y se recuerdan cada diez, veinte, treinta años. La de Ecuador ha sido una actuación histórica, inolvidable, descollante desde el minuto uno al 97. Supera a cualquier antecedente. A los 38 minutos Ecuador ganaba 4 a 0 y mostraba una voracidad que presagiaba más amplitud. Allí se produjo un suceso jamás visto en la historia del fútbol: que un entrenador cambiara cuatro jugadores juntos a los 40 minutos del primer tiempo. ¡Cuatro, sí cuatro…! Va directo al Libro Guiness de los Récords. Esto es reflejo del arrasamiento que estaba recibiendo. Y no eran cambios para potenciar su ofensiva, sino para detener el vendaval ecuatoriano.

Aquí entra en escena el tópico más relevante: los actores del juego, el material con que cuenta uno y otro. Advertimos en Colombia un autoengaño: “Por suerte hay un gran plantel”. No lo es, o al menos no se demuestra. Existe una sobrevaloración de muchos nombres solo porque militan en clubes europeos. Jugar en una gran liga es un antecedente importante, pero eso tampoco decide todo de antemano. Se da por hecho que porque un futbolista juega en el Everton inglés es superior a un ecuatoriano que actúa en Barcelona, Liga o Independiente del Valle, o a un venezolano que juega en el Caracas F.C, el Deportivo La Guaira o el Deportivo Táchira. No es así. Hay que demostrarlo. Y quedó reflejado en este impiadoso 6 a 1: si existen diferencias de calidad, es a favor de los “chamos” ecuatorianos o venezolanos. Sucede que el medio en referencia no goza de prestigio en el mercado y no posee los representantes que sí saben colocar a los futbolistas colombianos en Italia, España o Inglaterra. Tampoco tienen mucha prensa, por eso se los cree menos, pero no cabe ninguna duda: demostraron ser más.

La intensidad, implicación y sentido colectivo de Ecuador son una muestra gratis de lo que es el fútbol actual. Se juega a cien kilómetros por hora, dejando el alma y con alta condición técnica. No obstante, hay quienes persisten que el juego era mejor hace cincuenta o sesenta años. Incluso que Ecuador jugaba mejor en los años 60 que ahora. Dentro de ese colectivismo de los once, no puede faltar una mención de honor para Ángel Mena, la estrella del 6 a 1. Participó con brillantez en cuatro de los seis goles. Su control de la “número cinco” en el segundo gol es para pasárselo a los “chamos” en los liceos, y su taco que dio para Plata en el quinto gol, una delicia, un deleite que nos regala este maravilloso deporte. Fue el conductor cerebral, el receptor confiable de todos los pases, el titiritero del equipo. Y ya venía de lucirse ante Uruguay y Bolivia. Se dijo de él que no era jugador de selección. Que le pregunten a Alfaro si no es.

A colación de Alfaro: ojalá lo dejen trabajar en paz, porque el anterior técnico Gustavo Quinteros también tuvo un comienzo fulgurante y luego lo dinamitaron. Decían que su selección era demasiado azul porque había llamado a cinco jugadores de su anterior club, Emelec, que era sensación en ese momento. Tanto lo desestabilizaron que lo consiguieron: Ecuador no fue al Mundial cuando tenía asfaltado el camino hacia Rusia.

Y cuando muy pocos lo presagiaban, en Caracas acontecía algo que el futbol siempre tiene reservado a los que creen que “SÍ SE PUEDE”. “Cómo no quieres que tenga tantas ganas” de volver a gritar los goles de Mago y del “Rey” Salomón, con la firma de ambos ganó Venezuela, este triunfo venezolano invita a seguir soñando, acabó con la sequía de gol que le mataba de sed, la Vinotinto por fin ganó 2-1 a Chile que se había convertido en su bestia negra, motivo suficiente para celebrar en la tierra natal del “Libertador” Bolívar por esta primera victoria. El nuevo seleccionador el portugués José Peseiro, toma aire después de derrotas consecutivas ante Colombia (3-0), Paraguay (0-1) y Brasil (1-0) en las tres primeras presentaciones del equipo bajo su dirección. El país de la “Estrella Solitaria” había derrotado en once ocasiones en las eliminatorias sudamericanas a Venezuela, y es la primera vez en ocho enfrentamientos en casa que la Vinotinto puede celebrar ante la Roja, pues antes sufrió seis derrotas y un empate.

Este resultado da un respiro a todo un país ávido de triunfos y de buenas noticias, suman los primeros 3 puntos de la Eliminatoria. Pero más allá de estos tres puntos de ORO, lo plasmado en el terreno de juego del Centro Cultural, el Olímpico de la Universidad Central de Venezuela en Caracas, invita a que los más de treinta millones de venezolanos vuelvan a ilusionarse con llegar a Qatar 2022, es tiempo de estar unidos y seguir apoyando.







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