“Pónganme donde Haiga”
Bulevar 28/03/2021 08:00 am         


La llamada “nueva economía” venezolana estimula diversos oficios entre otros la antigua costumbre de los “enchufados”.



Por Gustavo Oliveros


Cuando el profesor Giuseppe Emanuel Giannetto Pace, en las redes sociales, hace mención de la cantidad de dólares que circulan de mano en mano en Caracas (y a lo mejor en todo el país) coloca el clavo de manera perfecta para darle con el martillo. Dice Giannetto que el movimiento bursátil va por escalada y en descenso. Para hacerlo más sencillo:los enchufados sueltan un verguero de dólares en rumbas, bodegones de primera clase, hiper mercados, automóviles, compras y reformas de residencias en los lugares más privilegiados de la ciudad.Algunos hasta se han electrocutado, al intentar conectarse en paraísos fiscales, fuera del territorio.

A estos les siguen sus empleados más cercanos: guardaespaldas, chofer, servicio doméstico, jardinero y otros ejemplares de fauna que son contratados a destajos para diversas tareas: albañiles, plomeros, electricistas, recaderos y gestores. La pirámide invertida continúa con aquellos que, prestan servicio a los privilegiados. Allí se ubican, sobre todo, los empleados públicos sin galones (no precisamente de pintura), como los educadores, quienes se encargan de formar a sus hijos en escuelas, liceos y universidades; los trabajadores de la salud, que se sacrifican para darle atención primaria en los hospitales, a pesar de la carencia de medicinas; los entrenadores deportivos y todos aquellos seres sin profesión alguna que a diario salen a las calles a matar tigre para el sustento familiar, como los buhoneros, los parquímetros humanos,los transportistas, los limpiadores de parabrisas encolas y semáforos en rojo, los buscadores de sobras en las bolsas de basura, y paremos de contar, porque sí salimos de la ciudad, la cosa se nos pone más peluda pensando en los pequeños agricultores, campesinos y demás pueblerinos de sectores olvidados, aquellos de “Casas muertas” de Otero Silva. En fin, esaclase trabajadora recibe un fluido eléctrico menguado de ese gigantesco toma corriente. Esa nube de electrones, iones y átomos que solamente salpica a los más avezados.

Por fortuna, en el caso de estos últimos, nadie se electrocuta porque la corriente alterna tiene estupendos transformadores. Unos termos enormes, que permiten mantener la tensión de forma eficiente con un fluido constante donde más se necesita. Linaje del cual carece la corriente continua queeleva la tensión al conectar dínamos en serie, lo que no es muy práctico en un caso de “lavado” a gran escala. El símil con respecto al fluido eléctrico no deja de ser interesante, pues mientras un sector de la población vive en constante zozobra, otra lo disfruta plenamente gracias a los “bienes” guardados debajo del colchón.

Con los transformadores, en nuestro caso los enchufados, la misma energía o divisa, puede ser distribuida a largas distancias con bajas intensidades de corriente, es decir, de un “pónganme donde haiga” y, por tanto, con bajas pérdidas por causa del llamado“efecto Joule”: un fenómeno por el que los electrones en movimiento de una corriente eléctrica, impactan contra el material a través del cual están siendo conducidos.Hasta ahí la cosa va bien, pero este impacto constante, hace que la energía cinética que tienen los electrones se convierta entonces en energía térmica, calentando el material por el que circulan. Y este “calentamiento” llevado a la escena social puede terminar en un caos que nos conduzca al mismísimo infierno.
Para culminar con este chispazo eléctrico, solo nos resta decir que al respecto delhomérico análisis del doctor Gianneto y su clavo en correcta posición, no está demás ayudarle con el tablón y el martillo. Al fin y al cabo, no estamos crucificando a Cristo ni muchomenos infligiendo heridas a los últimos receptores de su eslabón dolarizado. Una argolla o anillo de podredumbre, por no decir, un círculo vicioso que igual termina en la primera argolla, pues en cuestión de lavado, en Venezuela hemos aprendido más que el Departamento del Tesoro en busca de paraísos fiscales.

Ciertamente, el lujo no se hace esperar, se observa a leguas, se respira en cada bocanada de aire, se siente en las espaldas de los pobres y se escucha en cada conversación entre acomodados y desacomodados. Los carros blindados, las camionetas de lujo, las motocicletas de alta cilindrada para los escoltas y los establecimientos gourmet junto al crecimiento “exponencial” de las estaciones de gasolina dolarizadas, muestran una ciudad próspera, avanti, avasallante, donde, al parecer, la crisis no existe.

Esta visión de la Caracas dolarizada, vista por la Relatora Especial de Derechos Humanos de la ONU, Alena Douhan,me llevó a recordar la entrevista que leí del doctor José Igor Israel González Aguirre,investigador del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la universidad de Guadalajara quien, en una charla sobre “malandrismo” exponencial en Méjico, decía que “el desplazamiento de lo ético por lo estético, ha llevado a que sectores de la sociedad no sólo normalicen, sino hasta avalen la violencia con la que opera el crimen organizado en su búsqueda de ganancias, llegando a no importar cómo o por qué medios se obtienen ésas, sino únicamente que se posean en abundancia”. Y agregaba: “pensemos en el dicho de a mí no me den, pónganme donde haya’. Eso nos hace clic, porque tenemos un discurso, una racionalidad que nos permite justificar, racionalizar e invisibilizar fenómenos como ese”.

El problema nuestro y parece hereditario o más bien genético, que al fin y al cabo es lo mismo, aunque se escriba distinto, es que seguimos con el tiquismiquis del "no importa que roben, pero que salpique" y así la red de corriente alterna luce como un destino implacable, un laberinto sin salida del cual nos queda solo la esperanza de que algún día saldremos del él por aquello del “todo tiene su final, nada dura para siempre…”







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