"El Coloso de Buenaventura"
Deporte 24/04/2022 08:00 am         


Freddy Rincón fue y será siempre un ídolo del fútbol colombiano



Por Hernán Quiroz Plaza


“Informamos que, pese a todos los esfuerzos de nuestros equipos de trabajo, Freddy Eusebio Rincón Valencia ha fallecido”, indicó el miércoles 13 de abril el centro médico Imbanaco de Cali mediante un comunicado de prensa. Rincón volvería a los encabezados, sin embargo, lo hizo en las condiciones que ningún fanático del fútbol y seguidor de su legado lo hubiera esperado. La noticia generó un profundo pesar en Colombia y el mundo del fútbol, reflejándose en los mensajes que enviaron distintas personalidades e instituciones. En ese sentido, Francisco Maturana se refirió a la partida del “Coloso”.

Durante una reciente entrevista, el exentrenador del combinado cafetero, recordó a su dirigido y tuvo emotivas palabras. “Cuando vengan los extraterrestres, encontrarán la historia del fútbol colombiano y seguramente ahí estará el nombre de Freddy Rincón”, manifestó el experimentado estratega. “Mucha gente seguramente va a conocerlo celebrando ese gol (ante Alemania en el Mundial Italia 1990), que es el más importante de nuestras memorias. No obstante, para llegar ahí, tuvo que trabajar mucho. En este deporte, tuvo que ir creciendo y encontró un escenario que lo hizo crecer más”, explicó Maturana. De la misma forma, el “Pacho” confesó que Freddy Rincón y los jugadores que dirigió en la selección colombiana son como su familia. “Algo me llamó la atención en estos días, en medio de mi dolor. Mis hijos me expresaron sus condolencias, porque entienden que estos muchachos, para mí, son como mis hijos”, agregó. “He aprendido a respetar las diferencias, ¿Cómo se hace eso? Conociéndolos, ellos también me conocieron a mí. Había un vis a vis, lo mejor de mí para cada uno de ellos y viceversa. Todos los días me siento muy orgulloso de los muchachos con los que trabajé”, puntualizó un entristecido Francisco Maturana.

Otra personalidad que se vio conmovido por la trágica noticia fue el actor Antonio Jiménez. Recordado por interpretar al “Coloso de Buenaventura” en la serie “La Selección”, Jiménez decidió rendirle un merecido homenaje a la leyenda del fútbol a través de un sentido mensaje publicado en su cuenta de Instagram. “Hoy con el amor de un artista a su obra, y el dolor de quien pierde para siempre aquello que un día fue su primera y más amada creación te digo ¡Hasta siempre Freddy Rincón! Gracias por tu legado, gracias por lo grande que fuiste, gracias por tu fútbol, gracias por poner el nombre de nuestro país a sonar tan alto”, se lee en la publicación del actor. La exitosa serie “La Selección” narró la historia de algunas de las principales figuras del balompié colombiano a finales de la década del 80 e inicios de los 90, como Carlos Valderrama, Faustino Asprilla, René Higuita, Iván René Valenciano y por supuesto, Freddy Rincón. El actor mostró una vez más su admiración por Freddy Rincón, a quien define como como un gran futbolista y ser humano. También resalta el apoyo que le brindó cuando lo representó en la exitosa serie biográfica emitida por el canal neogranadino Caracol. “Gracias por dejar esa historia tan maravillosa y apasionante que yo tuve el honor de contar. (…) Gracias por tu amabilidad y tus palabras al ver mi trabajo basado en ti, gracias por permitirme tener el honor y más profundo orgullo de mostrarle a mundo a través de mí, de que estabas hecho, de lo que llevabas dentro y entregaste a todo un país”.

“Freddy Rincón fue y será siempre un ídolo del fútbol colombiano. Gracias Freddy por toda esa magia y esa fuerza en la cancha que nos inspiró y llenó de momentos inolvidables. Mis condolencias a sus familiares y amigos”, publicó el presidente colombiano Iván Duque. Iván René Valenciano y Oscar Córdoba también lloraron, segundos después de que el médico de la clínica Imbanaco, confirmara el fallecimiento, sus excompañeros de la Selección no pudieron contener las lágrimas ante la confirmación de la noticia. El momento fue captado en vivo por el canal deportivo ESPN, en el que Córdoba y Valenciano trabajan como comentaristas. El exdelantero no pudo hablar, mientras que el exarquero afirmó: “Yo tenía una leve esperanza de que se recuperara, Colombia pierde un héroe y gana una leyenda”.

“Un día nos volvimos familia y nos aprendimos a amar, a respetar y nos hicimos inolvidables. Te amo morocho”, así despidió Carlos “El Pibe” Valderrama a su excompañero de la Selección. La amistad de estos dos históricos quedó inmortalizada el 19 de junio de 1990. La Selección caía 1-0 frente a Alemania. En el estadio Giuseppe Meazza de la bella ciudad de Milán corría el minuto 47 del segundo tiempo. El partido parecía acabado. “Viene Colombia, Dios mío, Dios mío”, se le escuchó al narrador William Vinasco Ch., mientras Freddy pasaba el balón por debajo de las piernas del portero Bodo Illgner. Segundos antes de que el balón cruzara la línea blanca, una triangulación entre “El Pibe”, Rincón y el “Bendito” Fajardo fue muestra de la amistad que se tenía en el camerino que comandaba Francisco Maturana. La hazaña deportiva de Colombia en esa Copa Mundo de Italia 1990 fue de tal magnitud que el escritor uruguayo, Eduardo Galeano, inmortalizó el momento en su libro “Fútbol a sol y sombra”. “La pelota llegó al centro de la cancha... Valderrama recibió la pelota de espaldas, giró, se desprendió de tres alemanes que le sobraban y la pasó a Rincón, y Rincón a Valderrama, Valderrama a Rincón..., tocando, tocando, hasta que Rincón pegó unas zancadas de jirafa y quedó solo ante Illgner, el guardameta alemán... Entonces Rincón no pateó la pelota, la acarició. Y ella se deshizo suavecita por entre las piernas del arquero, y fue gol”, se lee en el microrrelato de Galeano. Después de jugar juntos en los Mundiales de Italia 1990, Estados Unidos 1994 y Francia 1998, Rincón y el “Pibe” se encontraron por última vez en diciembre de 2021, para jugar una “caimanera”. “Mi hermano, no te imaginas la alegría que me da volver a verte y compartir estos momentos, bacano viejo Fredy”, le manifestó el “Pibe” al hoy fallecido Rincón. En ese cotejo, aunque sus cuerpos no tenían la misma potencia de los años 90, la amistad, afecto y hermandad fue lo que prevaleció.

Fue un predestinado. No hizo el gol más hermoso de los Mundiales ni el que definió un título. Sí uno de los más celebrados que podamos recordar. Hizo saltar el “festejómetro”. Movió las placas tectónicas en Colombia y la onda expansiva se replicó en toda América Latina, incluso en otras latitudes. Igual que un terremoto, sacó a la gente a las calles. Y le tocó a él, a Freddy Rincón. Ni el majestuoso gol de James Rodríguez a Uruguay en el mundial de Brasil 2014 pudo desatar tal euforia. Un grupo de estadígrafos e historiadores de América, con decenas de miembros desde Argentina hasta Estados Unidos y una gran cantidad de integrantes expresaron: “Lo grité como si fuera de mi país”. Fue raro: una alegría increíble que nos dio un equipo que no era el nuestro. Pocas veces pasa eso. Semejante eclosión derriba la estulticia de que si no es en la final del mundo o de la Champions no sirve nada.

Lo repiten cien veces y las cien lo miramos con idéntico interés, lo palpitamos como si estuviese pasando ahora. Fue producto de una bellísima construcción de paredes y una genialidad de Valderrama para dejar solito a Freddy con el meta alemán Bodo Illgner. Ese pase del Pibe es como que te den el billete ganador de la lotería y te digan «toma, cóbralo tu». Atrajo a toda Alemania Occidental hacia su izquierda y la puso mansa en Alemania Oriental. No había nadie ahí. Freddy no dudó un instante, controló y la mandó por entre las piernas del uno. Fue el instante mágico de su vida. Y fue la locura total.

¿Por qué semejante aclamación si era en fase de grupos y apenas sirvió para empatar 1 a 1…? ¿Por qué seguimos evocándolo treinta y dos años después…? Porque encierra una historia. Y sin circunstancia no hay épica. Colombia volvía a los Mundiales después de veintiocho años y le tocó en el grupo nada menos que Alemania, una maquinaria que sería el campeón invicto, y la última versión mundialista de una fuerte Yugoslavia, la de Dragan Stojkovic, Srecko Katanec, Dejan Savicevic, Darko Pancev, Davor Suker, Robert Jarni, Alen Boksic, Robert Prosinecki… La última reunión de serbios, croatas, bosnios, eslovenos, macedonios y montenegrinos. Alemania llegaba arrasando: 4 a 1 a Yugoslavia y 5 a 1 a Emiratos Árabes Unidos. Colombia peligraba su clasificación a octavos de final.

Había caído ante Yugoslavia y apenas contaba con dos puntos (antes eran dos puntos por partidos ganados), producto de un correcto triunfo sobre Emiratos. Necesitaba al menos un empate para aspirar a ser uno de los mejores terceros. Y justo debía conseguirlo ante el temible del torneo. Parecía imposible.
Se esperaba otra goleada germana sobre la selección de Pacho Maturana. Y los primeros diez minutos fueron de terror, la Luftwaffe bombardeando Milán. Los pelotazos cruzados surcaban el campo colombiano generando pánico. Klinsmann y Vöeller picaban como flechas. Eran tiempos en que Alemania jugaba todavía al estilo Panzer, no como ahora, que saben tocar y son más pausados. Colombia parecía sumida en el desconcierto y en el palco del Giuseppe Meazza el inolvidable dirigente deportivo León Londoño, se le apreciaba con cara de vaca que mira el tren: “Estos nos meten cinco”. Hasta que vino una bola larga para la entrada de Klinsmann y, cuando todos presagiábamos ya el primer gol, salió Higuita, la paró con el pecho, se la levantó por sobre la cabeza al tanque alemán y salió jugando suave por derecha. Esa acción tan osada y atrevida sirvió para aplacar la furia germana y animar a los suyos. Esas cosas que tenía René y que no tuvieron nunca otros arqueros, por buenos que fueran.

Salió el sol para Colombia y comenzó otro partido, a ritmo de cumbia y vallenato. Y empezó el toque y el dominio bajo la batuta del Pibe. Fue emocionante. Por el rival y el marco, tal vez el mejor partido de esa selección de Maturana. Dominio y merecimientos se iban acumulando, hasta llegarse al fatídico minuto 89, cuando una apilada de Vöeller juntó a varios colombianos y dejó en buena posición de remate a Littbarski. Zurdazo y… ¡Gol alemán…! Fue un martillazo a la ilusión, como el iceberg con que chocó el Titanic. ¿Qué hacía ese iceberg ahí…? Era demasiada injusticia para una actuación tan consagratoria, prolija, atrevida y valiente.

Enrique Omar Sívori, el famoso Balón de Oro de 1961, estaba en el lugar de los acontecimientos, “de la bronca” se levantó y se fue. “¡Con lo bien que había jugado Colombia…!”, lamentó. Era la desolación, daban ganas de llorar de la impotencia. Los muchachos colombianos quedaron tirados en el piso. Valderrama, con gran entereza, levantó a algunos. “Vamos, vamos que hay que seguir…” Pero la tristeza duró sólo cuatro minutos. Al llegarse a los 93, vino esa jugada monumental en la que el Pibe, con pase bellísimo de zurda dejó sólo a Rincón y Freddy sin dudar, con aplomo, la mandó a la red. Fue una explosión difícil de narrar, esas cosas se viven. Como dijo Pacho, “estamos habituados a que el último gol sea siempre de Alemania, pero esa vez fue de Colombia”. Don León Londoño lo festejó tanto que terminó parado sobre las butacas de la zona VIP. Enseguida recordó que era miembro del comité ejecutivo de la FIFA: “Oiga, m’hijo, que nos van a echar de aquí…”, no lo echaron. Las emociones que el fútbol genera, exculpan ciertos exabruptos.
Ese gol reivindicó todo, la actuación y el pase a la siguiente ronda. Seguramente es el más gritado en la historia de Colombia. No obstante, el Freddy jugador excede la leyenda de aquel 19 de junio de 1990. Fue un volante espectacular que hoy valdría, mínimo, cincuenta millones de euros. Un todoterreno que marcaba, jugaba y convertía, con una zancada de avestruz, técnica respetable, tremenda potencia, gol y carácter. Un mediocampista con casi 170 goles es cosa seria. Llegaba al área como un huracán; en carrera era indetenible. Como las huellas dactilares, no hay dos jugadores iguales, sin embargo, advertimos semejanzas en el juego al belga Kevin De Bruyne, un 8 de ida y vuelta, de área a área, con gran vocación ofensiva. Seguro es el más completo futbolista colombiano de todos los tiempos. Tenía todo. Hicieron un sondeo en Twitter sobre quiénes pueden ser los cinco mejores del país, participaron cientos de tuiteros y en todas las listas figura Freddy Rincón. El Pibe y él son unánimes. Los demás, para unos sí, para otros no.

Luego de aquella iluminación frente a Alemania vendrían muchos goles más, como los dos que anotó en el célebre 5 a 0 a Argentina en el mismísimo Monumental de Buenos Aires, y una larga campaña internacional que incluyó a grandes equipos del mundo. Santa Fe de Bogotá, América de Cali también lo hizo con los brasileños Corinthians, Santos y Cruzeiro. Con la casaca del “Timao”, el “Coloso” ganó los títulos de Liga de 1998 y 1999. Real Madrid y Napoli. Fue pieza importante de aquel Palmeiras de oro de 1994 junto a Marcos, Roberto Carlos, César Sampaio, Flávio Conceição, Rivaldo, Zinho, Evair… Pero fue en Corinthians donde alcanzó la idolatría. Fue su cénit. Se recuerda especialmente cuando el club blanquinegro ganó el primer Mundial de Clubes con Rincón como capitán y figura del torneo. Convirtió dos goles y el primer penal en la definición ante Vasco da Gama. Recibió la copa de manos de Joseph Blatter, en una foto que recorrió el mapamundi. Triunfó ampliamente en Brasil justo en el lapso en que la patria de Pelé logro dos títulos mundiales -1994 y 2002- y tres Copa América –’97, ’99 y 2004-.

El sábado, 16 de abril, el estadio Pascual Guerrero de Cali fue escenario de un conmovedor homenaje para dar el último adiós al “Coloso”. Familiares, hinchas y colegas futbolistas acudieron al llamado para despedir a su ser querido, a su amigo, a su ídolo. Al mítico estadio caleño se vio ingresar a Francisco “Pacho” Maturana y quien, según Freddy, le habría dicho que “si no dejaba la timidez” en el campo, “no iba a llegar a ser nadie en el fútbol”. Asimismo, en el epicentro del homenaje se vio a Víctor Hugo Aristizábal, el también exfutbolista que compartió con el fallecido Rincón y quien estuvo bastante afligido. Asistió también el exportero de la Selección Colombia, Faryd Mondragón, quien en diálogo con la cadena Win Sports dijo: “Freddy con los jóvenes fue muy especial, Hárold, ‘Aristi’, ‘Carepa’, él nos acogió de manera muy cariñosa”. De igual forma, en el estadio se escucharon notas tocadas en la marimba, un instrumento musical típico del Pacífico colombiano, interpretado por un hombre afrodescendiente que lucía ropa blanca en el homenaje. “Tratábamos de pasarla bien, permanentemente estábamos riéndonos”. El día del 5-0 con la selección de Argentina, me dijo: “Paisano, le voy a dedicar un gol” y en el segundo gol que hizo, “él me señala y se viene directamente, esas imágenes siempre van a permanecer en mi corazón”, recordó Mondragón.

Otras personalidades ligadas al fútbol que asistieron estuvieron, el técnico Jorge Luis Pinto, Óscar Córdoba, Leonel Álvarez, René Higuita, Harold Lozano y Faustino ‘El Tino’ Asprilla, quien dijo que va a “seguirlo recordando siempre”, y mencionó que estuvo acompañándolo cuando se accidentó en Buga; además, dijo que esta vez esperaban que saliera adelante como aquella vez, pero mencionó que “hay que aceptar que Freddy ya no va a estar más con nosotros”. Y recalcó que entre los momentos más lindos que vivió con Freddy está cuando “iba todos los diciembres a mi casa, yo le decía que Nacional era más grande y él siempre defendía a su América. Nosotros dimos todo por la camisa de la Selección, le dimos alegría a la gente”.

En el transcurso de la ceremonia se realizó una misa encabezada por la Arquidiócesis de Cali en la que se reflexionó sobre el fragmento bíblico en el que se habla sobre: “¿Qué nos puede separar del amor de Cristo? Ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. A ustedes amigos lectores permítasenos este homenaje y momento de alabanza en la hora del adiós de quien generara el instante de alegría más intenso de una nación.







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