Guzmán Blanco y la Iglesia
Historia 02/02/2020 08:00 am         


Relaciones de la Santa Iglesia católica y el Estado en el siglo XIX



Las nunca fáciles relaciones entre la Iglesia y el Estado en el siglo XIX venezolano, tuvieron momentos de graves conflictos y rupturas con la llegada al poder del General Antonio Guzmán Blanco. El megalómano mandatario se enfrascó desde el momento mismo de su entrada triunfal a Caracas, en Abril de 1870, en una polémica con el Arzobispo de Caracas y máximo pastor de la Iglesia católica venezolana monseñor Silvestre Guevara y Lira, que culminaría con la expulsión del país, del alto prelado y el inicio de una situación que estuvo a punto de un cisma con la jerarquía Romana.

Las desavenencias comenzaron, cuando el ministro del Interior y Justicia, Diego Bautista Urbaneja, en comunicación fechada el 26 de septiembre de 1870, se dirige al Arzobispo Guevara, en nombre del Ejecutivo Nacional, solicitándole la realización de un Tedeum en la catedral de Caracas, para celebrar la victoria obtenida el 21 de ese mismo mes por las tropas gubernamentales al mando del general Matías Salazar en la población de Guama, Estado Yaracuy, la cual consolidaba la estabilidad del gobierno, frente a los brotes de resistencia conservadores.

El máximo jerarca de la Iglesia venezolana, quien ocupaba esa posición desde 1852, responde al requerimiento del gobierno, en términos que fueron considerados ofensivos y disidentes por el jefe del poder Ejecutivo, y donde expresaba: “No podemos menos que significar a usted, que sentiríamos punzantes remordimientos en nuestra conciencia episcopal, y sufriríamos horribles torturas en nuestra condición de pastor, si nos resolviéramos a ordenar en nuestra santa Iglesia catedral una manifestación solemne de regocijo, a la hora misma en que se encuentran en las cárceles muchos de nuestros diocesanos, y en que derraman por eso mismo lagrimas amargas tantas madres desolada, tantas esposas, tantas hijas y hermanas consternadas. Padre Espiritual y pastor de vencedores y vencidos, no es justo, caritativo, ni decoroso que nos congratulemos, mientras otros gimen, que nos alegremos con aquellos, mientras estos lloran “.

La carta, no solo era desafiante, sino que junto a la propuesta de diferimiento de la celebración religiosa, exigía al gobierno medidas magnánimas de perdón y reconciliación para que esta pudiera llevarse a cabo, el prelado instaba “a la adopción de unas medidas de magnanimidad y sabiduría política, que nos hemos permitido indicar y que todo venezolano que sienta latir en su pecho un corazón cristiano desea ver realizada, medida que si no nos equivocamos armonizaría perfectamente con los sentimientos del ciudadano Presidente en Campaña…”. Guzmán Blanco, a pesar de que sentía admiración por el talento y los dotes humanos y pastorales de monseñor Guevara y Lira, respondió aireado y ofendido y la posición del gobierno fue terminante, el Arzobispo debía salir expulsado del territorio nacional en un plazo perentorio de 24 horas, y lo acusaba de “desacato a la autoridad federal y usurpación de funciones, potestativas del poder Ejecutivo.”

Monseñor Guevara acepta sin doblegarse, ni pedir perdón, la pena impuesta, y en carta al ministro Urbaneja le expresa: “Tomaremos pues el báculo de la expatriación, protestando previamente, ante Dios, sus ángeles y su Iglesia, y delante de esta desgraciada sociedad, contra la violación que el gobierno nacional, hace en nuestra persona de todo derecho divino y humano, eclesiástico y civil”. Sobre el exiliado jerarca de la Iglesia Católica, el gobierno deja caer todo género de acusaciones y calumnias, buscando su descredito, por supuesto sus compañeros obispos expresaron su solidaridad frente a una medida que lucía injusta y desproporcionada, dándose inicio al mayor conflicto entre la Iglesia y el Estado, por cuanto Guzmán, desafiado en su poder, adopto en seguidilla una serie de medidas destinadas a doblegar y disminuir la influencia y los intereses de la Iglesia, entre ellos la ley de censos, el cierre de seminarios, la ley de matrimonio civil, la Ley de registro de estado civil, supresión de las primicias, expulsión del obispo de Mérida y el vicario de Caracas, extinción de conventos femeninos, en una escalada donde el denominado por sus aduladores como “Ilustre Americano” propuso un decreto para crear una iglesia cismática Venezolana, que rompiera sus ataduras con el vaticano.

El propósito de Guzmán, era forzar la renuncia del desterrado Arzobispo, de manera de poder designar un sucesor del Gusto del gobernante, con el cual pudieran regularizarse las relaciones entre el gobierno y la Iglesia, la reiterada negativa de Monseñor Guevara para acceder a dejar vacante su cargo y favorecer su sucesión, exaspero al megalómano jefe de estado, quien al oficializar ante el congreso su propuesta de crear una Iglesia católica autónoma, la defendía planteando “Con plena convicción y asumiendo la más grata responsabilidad de cuantas por llenar mi misión he echado sobre mi nombre, la ley que independice la Iglesia Venezolana del Obispado Romano y preceptué que los párrocos sean elegidos por los fieles, los obispos por los párrocos y por el congreso el Arzobispo, volviendo así a la iglesia primitiva, fundada por Jesús y sus apóstoles.”

El conflicto lejos de resolverse bajo presión, cobra mayor intensidad. Monseñor Guevara y Lira que había rechazado en julio de 1.871 regresar al País, previa revocatoria por el gobierno de su decreto de expulsión, pretende hacerlo en agosto de 1.872, ahora es el gobierno el que le impide desembarcar en la Guaira. Sin la renuncia del Arzobispo a su alta condición clerical, es imposible que Roma designe un sucesor. El gobierno pretende designar en el congreso quien llene el cargo de Guevara, pero el papa Pio IX rechaza esa posibilidad, y sin ese reconocimiento era imposible para cualquier obispo o sacerdote ejercer el cargo. Sin embargo el santo padre se preocupa por los ribetes que ha tomado la situación y envía un delegado especial que le haga llegar el pedimento a Monseñor Guevara de presentar su renuncia para facilitar una solución a la situación que se agrava cada día más.

Bajo la Presión, del jefe de la Iglesia, Monseñor Guevara y Lira envía una correspondencia conciliatoria a Guzmán, pretendiendo zanjar sus discrepancias y ofreciéndose para ejercer su Arzobispado en un clima de concordia y entendimiento. El megalómano de Guzmán se muestra intransigente a toda posibilidad de acuerdo con quien considera ha desafiado su autoridad y su gobierno. A Guevara y Lira no le queda más remedio acosado por las presiones Romanas, que presentar su renuncia el 17 de mayo de 1.876, regresando a Venezuela en agosto de 1.877. Su sucesor bajo el auspicio del gobierno seria monseñor José Antonio Ponce Sancinenca, quien el 28 de septiembre de 1.877 fue consagrado oficialmente por el papa y el 30 de noviembre fue consagrado al frente del Arzobispado Caraqueño, saldando de este modo el más serio y grave conflicto en las no siempre fáciles relaciones entre la Santa Iglesia católica y el Estado.







VISITA NUESTRAS REDES SOCIALES
© 2020 EnElTapete.com Derechos Reservados