Igualito que el Mocho Hernández
Historia 23/02/2020 08:00 am         





En el segundo semestre de 1957 la descomposición y las contradicciones que corroían la dictadura de Marcos Pérez Jiménez comenzaron a exteriorizarse. Primero fue la pastoral de Monseñor Rafael Arias Blanco, quien cuestionaba la política económica y social de la dictadura y denunciaba los padecimientos y penurias en las que transcurría la vida de los trabajadores.

Luego la crisis tocó las puertas de las Fuerzas Armadas, en nombre de las cuales Pérez Jiménez decía gobernar y donde la joven oficialidad comenzó a repudiar sus métodos y corrupción, generándose un estado de inconformidad que luego dio cuerpo a varias conspiraciones con un solo objetivo: poner término a la tiranía y reivindicar el nombre de las FAN.

Entre los oficiales dedicados a esa prédica anti dictatorial destacaba el teniente coronel Hugo Trejo, prestigiado por una carrera militar brillante y diplomado de estado Mayor en España, cuyo nombre apareció como el del oficial que por sus méritos y jerarquía podía unir y representar a los distintos grupos involucrados en la trama.

Contingentes del Ejército, la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional se suman a la conjura anti dictatorial, se afinan planes y se fija comienzos de enero de 1958 como la fecha ideal para insurgir.
Sin embargo el espionaje y el terror impuesto por Pedro Estrada desde la tenebrosa Seguridad Nacional, y sus coordinaciones con la inteligencia militar, logran a finales de diciembre de 1957 tener datos sueltos sobre una conspiración militar en marcha y la existencia de un jefe de nombre "Hugo" que la lideraba. Pérez Jiménez, Mazzei Carta, Lloverá Páez, Rómulo Fernández y Benjamín Maldonado, deliberan y llegan a la conclusión de que el único "Hugo" con capacidad de mando para insurgir es el general Hugo Fuentes, jefe de la guarnición de Caracas, leal a Pérez Jiménez y en desconocimiento de la conjura, quien es de inmediato sometido a prisión, junto a otros jefes militares casi todos ajenos a los preparativos golpistas.

Las detenciones alertan a los oficiales involucrados, quienes deciden adelantar el pronunciamiento para el primer día de enero de 1958, cuentan con unidades claves que dominan Maracay, la aviación militar, y en caracas con las unidades de Artillería y blindados acantonados en el cuartel Urdaneta. La rebelión estalla en la madrugada y los aviones vampiros vuelan sobre Caracas en señal convenida para alertar a los comprometidos de la capital, que se retrasan en responder por falta de munición que el gobierno mantenía en custodia en Tazón.

El régimen es cogido de sorpresa, pues pensaba que las detenciones habían abortado la presunta conspiración. El Presidente, sus ministros y jefes militares drenan el "ratón y trasnocho" de fin de año, mientras se organiza la defensa, frente al alzamiento que se pensaba confinado a la capital del estado Aragua. De repente un informante trae a Miraflores la aterradora noticia, de que los tanques y la artillería del Batallón Bermúdez, que había sido previamente amunicionada, considerándose fiel al gobierno, se mueve hacia el centro del poder con fines de intimar la rendición del dictador y sus allegados.

El pánico es general, nada se puede hacer frente a tanques y piezas artilleras. Se dan las situaciones más inverosímiles de generales que llaman a sus esposas, para pedirles que se asilen en embajadas, y el corri-corri es general, mientras Pérez Jiménez parece resignado a su suerte, cuando suena un teléfono con la información de que la paquidérmica caravana de blindados y remolques con artillería ha dejado atrás a Miraflores y se dirige hacia el Valle. Vuelve la sangre al cuerpo, el miedo transmuta en alegría y en medio de la sampablera se escucha un grito que proclama: "¡igualito que el mocho Hernández!"

En efecto, 58 años antes, el popular general José Manuel Hernández, "alias el mocho" quien se desempeñaba como ministro de fomento en el gabinete de Cipriano Castro, había tramado una insurrección para sacar al andino del poder, y teniendo su centro de apoyo civil y militar en la capital, decidió lanzar una proclama denunciando al régimen e iniciando una serie de desconcertantes correrías por el centro y los llanos, hasta terminar derrotado y preso. El comandante Trejo copiando los planes militares de Estado Mayor, aprendidos en su exigente formación profesional, decidió no dar la pelea en Caracas, sino tratar de sumar sus fuerzas a las de las unidades terrestres y aéreas que se habían insubordinado en Maracay.

La pérdida del factor sorpresa y la ausencia de comunicaciones entre las unidades alzadas, son determinantes para el descalabro de la insurrección. Los aviadores se van a Colombia en el avión presidencial, las unidades de Maracay se rinden y Trejo termina preso en los calabozos adyacentes al Palacio Presidencial. Sin embargo, ya la dictadura estaba "herida de muerte" y solo 22 días después al que le tocaría marcharse precipitadamente sería al dictador.

Hugo Trejo quien sería injustamente defenestrado en los tiempos iniciales de transición a la democracia, tendría que cargar el resto de su vida con el “san Benito" de haber emulado al “Mocho Hernández “, y ni su libro “La revolución no ha terminado" pudo convencer a sus críticos de que le faltó audacia y determinación para haber tomado a Miraflores, donde el tirano y sus acólitos estaban paralizados de terror. Sin embargo la mecha prendida con el alzamiento del 1º de enero de 1958 capitaneado por Hugo Trejo, despertó el vendaval que derrocó a la tiranía.







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