Enigmas de Carlos Delgado Chalbaud
Historia 22/03/2020 07:00 am         





Carlos Delgado Chalboud no solo será víctima del único magnicidio consumado en la historia venezolana, sino que su personalidad, sus actuaciones y su protagonismo público estarán cubiertos por un halo de misterios, enigmas, y posiciones controversiales e inescrutables que el presidente de la Junta Militar de gobierno se llevará a la tumba. Hijo del general Román Delgado Chalbaud, comandante de la Armada venezolana y socio del presidente Juan Vicente Gómez y de Luisa Amelia Gómez Velutini, bella y distinguida dama de la sociedad caraqueña, el joven será cristianado en la pila bautismal del Palacio de Miraflores por el mismísimo dictador, quien luego -al descubrirse un complot contra el régimen encabezado por su padre- mandará a este pudrirse durante 14 años en la terrible ergástula de la Rotunda, mientras la familia tiene que refugiarse en el exilio parisino.

En 1927, luego de años de suplicios y grillos, el general Román Delgado es excarcelado y se le permite salir al exterior a reencontrarse con su familia. Su hijo Carlos es entonces un joven de 19 años que ha cursado estudios medios en la capital francesa y que se dispone a entrar a la universidad a estudiar ingeniería de puentes y caminos. Dominado por el odio y el deseo de venganza, el general Delgado se dedica en cuerpo y alma, con sacrificio del remanente de su otrora cuantiosa fortuna, a preparar y avituallar una expedición destinada a poner fin a la ya prolongada dictadura gomecista, adquiere armas y un barco, y recluta un grupo de patriotas antigomecistas a los que incorpora a su propio hijo Carlos, que veneraba la figura de su padre y se había hecho inseparable luego de tantos años de ausencia. En la llamada Calle Larga de Cumaná, la intrepidez y el valor temerario alimentado por el deseo de retaliación, harán caer fulminado de un balazo a Román Delgado Chalbaud, mientras su hijo Carlos, quien se queda a bordo del barco inicialmente denominado Falke y rebautizado General Anzoátegui, al llegar a las aguas venezolanas, junto a José Rafael Pocaterra, decide conforme a las instrucciones dejadas por el ahora supliciado jefe expedicionario, levar anclas y echar el parque al mar para salvar el barco cuya adquisición se había respaldado con los bienes del general Delgado.

De vuelta a Paris, Carlos Delgado rumea su orfandad dedicándose a terminar sus estudios de ingeniería y a soñar con el regreso a la patria que en su mente aparece brumosa y lejana. Se casa con una joven judía-rumana y de ideas socialistas, Lucía Levine, y junto a ella comparte un año la casa con el ilustre novelista venezolano Rómulo Gallegos, auto exiliado en Barcelona de España y más tarde traicionado por el comandante Carlos Delgado, cuando uno fuera Presidente de la República y el otro su hombre de más confianza y ministro de la Defensa.

Muerto Gómez, Carlos Delgado Chalbaud, regresa a Venezuela y se entrevista con el nuevo Presidente de la República, Eleazar López Contreras, quien le ofrece volver a Francia a profundizar estudios de ingeniería militar. El joven Delgado acepta y al volver se le asimila al Ejército con grado de capitán y más tarde se incorpora plenamente a las filas militares. Destacaba Carlos Delgado por su porte distinguido, su cultura superior, su disciplina y conocimientos, lo que lo llevó a ser uno de los mejores instructores de la Academia Militar venezolana.

Faltando pocos días para el 18 de octubre de 1945, los oficiales comprometidos en la conspiración contra el gobierno del General Medina Angarita -quien sentía particular afecto por Delgado-, lo contactan para incorporarlo al complot, este acepta y al producirse el derrocamiento del régimen aparece como miembro de la Junta Militar que preside Rómulo Betancourt y como titular del Ministerio de la Defensa, muy por encima de comandantes como Marcos Pérez Jiménez o Julio César Vargas, cerebros y organizadores del golpe.

Cuando Rómulo Gallegos es electo Presidente de la República en los primeros comicios democráticos de nuestra historia, no duda en ratificar a Delgado, a quien apreciaba como un hijo, en la cartera militar, depositándole su mayor confianza. Pronto las relaciones entre los adecos y sus socios militares comenzarán a experimentar un grave deterioro, que culmina con un ultimátum del Estado Mayor al presidente Gallegos que este rechaza con la mayor dignidad. Delgado queda atrapado en la trama de las presiones y las negociaciones, y nada entre dos aguas a pesar de todos sus nexos y la confianza delegada por el Presidente de la República.

Finalmente se suma al golpe castrense del 24 de noviembre de 1948, y además aparece como Presidente de la Junta Militar que sustituye al gobierno de su protector y padre putativo. La versatilidad, las cabriolas y los equilibrismos de Delgado le irán ganando un número cada vez mayor de enemigos. Los adecos no lo quieren por su traición a Gallegos, sus compañeros de armas más extremistas lo consideran un "adeco disfrazado", otros lo acusan de ambicioso, de afrancesado, de socialista, de asimilado. En fin, son tantas las animadversiones que va generando que cuando el brutal y primitivo general Rafael Simón Urbina lo secuestre y asesine el 13 de noviembre de 1950, la trama que conduce a los autores intelectuales es tanta y con tantos personajes, que en definitiva queda impune.

En descargo de Delgado, un personaje enigmático, inescrutable y contradictorio, que terminó empedrando el camino de su muerte, hay que decir que era culto, patriota y honesto, y que en sus cabriolas, a veces inexplicables, tuvieron que influir las terribles vivencias de su infancia, reforzadas luego por la muerte de su padre.







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