Recuerdos de la Radio
Historia 22/03/2020 07:00 am         





Por Eleazar López-Contreras

La primera radioemisora en Venezuela fue A.Y.R.E., promovida por el Cnel. Arturo Santana y Luis R. Scholtz), la cual aprobó el Gral. Juan Vicente Gómez al creer que la “radio-telefonía” reforzaría el telégrafo como medio de información política. Los receptores (vendidos por su socio Luis R. Scholtz) no abundaban y la programación era pobre, pero la gente se maravillaba y decía: “Es como tener a la Banda Marcial en la casa”. La filiación a A.Y.R.E. forzaba a una cuota de inscripción y una mensual (que la gente no cancelaba). La protesta estudiantil de 1928 sirvió de excusa a Gómez para cerrar la emisora. Al notar las posibilidades de comercializar en la radio (que entonces se llamaba “el radio”), Edgar J. Anzola, que venía de estudiar su funcionamiento en Nueva York, indujo a William H. Phelps a invertir en una emisora para la trasmisión de la propaganda del comercio caraqueño y de sus propias empresas (El Almacén Americano y El Automóvil Universal). Así nació Broadcasting Caracas (YV-1BC, luego Radio Caracas), que habría de hacer historia con una programación de amplia solvencia cultural. Si, con A.Y.R.E., antes la radio y la venta de aparatos era un monopolio del Estado (se vendían entre 200 y 2 mil bolívares), ahora había libertad para comprarlos.

Broadcasting Caracas fue inaugurada el 9 de diciembre de 1930, pero la fecha prevista era para enero siguiente. La fecha se adelantó para realizar una transmisión remota que cubrió la inauguración de la Plaza Henry Clay; la segunda tuvo lugar al día siguiente, desde el Country Club, cuando se transmitieron las ejecuciones de la banda del crucero norteamericano Northampton, que había anclado en La Guaira. Por un golpe de suerte, el día de la primera transmisión se presentó a la Plaza Henry Clay un joven llamado Luis Alfonzo Larrain, para ofrecer un conjunto musical, y fue contratado. Al poco tiempo se dedicó a reforzar el grupo con músicos de la emisora, que se inició con dos orquestas. Con ese soporte fundó diversos grupos que abarcaban diferentes estilos de música, los cuales llamó: La Orquesta Popular, Apple Sauce y sus Joy Bringers, Sergio Codos y su Orquesta, Los Negritos Locos, El Trío Matancero, Los Melómanos y otros que incluían Los Hijos de la Noche, grupo que se hizo muy popular dando serenatas por la ciudad.

En general, la primera programación de Broadcasting Caracas 1-BC era así: por la mañana se leían noticias de El Nuevo Diario y en la tarde había humor y se transmitía música de discos. En la noche se radiaban algunos pasos de comedias españolas, con pocos personajes, charlas humorísticas con Rafael Guinand, recitación de poemas, actuaciones de guitarristas y arias de óperas interpretadas por cantantes venezolanos. A esa música se le sumaban una pequeña
orquesta de salón y una orquesta criolla bajo la dirección de Pedro Elías Gutiérrez. Eso era todo, excepto por un importante detalle: entre 3 y 5 de la tarde se radiaba un programa de música grabada, desde el Gran Salón Æolian del conocido Almacén Americano, donde se demostraban las pianolas de esa marca, que todavía se vendían pues pronto fueron suplantadas por los reproductores eléctricos de discos y de alto-parlantes de gran volumen. Los discos de 78 rpm se tocaban en una victrola, para lo cual se colocaba un gran micrófono enfrente. La única propaganda era decir: “Es una grabación Víctor”.

Convertida Broadcasting Caracas en Radio Caracas, a la muerte de Gómez, Pedro Vargas le insinuó a Luis Alfonzo sacar la orquesta de la emisora. Luis renunció en 1941 para formar la Orquesta de Luis Alfonzo Larrain, en la cual llegó a cantar Víctor Saume (futuro animador de El Show de las Doce); pero, durante el tiempo que la dirigía en la emisora, acompañó a grandes artistas como Juan Arvizu, Chucho Martínez Gil y el propio Pedro Vargas. El primer director de orquesta de Broadcasting Caracas fue el maestro Carlos Bonnet, quien
tuvo a su cargo la composición de la Marcha 1-BC, que se radiaba al comienzo y final de las transmisiones. A la larga, suplantado por Ángel Sauce, Bonnet dirigió las dos orquestas de la planta, que eran la Orquesta Criolla y la Orquesta de Conciertos; pero, originalmente, había sido una sola que constaba de trece músicos. Su dotación era de 3 violines, viola, chelo, bajo, clarinete, flauta, trompeta, trombón, batería y dos pianos (uno de los pianistas era Raúl Briceño, que también era acordeonista y sabía tocar jazz). Consciente de la importancia del medio como vehículo cultural, Edgar Anzola se preocupó de que el mensaje diario llevara conocimiento, tanto nacional como universal. Por eso la programación incluía la imprescindible Danza de las horas de Poncielli, al mediodía cuando se tocaban los 12 piticos que daban “la hora legal de Venezuela”, La Marcha del Tiempo, que eran relatos y comentarios sobre la situación mundial, escritos y leídos por Mario
García Arocha; Historia de Venezuela, que eran charlas a cargo de José Nucete Sardi, y otras bajo el nombre de Geografía de Venezuela. De modo que, además de entretenimiento, Broadcasting Caracas ofrecía conocimientos y cultura. La emisora comenzó con una programación casi de ensayo, que se extendió durante su primer año, transmitiendo desde las primeras horas de la tarde hasta las once de la noche y luego, desde la mañana. A esas horas tocaba la Orquesta Criolla y después Luis Alfonzo Larrain con música bailable internacional; cantantes y grupos
con guitarras, declamadores y una cantidad de variedades que cambiaban todos los días.

Los programas de la noche contaban con números especiales, como la orquesta de conciertos, el Cuarteto Broadcasting Caracas y muchísimos cantantes de ópera. Adolfo Bracale, famosísimo empresario y director de orquesta, fue contratado por Edgar Anzola para dirigir todas esas presentaciones operáticas. Las noticias eran narradas a las 6 de la tarde en el novedoso y muy sintonizado Diario de la Tarde; Pepe Alemán (Federico León) cautivó la audiencia femenina con Para ti, mujer; y luego apareció la primera novela costumbrista venezolana, escrita por Alfredo Cortina para la Comedia Santa Teresa y patrocinada por el ron de esa marca. En un capítulo se celebró el matrimonio de los protagonistas y los oyentes enviaron regalos de boda, como si se tratara de uno de verdad verdad. Luego, cuando la pareja tuvo un bebé, cuyo llanto fue radiado de un disco de efectos de sonido, todo era tan real que el público inundó la emisora con canastillas, gorritos, escarpines, saquitos, abrigos, cobijitas, biberones, chupones, azabaches,
maraquitas… y hasta cunitas.

De las radionovelas, que siempre acapararon gran a audiencia, la primera fue El misterio de los ojos escarlata, por Broadcasting Caracas. La segunda fue El misterio de las Tres Torres, por Radiodifusora Venezuela, que se refería a la temible cárcel que dirigía Eustoquio Gómez en Barquisimeto. Pero el gran impacto de todos los tiempos fue El derecho de nacer, que paralizaba el país a las seis de la tarde, que dio origen a la guaracha de Ñico Saquito sobre si Don Rafael (del Junco) hablaba o
no, para decir quién era el hijo de Albertico Limonta. Tal como Josefina Guinand se pintaba de negro para su papel en la exitosa
comedia de los cuarenta, Frijolito y Robustiana (con Carlos Fernández, por Radio Caracas), Rosita Flores también lo hacía para el suyo
de Mamá Dolores, porque el realismo de fantasía era importante para convencer al público del estudio y al público en general, que debía ver presentados a los artistas de las radionovelas retratados en la prensa, tal como todos se los imaginaban.

La amena y culta programación de Broadcasting Caracas no fue imitada de un todo por las radioemisoras que le siguieron:
Radiodifusora Venezuela (1931), Onda Populares (1935), Radio Continente (1936), Radio Libertador (1937), etc. En 1935, al hacerse el cambio de la dictadura gomecista, había un grado de excitación y temor en el pueblo porque volvieran los capitostes del régimen. Al recobrarse el derecho a la libre expresión, en Radiodifusora Venezuela apareció “Cupertino” (Carlos Möller, que fue el primer locutor de la radio en Venezuela), acompañándose con la guitarra y cantando los tangos de Gardel (arriba, en 1935, ensayando en la emisora 1-BC ante el micrófono), pero con letras alusivas a la situación. Una de estas parodias se basaba en Luces de Buenos Aires. En la parte que decía: Ya yo siento el parpadeo/de las luces que a lo lejos/van marcando mi retorno, Cupertino cantaba: Ya yo siento el guaraleo/de los Gómez que a lo lejos/van pensando
en el retorno. El temible Vicencio Pérez Soto había sido el “presidente” del estado Zulia entre 1926 y 1935. En algún momento, Broadcasting Caracas recibió una carta suya en la que le daba gracias a la emisora por haberle dedicado un valse, pero que agradecía que no lo volvieran a hacer porque a él no le gustaba que le rindieran pleitesía. Ninguno de los locutores recordaba haberlo mencionado y, mucho menos, que nadie de la emisora le hubiese dedicado ningún valse. El asunto traía de cabeza a todos y nadie hallaba la solución del misterio. Finalmente, Luis Alfonzo Larrain, hurgando pacientemente entre los papeles de música de su orquesta, dio con la clave del asunto. Lo que había ocurrido, para alivio del personal de la Broadcasting, es que un día la orquesta había tocado el valse Día Perezoso y, debido a la mala recepción en el Zulia, el temido general había escuchado: “Viva Pérez Soto”.

Pero el gran chasco de la emisora, tal vez en todos sus tiempos, tuvo lugar cuando salió al aire una cuña que llamó poderosamente la atención de quienes la sintonizaban cierta hora y cierto día. Ocurrió que, así como muchos han sido lo que llaman “ratón de radio”, que eran fiebrosos que asistían a los estudios en busca de una oportunidad, el Pepón Olivares siempre iba a Radio Caracas, a la espera de la suya. Ese día, al no encontrarse allí el locutor que debía de leer unos comerciales, el animador del programa le dijo: “Mira, Pepón, échale pichón y lee estos comerciales. Hazlo despacio y no te equivoques”. El Pepón, algo nervioso pues lo iban a escuchar hablando desde la emisora más prestigiosa del país, leyó algunos mensajes hasta que, casi terminando el último, dijo: "…Leche Klim, ahora en su envase de un kilo y de medio culo".







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