El Plan de Barranquilla
Historia 04/04/2020 07:00 am         


Reconocido como el primer programa político coherente en la Venezuela contemporánea



Reconocido como el primer programa político coherente en la Venezuela contemporánea, el denominado "Plan de Barranquilla" fue producto de una reflexión y una madurez política, teórica y militante, que anidaba en los jóvenes rebeldes que encabezaron la protesta estudiantil de 1928 contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, encabezados por Rómulo Betancourt.

En febrero de ese año el régimen gomecista, lleva dos largas décadas en el poder. Su continuidad y fortaleza fue en buena medida producto de los grandes cambios que han impactado la realidad interna y mundial. La Venezuela disgregada, invertebrada, pobre, agrícola y pastoril, comenzó entonces a sufrir los inevitables cambios que la aparición y progresiva expansión de la exploración y explotación petrolera tendrían en lo interno y en su articulación con el sistema económico internacional. A medida que el petróleo aumentaba su aporte a la renta interna y se consolidaba como gran factor energético mundial, Venezuela pasaba a ser relevante para los grandes poderes económicos y militares conscientes de su interés estratégico. Las empresas anglo-holandesas y más tarde las norteamericanas, fijan sus ojos en un país que se revela como potencial gran productor de hidrocarburos. Las inversiones e intereses foráneos requieren un régimen político que preserve y asegure sus negocios y que les brinde un ambiente de paz, estabilidad y continuidad en sus planes y operaciones. Gómez, visto al principio con aprehensiones y resquemores por los grandes centros de poder mundial, pasa a ser percibido como el modelo de gobernante capaz de generar gobernabilidad y de dar protección efectiva a los capitales extranjeros.

A lo interno, el producto increscendo de los aportes fiscales generados por la expansión de las actividades petroleras le permite al régimen consolidar su base efectiva de poder, mediante el desarrollo de un Ejército Nacional que liquida definitivamente a las partidas y montoneras; de la base de sustentación tradicional del caudillismo y de la construcción de un sistema de interconexión vial que integra al País acortando distancias, creando condiciones para el ejercicio efectivo del poder del Estado y echando las bases de un sistema institucional y de administración que sustituye la relación jefe-ejército por el nuevo trípode jefe-ejercito-administración fundamento del Estado moderno.

Esos grandes cambios -imperceptibles o indescifrables para los enemigos tradicionales de la dictadura de Juan Vicente Gómez y acostumbrados a una manera tradicional de ejercer la política y la guerra conforme a las pautas tradicionales de la Venezuela atrasada, empobrecida y disgregada- serán desfasados por el dictador en las nuevas realidades y contextos, lo que le permitirá al tirano liquidarlos progresivamente, reduciéndolos a las cárceles o a una vida errabunda por el destierro.

En 1928 una nueva generación de jóvenes, nacidos la mayoría en el interregno conformado por el fin del gobierno de Cipriano Castro y el comienzo de la era gomecista, asiste a las aulas universitarias en la histórica Universidad de Caracas, o Universidad Central de Venezuela. Muchos de ellos se formaron en las aulas del Liceo Caracas, regentado por Rómulo Gallegos, o en las escasas instituciones de educación secundaria que existían en las capitales de provincias, a pesar de la férrea censura que ejercía el régimen. Por los intersticios clandestinos se filtraban noticias o literatura que los informaban de las nuevas doctrinas e ideas en boga: las que dieron origen a la Revolución Soviética o Mejicana, o las ideas liberales y anti imperialistas provenientes de Perú o Chile. Algunos personajes con experiencias en el exterior, como el poeta tocuyano Pío Tamayo, hablaban de temas políticos y sociales que alentaban los deseos de libertad.

Cuando las festividades de la Semana del Estudiante de febrero de 1928, derivaron en una clara protesta contra el régimen, de las que participaron jóvenes incluso vinculados a funcionarios de la dictadura y en el gobierno se prendieron las señales de alarma. Pedro Manuel Arcaya, ministro e ideólogo de la tiranía, tuvo la convicción de que detrás del simple desafecto hacia el gobierno de fuerza se escondía una clara influencia de ideas revolucionarias y comunistas de franca expansión por el mundo, por lo que sugirió incorporar al texto constitucional un artículo que las prohibiera y sancionara ejemplarmente.
El 7 de abril de ese año los mismos jóvenes revoltosos de febrero, que ya habían tenido su primera incursión carcelaria y que fueron liberados por el general Gómez (frente a demandas y reclamo de diversos sectores) se involucraron en una acción militar para derrocarlo. El cuartel de Miraflores y el de San Carlos se convirtieron en epicentro de una conspiración de oficiales jóvenes que repudiaban los métodos del régimen y que contactaron a los estudiantes para garantizar la incorporación y el apoyo civil a la sublevación.

Delaciones y la acción oportuna del general Eleazar López Contreras, derrotaron la acción militar en Caracas, a lo que sigue una fuerte represión que obligó a muchos de los jóvenes implicados en la trama cívico-militar a huir al exterior. Entre ellos destacaba Rómulo Betancourt, cuyos discursos y activismo ya le permitía destacar entre sus pares. En Curazao, primera escala del obligado exilio, Betancourt escribe a dos manos con Miguel Otero Silva un folleto titulado en "Las huellas de la pezuña" (1929) donde buscaban explicar las razones del movimiento estudiantil y rebatir la "etiqueta" de comunistas que les ha colocado Pedro Manuel Arcaya con intención de desprestigiarlos. Allí insistieron en que las razones que motivaron la acción estudiantil del año anterior eran claramente libertarias y democráticas. Igualmente esta primera vivencia en el exterior y particularmente en una isla cuya vida económica orbita en torno al procesamiento del petróleo que se produce en Venezuela, reflexionó Betancourt sobre un tema que luego lo apasionaría, el de la importancia vital de los hidrocarburos en la vida económica y social de Venezuela. 1929 fue el último año en que los exiliados venezolanos anidaron la esperanza de derrocar la longeva tiranía mediante una acción armada, que combinara fuerzas internas y externas. Los jóvenes fogueados en la aventura militar de abril de 1928 tomaron partido en las invasiones y alzamientos de Román Delgado Chalbaud, Rafael Simón Urbina, José Rafael Gabaldón, Norberto Borges, Juan Pablo Peñalosa y Arévalo Cedeño, todos condenados al fracaso. La frustración se transformaría en reflexión cuando Rómulo Betancourt y el grupo de jóvenes exiliados que formaron equipo con él, cobraron noción no solo de la inutilidad de la vieja acción romántica y caudillesca, sino de su carácter inefectivo para generar en Venezuela un régimen sustancialmente diferente al gomecista. Fue la cancelación de la denominada "etapa garibaldiana", y el inicio de una etapa de análisis, reflexión, contacto con nuevas ideas políticas y reformulación de estrategias que serán claves para la formulación del "Plan de Barranquilla". El grupo de reflexión que trabajó en torno a la construcción de una nueva visión y un nuevo proyecto político, lo integraban Valmore Rodríguez, Raúl Leoni, Ricardo Montilla, Pedro Juliac, Simón Betancourt, Carlos Peña Uslar, Juan José Palacios, Cesar Camejo, Rafael Ángel Castillo, Mario Plaza Ponte, P.J. Rodríguez Barroeta y, por supuesto, Rómulo Betancourt. El facsímil multigrafiado de la primera versión del "Plan de Barranquilla", fechado el 22 de marzo de 1931, estaba encabezado por una mención. Compromiso que señalaba: "Los que suscriben este plan se comprometen a luchar por las reivindicaciones en él sustentadas y a ingresar como militantes activos en el partido político que se organizará dentro del país sobre sus bases". La declaración, que antecede las firmas que lo suscriben, muestra ya una nueva concepción de organización y de lucha, se alejan quienes lo suscriben de las viejas ilusiones "garibaldianas" centradas en aventuras armadas en alianza con los caudillos enemigos de Gómez, y se asume la construcción de una organización política como el instrumento idóneo para la acción transformadora en lo político y social. Estaba claro para ellos que al volver del exilio deberán constituir un movimiento político bajo las ideas fundamentales que proclamaban en el texto.

En las consideraciones, que preceden a las propuestas programáticas propiamente dichas, los adherentes comienzan por señalar la inutilidad del esfuerzo por poner fin a la dictadura gomecista, si junto a la lucha contra ésta no se hace "…un análisis de los factores políticos, sociales y económicos que permitieron el arraigo y duración prolongada del orden de cosas que se pretende destruir…". Se formula una crítica a las tesis "simplistas y anti-sociológicas" de quienes “…solo en Gómez y en su persistencia radicaban las causas determinantes de nuestra inestabilidad nacional…”. Luego los postulantes del documento señalaron que el “...análisis penetrante de la realidad venezolana, la confrontación de sus problemas con similares en otros pueblos de América Latina, la aplicación al estudio de su evolución histórica de los métodos de la ciencia social contemporánea, el esfuerzo decidido de ir más allá de las explicaciones superficiales de los fenómenos para buscarles sus causas últimas, nos llevan al convencimiento de que el despotismo ha sido en Venezuela como en el resto del continente expresión de una estructura social económica de caracteres diferenciados y precisables sin dificultad…”.

Esa segunda precisión en el texto revela una madurez teórica y conceptual. El grupo de jóvenes que lo suscriben dejaron de ser bisoños luchadores libertarios y anti-dictatoriales, como lo afirmaba el propio Betancourt y Otero Silva en las "Huellas de la Pezuña", tomaron contacto y se empaparon de las ideas y pensamientos que marcaron el análisis filosófico y sociológico en el mundo. La metodología que se utiliza en el análisis de la realidad venezolana, estaba ya contaminada de reformismo y marxismo, que se delataba en la manera de diseccionar los fenómenos económicos y sociales, y de desentrañar los fenómenos causales en la realidad venezolana y latinoamericana. El “Plan de Barranquilla “desarrolla la tesis sobre los factores que permiten la permanencia o recurrencia del fenómeno del caudillismo y el despotismo en nuestras realidades nacionales y continentales, clasificando a estos como "internos y externos". Los primeros pueden referirse al que los comprende y explica a todos: la organización político económica semi- feudal de nuestra sociedad. Los segundos a la penetración capitalista extranjera y se propone analizarlos separadamente.

Al pasar revista al primero de los factores, es decir la organización político económico semi-feudal, los redactores del plan realizan un análisis de la evolución histórica de Venezuela, desde los tiempos fundacionales de la República en 1811, concluyendo que la permanencia e inalterabilidad del fenómeno latifundista como realidad de nuestra estructura económica y política, ha permitido el arraigo del caudillismo, y señala al latifundismo y al caudillismo como "los dos términos de nuestra ecuación política y social" y de seguidas expresa: “Para caudillos y latifundistas la situación semi-hambrienta de las masas y su ignorancia son condiciones indispensables para asegurarse impunidad en la explotación de ellas. Sin libertad económica, analfabetos y degenerados por los vicios, los trabajadores de la ciudad y el campo no pueden elevarse a la comprensión de sus necesidades, ni son capaces de encontrarle causes a sus anhelos confusos de dignidad civil…”.

Las conclusiones al pasar revista a esta realidad del binomio caudillismo-latifundismo, la plantean con contundencia: "Nuestra revolución debe ser social, y no meramente política. Liquidar a Gómez y con él al gomecismo, vale decir al régimen caudillista-latifundista, entraña la necesidad de destruir en sus fundamentos económicos y sociales un orden de cosas profundamente enraizado en una sociedad, donde la cuestión de la injusticia esencial, no se ha planteado jamás". La consideración en torno al segundo factor enunciado, a saber la penetración capitalista extranjera, comienza con una afirmación categórica: "Entre el capitalismo extranjero y la casta latifundista-caudillista ha habido una alianza tácita en toda época. El antiguo capitalismo exportador de mercancías como el de la etapa imperialista, exportador de capitales, han hallado siempre en Venezuela la zona fácil de dominio por la ausencia de previsión nacionalista de nuestros gobernantes" y luego en la misma dirección aseveran: "La Standard Oíl, la Royal Dutch, el Royal Bank, cuatro o cinco compañías más con capitales integrados en su totalidad en dólares o libras esterlinas, controlan casi toda la economía Nacional" y siendo más precisos acusan: "Los gobiernos capitalistas le han prestado resuelta ayuda en todos los terrenos al despotismo. No es un secreto para nadie que en la secretaria de Estado norteamericana ha tenido el gomecismo aliado decidido en toda época y para todo".

Al esbozar el programa político que derivaba de las consideraciones y análisis sobre la realidad venezolana y las causas y factores que determinaban la recurrencia del despotismo, los redactores del documento señalan como conclusión: "Nosotros con criterio más realista y positivo, nutrido de doctrina e historia, creemos que la elevación del nivel político y social de las masas no puede lograrse sino sobre bases de independencia económica. Por eso hemos articulado nuestra plataforma con postulados de acción social y anti-imperialista trascendiendo resuelta y conscientemente las aspiraciones retrasadas de quienes creen que basta con moralizar la administración y reformar cuatro o cinco artículos de la constitución, para que Venezuela comience a realizar su destino de pueblo". Los redactores, explican por qué consideran su plan un "programa mínimo" reseñando "que el suscrito hoy por nosotros apenas contempla los más urgentes problemas nacionales y porque el postulado mismo de nuestros postulados de acción, es apenas reformista..." y luego aclaran "...Consecuentes con un método que repudia la sobre estimación de fuerzas, hemos querido considerar solo las necesidades y aspiraciones populares que creemos más urgentes la marcha misma del proceso social, nos señalará el momento de poner a la orden del día la cuestión de ampliación y revisión de programas". En la parte de propuestas programáticas, el Plan de Barranquilla, materializa esa intención de "programa mínimo" que proclaman sus redactores, al plantear como objetivos: 1. Gobierno civil, régimen de libertades y garantías y convocatoria a una Asamblea Constituyente. 2. Confiscación de los bienes de Juan Vicente Gómez, sus familiares y altos funcionarios de su gobierno. 3. Campaña alfabetizadora de los sectores obreros y campesinos. 4. Revisión de todos los contratos y concesiones celebradas con el capitalismo nacional y extranjero.5. Nacionalización de las caídas de agua. 6. Decretos de protección de las clases productoras. 7. Autonomía universitaria académica, funcional y económica.

El Plan de Barranquilla, que en su oportunidad fue motivo de debates, críticas, deslindes y toma de posiciones entre los jóvenes opositores a la dictadura de Juan Vicente Gómez, dentro y fuera de Venezuela, tuvo el mérito de ser el primer documento político que se propone una interpretación actualizada de la realidad venezolana, un diagnóstico y caracterización de su estructura económica, política y social, y unas propuestas de modificaciones y reformas que atendían a la necesidad de liquidar el fenómeno latifundismo-caudillismo, que bajo la protección y connivencia del capitalismo nacional y foráneo se constituían en los verdaderos factores que obstruían los desarrollos democráticos, progresistas y libertarios.







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