“Falta el Ministro…..”
Historia 24/11/2020 08:00 am         


Hace 72 años fue derrocado Rómulo Gallegos por una asonada militar, en un hecho clave en la historia venezolana.



La mañana del 24 de noviembre de 1948, Raùl Nass dejó las oficinas de la Secretaria de la Presidencia en Miraflores y atravesó la calle. Minutos después estaba frente al ministro de la Defensa, teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud, y el jefe del Estado Mayor, teniente coronel Marcos Pérez Jiménez. Sentado en un catre, con el rostro surcado por el sueño, Delgado leyó la carta en voz alta y se detuvo en el párrafo final:”Fuera cual fuere la decisión del Presidente de la República, ratificamos nuestra solidaridad y respaldo al Gobierno constitucional por él presidido”. Pérez Jiménez, que recorría nerviosamente la habitación, dio media vuelta e increpó a Delgado:”Esa carta no se puede firmar”. El ministro releyó el párrafo en silencio, volvió la mirada a Nass y le dijo:”Solamente si se quita esa parte firmo la carta”.

La carta mediante la cual el Gabinete renunciaba para dejar en libertad al Presidente de reorganizar el Gobierno era ya un recurso tardío. La fase final del operativo golpista se había desencadenado: el mayor Tomás Mendoza ya estaba sublevado en La Guaira y la ”Voz Dominicana” en Santo Domingo anunciaba la caída de Gallegos. Era el desenlace inevitable de una aguda crisis militar de varias semanas. Gallegos que esperaba con sus ministros en la “Quinta Marisela” de Los Palos Grandes había jugado la carta final en una reunión con la oficialidad el día 19,cuando en el patio del cuartel Ambrosio Plaza habló en tono firme sobre los riesgos del golpe de Estado y su invariable decisión de no aceptar presiones y que convendría solamente en la reestructuración del tren ministerial. Delgado y Pérez Jiménez alegaron entonces que el malestar era prácticamente incontrolable entre capitanes, tenientes y subtenientes y se comprometieron a visitar las guarniciones e informar sobre lo acordado en la reunión. Sin embargo, la versión que ambos dieron a la oficialidad fue confusa y muchos oficiales interpretaron que las palabras presidenciales eran el inicio de represalias y detenciones en masa y la activación de las “milicias partidistas” con las cuales se amenazaba al Ejército en la propaganda opositora.


“TRABAJO Y OBEDIENCIA”

Pero el terreno de la conspiración ya estaba abonado. Desde su regreso de una gira continental en la “Vaca Sagrada”(como se llamaba a los aviones presidenciales en alusión a la nave utilizada por Roosevelt y Truman) Pérez Jiménez se dedicó con tenacidad a promover los resultado de sus reuniones con el presidente Juan Domingo Perón en Argentina y con su profesor el general Manuel Odrìa quien al poco tiempo habría de asaltar el poder en Perú. Muchas de las lecciones y proyectos que se debatían a comienzos de la década del cuarenta en las aulas de la Academia Militar peruana de Chorrillos (PJ era destacado alumno de ella) cobraban ahora sentido concreto y se reivindicaba una “máxima” de los victoriosos coroneles argentinos del 43: ”Jamás un civil comprenderá la grandeza de nuestro ideal, por lo cual habrá que eliminarlos del gobierno y darles la única misión que les corresponde: trabajo y obediencia”

Otras gestiones que se hicieron resultaron igualmente inútiles. Ni el sorpresivo viaje del comandante Mario Vargas desde un sanatorio en Nueva York para hablar con sus compañeros en la acción del 18 de octubre; ni la intermediación de José Giacoppini Zárraga traído por Gallegos desde el Territorio Amazonas donde era Gobernador para parlamentar con los jefes militares, cambiaron las cosas. Desde meses atrás se había extendido la conspiración y creado en la opinión pública la impresión de que el Gobierno podía caer en cualquier momento. En septiembre, Betancourt recibió en Nueva York adonde había viajado para bajar la tensión de los golpistas una correspondencia de Valmore Rodríguez, presidente del Congreso Nacional en la cual le recomendaba regresar ante lo delicado de las relaciones entre el Gobierno y los militares. Ya en abril, con ocasión de la Conferencia Panamericana en Bogotá, un diplomático centroamericano lo alertó sobre las conexiones existentes entre Pérez Jiménez y Juan Pedro Vignale, el embajador que Argentina enviaría a Venezuela y las conversaciones de los conjurados con el Encargado de Negocios de Perú en Caracas. Pedro Estrada reveló también en sus primeras confesiones públicas que una invasión que se preparaba desde Brasil con la ayuda de aviones financiados por “Chapita” Trujillo el dictador dominicano y que según él habría de correr mejor suerte que intentonas anteriores, fue cancelada ante el convencimiento de que el golpe del 24 de noviembre resultaría exitoso.


TODO CONSUMADO

A las 12 del mediodía del 24 los insurrectos llegaron y ocuparon Miraflores. Minutos antes Leonardo Ruiz Pineda y Alberto Carnevali habían ido al palacio y junto con Raúl Nass oyeron el mensaje que se había grabado para llamar al pueblo a las calles. En silencio se vieron las caras en señal de que todo estaba consumado. Desde esa hora y hasta la medianoche cuando llegó Juan Pablo Pérez Alfonzo, los calabozos del Cuartel de Motoblindados se fueron llenando con los ministros depuestos, salvo aquellos que habían viajado a Maracay para formar un fallido Gobierno Provisional encabezado por el presidente del Congreso Valmore Rodríguez y el jefe militar de la plaza, el teniente coronel José Manuel Gámez Arellano. En ese instante entró al recinto el comandante José León Rangel, quién a última hora se sumó a la conspiración .Blandiendo el bastón de mando dijo en tono de burla:”Puede comenzar la reunión del Gabinete”. Desde un rincón se oyó la voz de Pérez Alfonzo:”Falta el ministro de la Defensa”. Era Delgado Chalbaud quién junto a Pérez Jiménez y Llovera Páez horas antes anunciaron a la nación que una Junta Militar integrada por ellos ya tenía en sus manos el poder de la República. 







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