Polémica entre Gallegos y Otero Silva
Historia 14/03/2021 08:00 am         


Rómulo Betancourt en su interés por normalizar su presencia en la vida política y desbloquear tradicionales adversarios



Ganó para las filas de su nuevo partido a figuras intelectuales de respeto como Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco y Manuel Martínez

Rómulo Gallegos, aún antes de asumir con firmeza y consecuencia una clara posición política, era un escritor y educador de gran prestigio y respeto, cuya dirección del Liceo Caracas le permitió ejercer influencia y ductoria sobre los jóvenes que en 1928 irrumpirían contra la ya longeva dictadura de Juan Vicente Gómez, marcando lo que más tarde se denominaría "la generación predestinada". Entre esa hornada estudiantil destacaban dos párvulos unidos por una solida amistad, que luego los deslindes ideológicos y las rupturas políticas se encargarían de distanciar: Rómulo Betancourt y Miguel Otero Silva. Atrapados por el virus marxista que prendió entre los jóvenes de aquel tiempo, participarían Otero y Betancourt en las acciones estudiantiles y más tarde en las incipientes experiencias militantes, en su primer exilio.

La política y las inspiraciones idearías comenzarían a marcar las distancias entre un Betancourt que progresivamente se aleja del sarampión marxista y se deslinda hacia el reformismo, y un Otero que percibía en aquellas elucubraciones betancuristas simplemente una traición a su ideario y un deseo de congraciarse o transar con los factores de poder en Venezuela. En 1936 cuando ambos se reencuentran a la muerte de Gómez, Otero Silva persevera en su militancia comunista, mientras Betancourt comienza a explorar los caminos socialdemócratas de la mano de proyectos que marcan decantación: Orve, el primer y segundo PDN, y finalmente Acción Democrática, puesta en escena el 13 de septiembre de 1941.

Betancourt en su interés por normalizar su presencia en la vida política y desbloquear tradicionales adversarios, gana para las filas de su nuevo partido a figuras intelectuales de respeto, entre otros a Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco y Manuel Martínez, convirtiendo al autor de Doña Bárbara en candidato simbólico de AD, cuando el Congreso Nacional elige como presidente al general Isaías Medina Angarita.

En octubre de 1944, en medio del fragor de una lucha política entre partidarios del general Medina Angarita (su partido, el PDV y los comunistas agrupados en UPV) y adversarios del régimen encabezados por AD, se realizan las elecciones municipales en el Distrito Federal, donde se confrontan ambas agrupaciones. El gobierno y los comunistas logran una categórica victoria en 21 de las 24 parroquias de Caracas, y entre los derrotados figuran el maestro Gallegos y el poeta Andrés Eloy Blanco, mientras Rómulo Betancourt, se salva, al salir electo por la parroquia de San Agustín.

Miguel Otero Silva, factor fundamental del entonces recién fundado diario “El Nacional” y cuyo talento, siempre salpicado de gracia y humor, era ya reputado, inserta un artículo donde expresa su sentimiento por la derrota de su antiguo maestro y del poeta Blanco. La reacción del ilustre novelista, cuyo mal genio era igualmente reconocido, no se hace esperar y contesta a Otero Silva con una carta donde no ahorra descalificaciones, entre otras cosas le señala: “Comienzo por decirte que no creo, que no he creído nunca ni en tu afecto, ni en tu respeto hacia mí, porque te conozco bien Miguel Otero Silva. Y para que no quedasen dudas de la exactitud de ese conocimiento hoy vienes a soliviantarme la vanidad de escritor -que generalmente es grande y tú lo sabes-contra la firmeza del hombre que comparte una actitud con leales compañeros.

La respuesta del derrotado presidente de AD se centraba en demostrar que Otero Silva pretendía crear incidía entre Rómulo Betancourt y él, poniendo en duda la lealtad y solidaridad de este con su persona; atribuyéndole a Otero razones de "mezquina rivalidad y ruin envidia con el fundador del Partido". Otero Silva, polemista de quilates contesta a su antiguo maestro expresándole “Agresivo maestro: la carta que usted me dirigió ayer desde tres periódicos, expresa dos categóricas expresiones suyas: la una política, que no comparto pero que no me ha sorprendido, y la otra personal con respecto a mí, que me ha dejado estupefacto”.

Miguel Otero no dejó pasar uno solo de los señalamientos de Gallegos, y en su exquisita replica le expone: "Como yo lo considero a usted más novelista que político, me agradaría verlo analizando la ubicación de sus personajes simbólicos en la Venezuela de hoy y rechazando indignado la simpatía que pernalete y mujiquita están demostrando con su partido” y más adelante y en relación a los epítetos que su antiguo maestro le lanzara, le recuerda: “Hace apenas dos semanas, en el fragor de la lucha electoral, cuando ambos contendientes lanzaban los más lesivos proyectiles, le llamé a usted para testimoniarle que yo no autorizaba, ni compartía , ni estaba dispuesto a soportar en silencio, que se arrojaran sombras sobre su nombre. Y usted me respondió con estas palabras.”No tienes necesidad de decírmelo Miguel. Yo conozco perfectamente la firmeza de tus sentimientos con respecto a mí".

Finalmente, Otero no concluye sin lanzar dardos a su antiguo amigo Betancourt mencionando: “No volveré a dar la cara por usted posiblemente. He comprendido un poco tarde lo ingrato de su cometido, en seguir usted creyendo en la lealtad inmaculada de Rómulo Betancourt, así sepa guardar silencio por conveniencias políticas cuando La Esfera arremete contra usted, y así deje abandonada su candidatura para garantizar el triunfo de la suya”. Y al despedirse, le señala: “Para cuando le toque a usted el turno de arrepentirse de la fe que ha puesto en el transitorio amigo de hoy, vuelvo a ofrecer mi respeto y afecto que usted hoy rechaza". Dos figuras cimeras de las letras venezolanas tuvieron este duro cruce epistolar en octubre de 1944. Cosas de la política.







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