El Soldado del “Porteñazo”
Historia 15/08/2021 08:00 am         


A Carlos Arvelaiz, a quien no conozco, pero respeto.



Por Isaac López


"Ayúdeme padrecito... y dígale a mi mamá como morí". Dicen que fueron las últimas palabras del joven soldado al sacerdote que se acercó a auxiliarle. La madre se llamaba Engracia Garcés de Quero, y era coriana.

Los hechos se inscriben en la historia contemporánea de Venezuela. En la historia reciente o historia del tiempo actual, señalan algunos. En los inicios del proyecto de democracia liberal, aquel sueño forjado en más de una década de dominio militar. 1962, tiempo de golpes y revoluciones diría Jesús Sanoja Hernández. Aquel año se promovieron y estallaron varias insurrecciones de cuarteles. Persistente anhelo de regreso al poder del perezjimenismo, y unión de logias o grupos de las fuerzas armadas y de sectores de izquierda radical que pretendian derrocar el gobierno de Rómulo Betancourt, libremente elegido por voto popular en diciembre de 1958. Carupano, La Guaira, Barcelona, Puerto Cabello... En el Diccionario de Historia de Venezuela, Carlos Romero Méndez señala: "En el amanecer del día 2 de junio de 1962, se produce una sublevación en la base naval de Puerto Cabello (Edo Carabobo), dirigida por el capitán de navío Manuel Ponte Rodríguez, el capitán de fragata Pedro Medina Silva y el capitán de corbeta Víctor Hugo Morales..." Romero Méndez apunta un saldo de más de 400 muertos y 700 heridos (Fundación Polar, Tomo 2, p. 810).

Al final la rebelión fue sofocada y sus principales instigadores y líderes fueron presos. Se comprobó la participación de destacadas figuras del Partido Comunista de Venezuela y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, ya comprometidos en la lucha armada. Los militares dirigentes pasarían a encabezar el aparato de dirección de las guerrillas: las llamadas Fuerzas Armadas de Liberación Nacional Testimonio de la confrontación entre militares venezolanos a favor y contra del gobierno de Betancour aquel junio de 1962 hizo el fotográfo Héctor Rondón Lovera para el diario La República.

Una de aquellas gráficas de dolor y muerte captó el instante en que un sacerdote recoge a un soldado herido. La foto recorrió las salas de redacción del mundo entero apareciendo en portadas de principales diarios y revistas. En 1963 le fue otorgado el famoso Premio Pulitzer. La periodista Macky Arenas señala en un texto titulado "Porqué esta imágen ganó el Pulitzer?" que en un principio hubo dos versiones del nombre del herido, oscilando entre el subteniente Luis Antonio Rivera Sanoja del Batallón Carabobo y el soldado Andrés de Jesús Garcés Quero de la Primera Compañía de Fusileros del Batallón Piar N° 31. Cita Arenas la tesis de Juan Carlos Solorzano donde expone las impresiones de Freddy Martínez Rey, jefe de fotográfos de La República en 1962. No tuvo dudas de que aquella era la foto del siglo (Aliteia, 10-05-2019)

En la revisión de periódicos falconianos encontramos para 1971 el siguiente titular del diario La Mañana: “Era coriano. Trasladan a Coro restos del soldado que pereció en “El Porteñazo””. Apunta el diario faclconiano que se llamaba Jesús Quero Garcés, originario de los barrios humildes de la capital de Falcón y cumpliendo servicio en el Batallón Piar de Barquimeto, de donde fue trasladado a Puerto Cabello -junto a sus compañeros- para contribuir a sofocar la rebelión.

El reportaje ocupa completa la primera página de La Mañana del día 19 de enero de 1971. Y junto al destacado titular, cuatro fotografías: una, tipo carnet de Jesús Quero Garcés; otra, cuando el jefe de redacción de La Mañana, Cecilio Antonio Nava, entrevista a Engracia Garcés de Quero, madre del soldado fallecido; otra, donde oficiales y soldados llevan los restos para una misa en el patio del Cuartel Mariscal Falcón, que oficiaría el Presbítero Asimilado Capitán Octavio R. Petit; y la ganadora del Premio Pulitzer, donde el Sacerdote Luis María Padilla, Capellán de la Base Naval de Puerto Cabello, sostiene al soldado herido. Había nacido el 10 de noviembre de 1940. En junio de 1962 prestaba servicios como Cabo Segundo en el Batallón Piar de Barquisimeto. Sus restos fueron trasladados a Caracas donde reposaban desde hacía nueve años.

Luego de muchas gestiones, sus familiares lograron el traslado de los restos del muchacho de 21 años a Coro. Los actos funerarios en la ciudad del occidente venezolano se llevaron a efecto el lunes 18 de enero de 1971, desarrollados en el Cuartel Mariscal Falcón, donde participó la alta oficialidad del Batallón Girardot. En los oficios también estuvieron los padres del soldado, Sixto Quero y Engracia Garcés de Quero, así como el único hijo del militar fallecido, de nombre William Quero. Al finalizar los honores los restos del soldado Quero Garcés fueron llevados para su entierro en el Cementerio General de Coro ¨(La Mañana, Coro, 19 de enero de 1971. p. 1.)

En su libro sobre La Lucha Armada en Venezuela (Universidad Bolivariana, 2006) el investigador Pedro Pablo Linárez señala que esa fotografía fue un trucaje. Una escenificación para golpear al movimiento insureccional. Presenta el testimonio de Pedro Medina Silva para desacreditar tanto a Rondón Lovera como al Padre Padilla: "...lo que no se dijo fue que el sacerdote, que aparece en la gráfica, había sido colocado allí a efectos de desmoralizar a los rebeldes" apunta Linárez; y luego cita a Medina Silva: "Ese cura vivía en Borburata, al lado de la Base Naval, pero ese cura era muy singón. Ese cura se iba todos los viernes a Valencia y el sábado regresaba. Pero ese sábado 2 de junio de 1962 cuando llegó a Puerto Cabello no pudo pasar, porque "La Alcantarilla" estaba vuelta un desastre, pero ya ahí no había acción de combate y le dijeron: -Póngase aquí. Y le dan un herido para que él lo recoja. Por eso es que yo digo que esa foto es preparada y después le dieron el premio Pulitzer, pero esa fue preparada y por supuesto que esa foto le dio la vuelta al mundo." (2006: 56)

Otro falconiano también está intimamente ligado a Puerto Cabello 1962. Se trata del cronista y reportero Alí Brett Martínez, quien dejó un libro titulado El Porteñazo, historia de una rebelión. La Aclaración inicial llama la atención: "Cualquier hedor de este libro no debe atribuírsele a los muertos, sino a los testigos falsos que en él aparecen." (LUZ, Núcleo Punto Fijo, 1999: 214) No hay documento que no pueda ser rebatido, cuestionado, criticado. De la formación del historiador dependerá el juzgamiento en el acercamiento a los hechos, la validación de sus fuentes. Pero a casi 60 años de la rebelión de Puerto Cabello, la foto de Rondón Lovera sigue denunciando lo mismo: un gesto de piedad en medio de la incertidumbre, de la violencia que somos.







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