Los palmeros de Chacao celebran sus 250 años sin poder subir al Ávila
Identidad 10/04/2020 07:00 am         


La primera vez buscaron las palmas para sanarnos de la epidemia



Proscritas las reuniones y los jaleos públicos,los palmeros de Chacao, suerte de cofradía de buena voluntad que voz en cuello cantan himnos de alabanza al Creador y elevan gratitudes a la naturaleza que honran, cofradía de caraqueños congregados en una especie de orden, podría llamarse la de los caballeros de la bendición, no pudieron este año, justo cuando se cumplen 250 años de la tradición que los convierte en protagonistas principales del Domingo de Ramos, subir a El Ávila a buscar las requeridas palmas.

Dejarían colgados los atavíos color caqui, el sombrero de paja o peloeguama, las botas, los collares de peonías y rosarios, y los machetes —“no troceamos ni cortamos, podamos”—, en casa, requerimientos de la cuarentena. El ritual que es su razón de ser y que una vez al año los hace internarse a los bosques del cerro que abraza la urbe, por primera vez quedaría suspendido. Desde 1770, y haciendo caso al vocero de la fe, el párroco José Antonio Mohedano un puñado de peones de las haciendas cercanas a la montaña —Blandín, Mohedano, San Felipe— accedería subir al Ávila a traer palmas con las cuales hacer cruces y remedar con la esperanza de las hojas frescas y bendecidas la procesión de Jesús cuando entra triunfal a Jerusalén. La idea era revivir la esperanza y convocar de nuevo al Salvador,que debía volver a entrar ahora en nuestros cuerpos enfermos. Sí, había una epidemia también de fiebre amarilla. Y, milagro, amainó. Cesaron las calenturas.

No solo por el redondo aniversario sino por obvias razones, la fe mueve montañas,los palmeros se habrían sentido frustrados por no traer las hojas de los anhelos a los caraqueños, pero es que ni siquiera las iglesias reciben feligreses, ni con tapabocas. Conocedores de los secretos medicinales, no solo van a por las palmas, registran para la memoria, en aquellas bitácoras de papel amarillento que conservan en la casa del palmero mayor, datos sobre las propiedades de las hojas y raíces y recetas que anotan de su puño y letra,así como los cantos que entonan en los caminos, de subida y bajada, y las peripecias del viaje.
Vale decir que los cuadernos que cuidan con primor, como los tantos objetos sagrados que pueblan la casa museo de Luis Reyes, aquellas biblias de versículos sueltos ya han sido editadas en un par de ocasiones por la alcaldía de Chacao que, con toda razón, ha asumido a los palmeros como bien patrimonial del país.

Luego de aquél prodigio, los buscadores de palmas se constituyeron en leyenda, luego en asociación, ahora son patrimonio. El plan que quedó en veremos es una ruta histórica. Subir el Viernes de Concilio, y bajar al día siguiente, en esta ocasión, el sábado 4 de abril, con los mazos de hojas tiernas para santificar en la iglesia de la Plaza Bolívar de Chacao. El regreso es un encuentro de abrazos. Una fiesta que también se suma a la escena cultural. 

En grupos de 15 a 25, tras ser despedidos con cantos y los besos de sus mujeres, suben a la llamada Cueva de los Palmeros, cerca de No te apures. El punto de partida es Sabas Nieves. Una vez arriba se instalan en la intensidad y el misticismo del procedimiento. Dicen que las palmas agradecen la poda porque, despejado el bosque, pueden ver de nuevo al Sol. Escogidas las palmas reales, se trepan por sus troncos, luego de la poda, proceso que los mantiene más de 6 horas encaramados, agradecen a las palmas la ofrenda. Han ascendido hasta 30 o 40 metros de altura, auxiliados de mecates y guindados de la pura fe. 

Abajo los rezagados cantan y cocinan, y lo demás es olor, sudor, bruma, sonidos de la selva. La bajada es el día de la fiesta. Traen las palmas para la bendición en la iglesia de San José de Chacao en un gesto que entienden como solidario y que “nos hace mejores”. Llegan extenuados, tras tantas horas a la intemperie y de trabajo, bajo el solazo o la lluvia, picados de bichos. Se trata de un itinerario colosal, de un pequeño remedo de Itaca.

Quizá hayan podido santiguarse en la cruz del Peñón Diamante, 65 metros a la derecha del Pico Oriental de la Silla de Caracas, erigida el 1 de julio de 1962, cruz que les pertenece y que fue colocada ahí por idea de los miembros de la Asociación de la Santa Cruz de El Pedregal, apoyados por el mismo Sabas Nieves. La cruz mide 3,30 metros de alto por 2,16 de ancho, y puede ser vista desde Caracas especialmente al atardecer. O sea, el Ávila tiene dos cruces, una inmensa que erigió la Electricidad de Caracas para bendecir el valle y esta que remeda a las minúsculas que se hacen con las palmas que nos traen los palmeros benditos.

El año que viene será.







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