Bolívar en Nueva York
Identidad 28/06/2020 08:00 am         


El autor es profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y de la Universidad Metropolitana (Unimet). En el texto detalla “notables curiosidades” que honran la memoria de Simón Bolívar



Por Arlán A. Narváez


Para la mayor parte de los venezolanos (y de los nacionales de los países bolivarianos) la relación entre Simón Bolívar y Nueva York se limita al conocimiento de la muy breve visita que realizó el joven Bolívar a esa ciudad en 1807 y del hermoso monumento ecuestre que le recuerda, desde 1921 (enfrente del de José de San Martín), al final de la Avenida de Las Américas en la entrada al Central Park, obra de la escultora estadounidense Sally James Farnham. Sin embargo, fuera de la “Gran Manzana”, el Estado de Nueva York tiene otras sorprendentes vinculaciones con nuestro Libertador. En efecto, en su geografía se encuentra un pueblo que casi con seguridad haya sido el primero en el mundo en llamarse Bolívar, para honrar la memoria del gran venezolano. Así mismo, no muy lejos de ese pueblo, la ciudad de Salamanca, NY, testimonia su reconocimiento al Libertador con un pequeño monumento en un parque que hoy se llama Simón Bolívar.

Los orígenes de estas notables curiosidades se remontan a febrero de 1825, cuando el triunfo de Ayacucho, del año anterior, se comentaba en el mundo y era festejado por amantes de la libertad; la figura del Libertador era conocida y admirada en todo el orbe y se le asociaba con los ideales de libertad e independencia. En los Estados Unidos aún no habían transcurrido 50 años de su nacimiento como país y la efervescencia que impulso su independencia y democracia aún henchía el pecho de muchos de sus habitantes. Esta circunstancia habría de permitir una especial valoración de la gesta y figura de Bolívar, y así se su dio el nombre a diferentes lugares en los Estados Unidos. Pero el mérito de haber iniciado esta sucesión fue de Nueva York, el 15 de febrero de 1825, a escasos dos meses del triunfo de Ayacucho (diciembre de 1824), cuando los pobladores de un lugar del suroeste del Estado, muy cerca de la frontera con Pennsylvania, se reúnen para constituir legalmente un pueblo y votan unánimemente por darle el nombre de Bolívar, en reconocimiento “… al Libertador Suramericano, que acababa de completar la revolución contra la tiranía de España, tal como Washington tuvo éxito guiando a los colonos en la revuelta contra el Rey Jorge 40 años atrás” (Traducción del autor del texto tomado de los archivos del pueblo).

Vale la pena enfatizar que hasta esa fecha a ningún pueblo en el mundo se le había dado el nombre del Libertador. Solo 9 meses después, en octubre del mismo año nace Bolívar en Tennessee y, en diciembre, Bolívar en West Virginia; estos 3 pueblos adoptaron ese nombre 5 años antes de la muerte de su grandioso epónimo. Con el tiempo fueron adoptando ese nombre otros lugares (listados alfabéticamente) en Alabama, Arkansas, Georgia, Indiana, Louisiana, Maryland, Mississippi, Missouri, Ohio, Oregón, Pennsylvania y Texas. Debo decir que me han hecho llegar un escrito donde se afirma que a un lugar en Texas le dieron el nombre de nuestro Libertador en 1816, la Península de Bolívar, muy cerca y al sur de Houston, en el condado de Galveston. No he podido confirmarlo pero la lógica histórica hace muy improbable que haya sido así, primeramente porque en 1816 Bolívar realmente no era más que cualquiera entre varios otros notables líderes militares luchando por la independencia en Hispanoamérica y tanto su nombre como se figura solamente se llegarían a destacar en el mundo varios años después. Y en segundo lugar, muy importante, porque en 1816 Texas era parte del Virreinato de Nueva España (México), todavía y por varios años más (la Independencia se consuma en Septiembre de 1821) bajo dominio colonial de España, por lo que resultaría ilógico que honraran a alguien que luchaba contra ese dominio que ellos ejercían. De cualquier forma, aunque la Península hubiera precedido a Bolívar, NY en tomar ese nombre, este poblado parece seguir siendo el primer pueblo en hacerlo.

La casualidad hizo que Bolívar (NY) tuviera algo más en común con Venezuela y así, en 1881, se descubre petróleo en la zona y el pueblo pasa a ser un productor de cierta importancia en la región. Los derivados del hidrocarburo que allí se procesaban, se envasaron con el nombre de Bolívar (tengo varias latas y frascos que me dieron en el sitio) y en el Museo del pueblo pueden verse antiguos surtidores de gasolina identificados como “Bolivar Gas”. La producción ha declinado y hoy es muy pequeña, pero el pueblo aún vive de los servicios a la limitada actividad petrolera de los alrededores.
Bolívar (NY) se sumió en el anonimato de los venezolanos. Ni gobiernos, ni particulares de nuestro país se interesaron por mantener vínculo alguno con el pueblo que fue, poco a poco perdiendo la noción y relación con su nombre, hasta los años finales de la década de 1950. En estos años un personaje estrechamente ligado a la actividad petrolera en el pueblo, Clarence “Mike” Schaffner, comienza tímidamente a rescatar la relación del lugar con su epónimo, hasta lograr conseguir y llevar a la población, en 1964, un enorme (y feísimo) busto de yeso del Libertador que se exhibía en el pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de Nueva York. Schaffner, como alcalde del pueblo, logra crear y se empeña en darle vida al “Museo de los Pioneros del Petróleo”, donde emplaza el busto en lugar privilegiado. En 1983, como estudiante de post-grado en la Universidad de Cornell, el autor de esta reseña tuvo conocimiento de la existencia del pueblo y lo visita, acordando con Schaffner organizar diversos eventos para celebrar el bicentenario del natalicio del Libertador. Hasta entonces solo aparecían en los registros de visitantes del museo y del pueblo los nombres de tres venezolanos: Luken Quintana, José y Milagros Rus.

Las actividades para conmemorar el bicentenario se desarrollaron de julio de 1983 a julio de 1984 y, además de rescatar la estrecha relación entre el pueblo y la memoria del Libertador, contribuyó para que sus habitantes se empaparan de la vida del gran hombre y de los países bolivarianos. La masiva y entusiasta participación de los pobladores en las celebraciones constituyeron una bellísima muestra de amistad y buena voluntad internacional. Más de 150 visitantes de países bolívarianos, mayormente estudiantes de Cornell, quedaron registrados en el libro del museo y aportaron artesanías y otros objetos típicos de sus países para crear una sección dedicada a la Amistad Panamericana. Al año siguiente llevamos un enorme busto en bronce del Libertador, replica de una de las obras del escultor Pietro Tenerani, como el que existe en las Plazas Bolívar de la mayor parte de los poblados en Venezuela que, ciertamente, el pueblo de Bolívar merecía tener. El busto fue donado por el Ministerio de la Defensa, por intermediación de mi hermano cuando se desempeñó como Ministro; llevarlo fue toda una hazaña ya que pesaba casi 140 kilos. Junto con el busto aportamos al museo del pueblo una extraordinaria colección de obras de arte donadas al efecto por algunos de los más prestigiosos artistas venezolanos de la época: Pedro León Zapata, Dalita Navarro, Regulo Pérez, Campos Biscardi, Marisabela Erminy, “el Indio” Guerra, Beatriz Arocha, Carolina Boulton, Cándido Millán, María Hermina Morales, Renato Cartesi y Julio Pacheco, entre los más conocidos. De esta forma, los viajeros que pasan por el pueblo se quedan sorprendidos de la riquísima colección de obras de arte y artesanías que encuentran en el hoy Museo de los pioneros del petróleo y de la Amistad Panamericana.
El nexo de Salamanca, NY es más reciente. Esta ciudad a escasos 63 Kms de Bolivar, NY, hacia el oeste, está enclavada en tierras de la reservación india de la Nación Séneca, casi al extremo suroeste del Estado de Nueva York y a escasa hora y media al sur de las Cataratas del Niágara. La “Legión Americana” de esta ciudad, en julio de 1941, por iniciativa propia, erigió un pequeño monumento “…en honor al soldado, estadista y Libertador y para conmemorar la unidad, cooperación y solidaridad que existe entre Norte y Sur América”, en un céntrico parque que se llamaba Triangle Park. La sencilla placa del monumento reza: “En honor a Simón Bolívar, Libertador Latinoamericano. Legión Americana del Condado Cattaraus. 1941”. En 1983, a propuesta de quien escribe esta nota, el Alcalde John Gould se suma entusiastamente a la celebración bicentenaria del natalicio del Libertador y así , entre otras disposiciones, declara el último de su importante Feria de Otoño (Falling Leaves Festival) como “Día de los países Bolivarianos”; cambia el nombre del parque donde se encuentra el monumento al Libertador para que se llame Parque Triangular Simón Bolívar (Simón Bolívar Triangle Park); proclama la celebración del año bicentenario; declara los visitantes de Centro y Sur América invitados de honor de la ciudad, y dedica los festejos de la feria de 1983 al Libertador.

Durante estos festejos las banderas de los seis países bolivarianos, desplegadas por estudiantes de esos países, encabezaron el desfile que fue presenciado por más de 20.000 personas. Al finalizar la celebración del año bicentenario, en julio de 1984, el Alcalde Gould, en nombre de los pobladores de Salamanca, hizo pública una proclama de agradecimiento a los países bolivarianos, cuyo hermoso texto expresa “…especial agradecimiento a la gente y al gobierno de la República de Venezuela, quienes nos han educado, nos han honrado y han celebrado con nosotros en nuestro mutuo amor de Libertad e Independencia”. El original de esta proclama, todavía en mi poder, nunca pudo ser entregado al Ejecutivo Nacional, debido a que no respondieron las muchas comunicaciones al respecto que le fueron enviadas. Lo más notable y sorprendente de la relación entre Bolívar, NY y Salamanca, NY con la memoria de nuestro Libertador es que tales nexos surgieron espontánea y entusiastamente de la iniciativa de sus pobladores. Así mismo la revitalización de sus vínculos y las actividades realizadas para conmemorar el bicentenario bolivariano, impulsadas principalmente por estudiantes de países bolivarianos en la región, recibió el inmediato aporte y dedicación de los ciudadanos de esos lugares, nuevamente orgullosos de perdurar la memoria e ideales de nuestro Simón Bolívar. Hasta la fecha no ha surgido ninguna institución pública o privada deseosa y dispuesta a mantener viva la relación con esos lugares y a velar por un contacto permanente con el Museo de los Pioneros del Petróleo y de la Amistad Panamericana, en Bolívar, NY. Ojala no se dejen apagar nuevamente tan significativas vinculaciones con nuestra identidad e historia.







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