Esplendor y Vida
Identidad 26/07/2020 08:00 am         


La periodista y presentadora de televisión que reside en el exterior versiona a la ciudad que ahora “sufre con los remiendos y la ignorancia”.



Por Elizabeth Camino


Escribir sobre Caracas en la distancia, tiene, al menos para mi una forma distinta, una sensación de añoranza, de recuerdos muy presentes de la ciudad donde nacì, a la que pertenezco aunque esté lejos, pero que sigue allí metida en un lugar de mi corazón. Y verla desde aquí me permite reconocer cuan duro han sido estos cambios drásticos y dolorosos que hemos padecido junto al abandono y el maltrato que paralelamente también ha vivido mi ciudad.

Una metrópoli otrora llena de esplendor y vida; y que hoy sólo son recuerdos. Por eso, estar lejos es la posibilidad de contarles mi particular relación con Caracas, que va más allá del verdor permanente de los árboles, de esa maravilla de montaña mágica que alegraba mis días de sólo mirarla y descubrir cada momento el cambio de color según la luz del atardecer. O la fiesta de esos seres alados, que visitaban mi jardín, sin faltar, para buscar un lugar donde pasar la noche, no sin antes pelearse las escandalosas guacharacas, con los loros y las guacamayas o los trinos de algunos pajaritos que hacían nidos en otros árboles. El disfrute de una tarde ya entrando en el ocaso con la hermosura de un cielo colorido.

Así pasaba mis días, compartidos con estas bondades en contraste con la otra cara de una ciudad plena de calamidades y tristezas, de una lucha permanente de miles de personas sufriendo y tratando de sobrevivir, la indiferencia y falta de solidaridad ante situaciones difíciles.

Cuando estos recuerdos vuelven a mi mente, me invade una inmensa tristeza. Sentirme extraña en mi ciudad, no encontrarme en ella, aún siendo la misma, con los mismos lugares pero ajena. Tropezar con personas con la mirada ausente, como si nada ya importara. Esa es la Caracas que se inventó otra historia para sobrevivir. Que se escondió de la agresión permanente a sus recuerdos, a sus hábitos, a su esencia, a la indiferencia de propios y extraños.

Caracas se resguarda para mejores tiempos. Sufre con los remiendos y la ignorancia. Se mantiene entre el amor y el odio, luchando por no sentirse culpable de males que no asume como suyos. Languidece mi ciudad cada tarde y se reinventa cada mañana. Yo desde aquí la sigo celebrando, soñando con mi Ávila y su fular de nubes, las mañanas de sol y brisa suave, porque también eso es Caracas, allí es donde están mis recuerdos y la gente que amo.

Caracas, hoy en tu cumpleaños te regalo mi amor. 



Crédito Foto: 
Oswer Diaz








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