Los Misterios del Bosque Nublado
Identidad 16/08/2020 08:00 am         


En ese paraíso vegetal hay una silenciosa gruta, rodeada de flores, donde cada año coronan a la Virgen Milagrosa



Está ubicado en las afueras de Caracas y es un misterio natural luminoso. Allí todo se olvida y se logra la desconexión de la terrible cotidianidad. El bosque, con su neblina y su sigilo y su secreto, es como un enigma de intimidad. Topotepuy es un complejo de jardines ecológicos con plantas muy variadas, flores hermosísimas y un ambiente bucólico y seductor, a los pies del cerro El Ávila. Los días son brillantes y coloridos y las tardes ofrecen unos crepúsculos inigualables. El parque es un auténtico mirador sobre la parte norte del Valle de Caracas.

Enmarcado por el Parque Nacional El Ávila, sus vistas son privilegiadas. El lugar permite respirar un aire completamente puro y deleitarse con un fresco de montaña que acaricia como una seda. Su nombre es compuesto. Topo viene de tope o cumbre; y Tepuy es una clase de meseta especialmente abrupta -las formaciones más antiguas de la Tierra- con paredes verticales y cimas relativamente planas características del escudo guayanés, principalmente en la zona de la Gran Sabana venezolana.

El paisajismo fascinante de Topotepuy es un regalo a la vista. Captura de inmediato. El espíritu se relaja entre la florificación que ocurre en distintas épocas del año, momentos en que colibríes, abejas de diferentes colores, libélulas, escarabajos y muchas clases de pájaros succionan el polen y el néctar de las múltiples especies de flores. Ah!, también habitan en el lugar serpientes, alacranes y perezas. La gente que ama la jardinería tiene allí un edén: hay instructores que enseñan a tratar a los bonsái, las orquídeas, bromelias, los secretos de la jardinería, del cuido de las hierbas y hasta se aprende yoga y pilates, acuarela, dibujo y pintura. El privilegiado ambiente de paz y armonía con la naturaleza favorece todo ello.




OCULTO EN UN “VOLCÁN”

Es un oasis oculto con guías, instructores y un enjambre de jardineros, además de profesionales paisajistas. Toda esa atención y devoción por el entorno y la naturaleza hace la diferencia con otros parques y sitios de esparcimiento al aire libre los cuales, por lo general, son víctimas del descuido y la inercia de deterioro en que se encuentran casi todos en Venezuela. La zona se llama “El Volcán” en cuyos picos se encuentran ubicadas las antenas y repetidoras de buena parte de las estaciones de televisión de Caracas. El intenso y extenso verdor impresiona. Hay una serie de jardines temáticos; dos jardines asiáticos, dos de plantas de otros continentes, uno de rosas, un jardín xerófito, uno de hierbas, un jardín floral, uno acuático, un jardín de sombra con helechos, un huerto reciclado, que es un aula abierta construido de cauchos y material reciclado, utilizado para dar orientación sobre la producción de alimentos utilizando métodos como la hidroponía.

La señora Blanca Vera, encargada de las Relaciones Institucionales de Topotepuy, tiene la historia de este mágico lugar: “En 1959 esta propiedad de cuatro hectáreas fue adquirida por los esposos Billy y Kathy Phelps, en principio, como casa de descanso pero también para desarrollar proyectos de ecología y ornitología. A esta propiedad la llamaron Topotepuy, en recuerdo a sus años de expedicionarios, los cuales lo familiarizaron con las formaciones geológicas que se encuentran al sur de Venezuela llamadas tepuyes”.


UN HECHIZO QUE EMBELESA

Billy y Kathy –renombrados conservacionistas y referentes del naturalismo en el país- realizaron más de 40 expediciones por todo el territorio nacional para armar la colección privada de pájaros más grande de América del Sur. Ella crece y se desarrolla hoy en esos Jardines Ecológicos Topotepuy, un sitio para abrazar a la madre naturaleza. El arquitecto paisajista fundador fue Ricardo Fuenmayor, quien realizó el diseño y se dedicó con increíble fervor a su cuido y desarrollo…hasta que corrió la misma suerte de tantos venezolanos: fue asesinado a tiros en mayo de este año (2020) cuando su vehículo fue interceptado al colocar los criminales obstáculos en la vía. Una conmoción, y no solo para el mundo naturalista y sus colegas de Topotepuy, sino para toda Venezuela. No fue sino hasta el 2008 que estos maravillosos espacios fueron abiertos al gran público. Los caraqueños y visitantes de todas partes que frecuentemente llegan allí se encuentran con un auténtico paraíso vegetal. La finalidad era desarrollar conciencia ecológica, protección ambiental y conservacionismo en las familias venezolanas. ¡Y vaya que lo han conseguido!



Allí se desarrollan muchos eventos, tanto individuales como corporativos, desde bodas –que son un espectáculo con la fotografía y videos envidiables-, pasando por filmaciones diversas, hasta talleres de conservacionismo y conocimiento de nuestra flora y fauna. Es interesante observar cómo se despierta el interés de fotógrafos y aficionados a las artes gráficas, naturalistas y jóvenes universitarios inclinados a la tarea ambiental. El apoyo y guía de muchachos especialistas en botánica o biología acompaña las visitas. Todo está muy bien organizado y atendido. A fin de cuentas, como dicen sus gerentes, “es el único bosque nublado que queda en las cercanías de Caracas y es nuestro deber protegerlo pero a la vez, promocionarlo para que lo conozcan y lo aprendan a querer y cuidar”. “Sería difícil decidir qué me gustó más del lugar, si la vista de la Caracas de nuestros tormentos (que de lejos se ve tan bonita e inofensiva), la paz que se respira, en donde eres capaz de dejar tus pertenencias sin miedo a que desaparezcan, la sección de jardín japonés o los inquietos colibríes que te recuerdan que la felicidad está en los pequeños detalles”, escribió Yesmin Sánchez en su crónica de Sala de Espera.


EL BOSQUE NUBLADO

En esas cuatro hectáreas, apenas a media hora de Caracas, una de ellas esconde los exóticos misterios de los Jardines Ecológicos Topotepuy: su Bosque Nublado o Bosque de La Virgen. Se trata de un bosque, nublado en realidad, con su clima tan fresco y sus altos y frondosos árboles que se convierten en un techo que bloquea la entrada de los rayos del sol. La Virgen, bajo la advocación de la Medalla Milagrosa, tiene allí su gruta. Adentrarse en su silencio y su puridad intriga y sobrecoge. Su sencillez también habla de la vida natural y nos convence de que hay algo sagrado en esa galería. La tradición de coronarla cada año ya es parte de la historia de Topotepuy. Devotos de la Madre de Dios, realizan una sentida procesión por ese emporio de esencia viva y llegan hasta Ella con sus flores entrelazadas en una hermosísima corona multicolor para ajustarla en la cabeza de la imagen. Allí se queda hasta que las flores marchiten, esperando el año siguiente para homenajearla de nuevo. Es una fiesta semi-privada de quienes laboran en Topotepuy.

Ellos han confiado a La Milagrosa su protección y su trabajo. No podían tener mejor intercesora. Topotepuy, en medio de tanta dificultad, cumple asombroso rol de primera importancia en esta Venezuela desprovista y dolida, con su canto a la vida, a la naturaleza, a la belleza y a la esperanza.

Aleteia








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