Juan José Peralta, la alegría de baja
Identidad 08/10/2020 02:00 pm         


Conocido periodista y cronista, falleció el martes 6, en Barquisimeto, víctima del coronavirus. En el siguiente texto, se destacan elementos de su personalidad por una compañera de trabajo.



Érase una sonrisa a un bigote pegada, y ambos a Juan José Peralta, Popeye. Bajo, de contextura media, sin aspavientos en el vestir, y despojado de corbatas, protocolos y pretensiones intelectuales,este ávido lector, amigo de Gabriel García Márquez,y de quien fue su “chofer” en varias de las visitas que hizo al país donde por un buen rato vivió,debían incluir pasear por los bajos fondos, vivir la calle, comer y beber en buena compañía. La de la palabra libérrima. Feliz e indocumentada. Sin ningún tipo de poses, Popeye abonaría a la causa de la literatura todas sus simpatías, que simpaticazo era. Tenía por cierto un aire al Gabo y la ausencia de porte de Juan Charrasqueado.

Barquisimetano que ejerció el periodismo intermitentemente en Caracas y en Lara, ocupando aquí y allá todos los roles y cargos del menú comunicacional, léase redactor, secretario de redacción, entrevistador de televisión, locutor de radio, coordinador de proyectos comunicacionales de instituciones públicas y empresas privadas, Lagovén o el Ministerio de Educación, exploraría incluso el target infantil como coordinador de la exitosa revista La Zaranda. Hasta que una vez repasada la realidad en todas sus aristas, se arriesgaría con la ficción y devendrá novelista. 



Recién coronaba ese capítulo pendiente, la ficción, con una obra de nombre que abruma: Estos muertos míos.Trabajo casi póstumo, con él, según le dice a Maritza Jiménez en abril de este año, en El Universal, le hace justicia al poeta Pedro Luis Hernández, venezolano nacido en México por las carambolas del exilio, destino escogido ante la amenaza, colmillos mediante, del dictador de turno. Hernández regresará luego al país en tiempos de democracia, ay, donde muere tan joven, antes de los 40, como Ramos Sucre o Salmerón Acosta. “Pero no se trata de una narración fúnebre”, le advierte a Maritza, “hablo de sus amoríos, travesuras y encantos”. 

Nadie hubiera creído lo contrario, Popeye.

Digamos que siempre extrajiste de la realidad lo increíble y de la crudeza, arte de magia mediante, lo gozable. Con un cuento desbordante en la boca que evidenciaba tu manera de ver la vida, y descubríatu sabiduría para detectar, como buen pescador, lo imposible entre los entresijos, escogerás de entre todas las posibilidades, tinta, ondas hertzianas o rayos catódicos la chanza como tu plataforma de comunicación dilecta. Siempre informado, vital y sabueso tras la novedad, elegirás la alegría como número ganador para ti y para compartirla. 

Amigo atento que sorteabas las dificultades con gracia de torero,amigo que conversabas con chispa sobre los temas más álgidos,amigo querido por tutalante potable y llano, tu fácil afectuosidadconseguiría rápidas reciprocidades. Amigo sería la palabra común con que en coro te despedimos. La muestra es la despedida que en las redes tejen los que compartieron contigo en la universidad, en las causas gremiales, en las oficinas burocráticas, en la calle y en la candela. Thaelman Urgelles, desde Miami, evoca tu humanidad; Henry Álvarez, desde Uruguay, lamenta la soledad en que nos dejas; Manuel Felipe Sierra se bate dolido contra el virus chino. 

Por cierto no eras un crío cuando la parca, horas atrás, te visita con sus prisas incomprensibles, arbitraria que es. ¿Pero no estaba blindada tu jovialidad? ¿A qué tanta impaciencia? La alegría te blindaba,te volvía pez en el agua, aun las más turbulentas y, así lo parecía. Quienes te conocimos, pese al apuro, igual agradecemos esa persistencia tuya por acomodar la vida y hacerla buena. Presencia requerida entre cables, luces y pasillos de televisoras o redacciones, esos paraísos en 3D donde se compartía con vecinos de teclado las vivencias del día o se sugerían ideas para salir de un atasco sintáctico,estarás ahora libando junto a tu entrañable colega Ángel Rivero, Riverito, compadre tuyo que también llegó de Lara convocando la palabra cierta y que hace poco también se marchó. Estarán hablando sin parar, como dos que siempre fueron panas. Hermanos. Pares de acento y contextura. Algo así como Al Pacino y Dustin Hoffman. No te vayas a reír.







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