"Matracas" que van y vienen
Identidad 18/10/2020 08:00 am         


En Venezuela las encuestas van y vienen y nadie sabe de dónde surgen sus resultados.



Por Gustavo Oliveros


Y mucho menos cual institución, empresa o individualidad las manda a elaborar; y lo peor, aparte de una que otra encuestadora conocida por sus aciertos, estas otrasbajo dudosa reputación, zanganean al son que les toquen sin ningún prurito, ética, moral o al menos vergüenza. Al fin y al cabo el cliente siempre tiene la razón y “como vaya viniendo, vamos viendo”. El caso es que una de ellascon patronímico rimbombante me envía unos resultados que impresionan en donde se afirma que el 80 por ciento del personalde varios ministerios no desea volver a sus puestos de trabajo, una vez finalizada la crisis pandémica.La deserción, incluso en la semana de relajamiento en la que deberían prestar servicio, es tan elevada que los pocos que asisten se regresan a sus hogares padeciendo el vía crucis que significa trasladarse de un lado al otro de la ciudad en transportes que circulan sin atender las másmínimas normas de protección contra la pandemia.

Según se aprecia en la encuesta, la primera causa de deserción tiene que ver con el salario mensual equivalente a dos dólares. Luego vienen otros motivos como la merma de la llamada carrera administrativa, el aumento de contrataciones de personal no calificado en puestos directivos y el trato vilipendioso del cual son objeto por personal ajenos a la institución, quienes se atribuyen la facultad de intimidar a todo aquel que eleve una queja por malas condiciones de trabajo. Pero hay más, la mayoría de los directivos de los distintos departamentos ministeriales suelen ser soldados con grados de sargento o técnicos superior de la universidad bolivariana, lo que suele crear conflictos con los empleados fijos, licenciados en carreras diversas con maestrías y doctorados en universidades públicas y privadas.De allí que muchos (sea verídica o no la encuesta mencionada) han optado por buscar otras alternativas que le permitan el mantenimiento familiar y estos seis meses de pandemia les han abierto las puertas para en vez de ganar dos dólares mensuales puedan, al menos ganar diez “verdes” diarios bajo distintos emprendimientos. Por ello, ese 80 por ciento no regresará a sus escritorios y desde ya, según también se observa en la encuesta, están dispuesto a jubilarse pues una liquidación salarial por renuncia, no les daría ni para hacer el mercado por una semana luego de más de veinte años de servicio Mientras que una jubilación sumaría dos dólares más al mes a sus nuevas ganancias.


¿Emprendimientos?

La palabra emprendimiento no existe en el diccionario de la Real Academia Española, pero según los expertos proviene del francés entrepreneur (emprendedor) cuyo sentido es asignado a quien innova en algún tipo de proyecto, teniendo claro que innovar significa introducir alguna originalidad en algo, un “algo” que no aplica en Venezuela ni con los empleados públicos ni con los privados, a menos que ese algo se entienda como copiar lo que otros ya venían haciendo desde hace años como forma de vida. Ahora todo lo que se observa es una competencia a muerte por sobrevivir, un mercado persa, un sálvese quien pueda aunque tengas que aprovecharte de la necesidad del prójimo. Una pelea a muerte entre los que vivían del empleo informal que ocupaba el 30% de la población hasta el 2015, y los que ahora les disputan ese espacio una vez abandonado sus cargos en el sector público.

Según José Manuel Aguilera, economista y profesos de la Universidad Católica Andrés Bello, la modalidad del informalismo alcanza el 70%. El desempleo es abrumador y los pocos empresarios que aún se atreven a invertir lo hacen a riesgo con su propio capital. De esta manera procuran conservar una planta baja de trabajadores, cancelando sueldos acorde a la productividad que les permite disponer de una suma de 20 dólares (equivalentes a 8 millones de bolívares) que suponen veinte salarios mínimos mensuales, al cambio actual de 400 mil bs por dólar. Esta actitud del empresariado ha permitido que el país cuente con un abastecimiento precario de producción nacional, el resto que se ve en las estanterías de los bodegones, que brotan por doquier en los rincones más extraños de la ciudad, es mercancía importada financiada de forma irregular ante el laissez faire del gobierno, que se hace de la vista gorda en medio de la crisis.

Pero la deserción pública tiene otro matiz que va más allá del hecho de ganar dos dólares mensuales: desaparecieron las “comisiones”, los llamados “gestores”, los “lavadores de manos” y los chantajistas de oficio; aquellos que te retienen un documento hasta que no te “bajas de la mula” con cientos de excusas. “En el ministerio de educación ya no se pueden falsificar los títulos de bachiller y ganarse una vainita”, dice Tulio Fernández, quien se desempeña en esa institución desde hace 25 años: “No hay ni papel, por eso prefiero jubilarme y dedicarme a otra actividad para alcanzar el valor de la canasta alimentaria”. “En la misión vivienda", indica Amalio Rodríguez, “no hay manera de negociar un contratico, porque tanto las construcciones nuevas como el mantenimiento de las existentes son concesiones que están paralizadas, pues ninguna empresa quiere hacer obras para el gobierno”.

La negativa tiene que ver con el pago a destiempo cuando ya lo cobrado se lo ha llevado la inflación. Adquirir material como cemento, cabillas, bloques y hasta clavos termina siendo un viacrucis para cualquier proveedor de servicios. Ni hablar del ministerio del ambiente, a menos que estés unido a las mafias del oro al sur del país; o el agrícola en donde ni las grandes hacienda se pueden invadir porque bandadas de campesinos hambrientos se han robado las reses, los caballos y hasta se han comido los burros. En fin, lo que se apreciará a futuro será una desaparición de la burocracia y de las decenas de organismos creados por el gobierno para repartir cargos cuyo objetivo era ser el único proveedor de empleos. Una forma de garantizarse miles de votos en las elecciones que les permitía perpetuarse en el poder.

Pero no todos están inconformes con sus cargos y es vox populi que los dependientes del ministerio de justicia e interiores, cancillería y salud tienen carta blanca para el rebusque. Nada como ser funcionario policial, trabajar en un registro público o en el despacho de pasaportes, pues si bien el papel escasea en otras entidades, en esta última sobra hasta para imprimir el futuro billete de cien mil bolívares. La otra veta viene con el apostillar títulos universitarios, allí el oro brilla no precisamente por su ausencia y el “verde” es el color predominante. Finalmente está el negocio de los remedio para pacientes con enfermedades crónicas en donde la compasión hace rato se fue de viaje, pero no en el mismo avión en que se montaron los que murieron en una cola a la espera de un medicamento que solamente es distribuido por los organismos estadales. Un célebre y conocido periodista Juan José Peralta fue uno de los tantos en viajar hace apenas unos días a la espera de una ayuda que nunca llegó y que le pudo haber salvado la vida.

Así se sigue sobreviviendo en Venezuela: “mientras vaya viniendo, vamos viendo”








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