El presente del trabajo
Identidad 24/01/2021 08:00 am         


Esta nueva realidad ofrece más pistas sobre el futuro del trabajo y de las grandes tendencias que ya están presentes



Por Alejandro Marius


“Como mirar a ambos lados antes de cruzar la calle y luego ser golpeado por un submarino”, escribió un niño de 9 años en la encuesta sobre las palabras y frases más populares del 2020 que realiza el Washington Post. A esta elocuente y creativa frase le acompañan palabras expresadas por todos los encuestados sobre el año pasado, y en el top 10 están: agotamiento, perdido, caótico, implacable, surrealista, inactividad, limbo, desgarrador, pesadilla, sueños rotos y asfixiante.

Ya se ha escrito mucho sobre cómo nos ha tomado a todos por sorpresa ese “submarino” llamado coronavirus, que además de haber sido la palabra más buscada a nivel mundial en Google durante el año pasado, promete seguir impactando muchos aspectos de nuestras vidas en el 2021; pero quisiera detenerme sobre cómo ha afectado el mundo del trabajo.

Sin duda, uno de los aspectos que ha traído esta pandemia ha sido en el cambio del modo de trabajar, o en el hecho dramático de quedarse sin trabajo. Todos los pronósticos sobre el futuro se han adelantado porque, además del ya esperado impacto de la tecnología en todos los aspectos de la vida, se han puesto en la palestra todos los trabajos relacionados con la salud y el cuidado de personas; y, por si fuera poco, el confinamiento mundial sirvió de medición sobre el impacto que se está generando sobre el medioambiente. Además, los indicadores sobre el desempleo, economía informal, políticas de seguridad social y emprendimiento se han desplomado a nivel mundial, afectando especialmente los países en vías de desarrollo.

Esta nueva realidad ofrece más pistas sobre el futuro del trabajo, que ya casi se ha convertido en el presente del trabajo. Resultan muy interesantes los 5 factores considerados en el último reporte del Foro Económico Mundial (WEF), proyectados para el año 2025. Sin embargo, es necesario profundizar sobre cómo manejar las dos riberas de un rio para que el agua del desarrollo global fluya y no se convierta en un pantano con consecuencias nefastas. Por un lado, está la necesaria ribera futurística, tecnológica y de las grandes tendencias que ya están presentes, y por otra parte la de combatir las brechas sociales, económicas, educativas y tecnológicas, para no seguir profundizando en la inequidad, injusticia, desigualdad y sufrimiento en los pueblos.

Viviendo en un país como Venezuela, en el continente más desigual del planeta, pareciera difícil y lejano hablar del futuro del trabajo, sin embargo, la realidad es irónica. No podemos esperar que las brechas se cierren para comenzar a prepararnos para ese futuro cercano, porque incluso es una manera de ir acortando distancias. Miremos sólo 5 de las competencias que estarían en la lista del top 10 del WEF, para luego verificar si quien vive en Venezuela, de manera planificada, forzada o intuitiva las han comenzado a desarrollar precisamente por la crisis que vivimos:

- Resiliencia, tolerancia al estrés y flexibilidad
- Resolución de problemas complejos
- Creatividad, originalidad e iniciativa
- Pensamiento analítico y de innovación
- Liderazgo e influencia social

No se trata únicamente de una postura positiva para comenzar el año, de ver el vaso medio lleno, sino de ser realistas y mirar lo que tenemos, lo aprendido, el bien que también ha surgido dentro del caos y no quedarnos únicamente con lo que hemos sufrido, como una página para el olvido del año “que nunca existió”. Frente los desafíos que la realidad nos plantea, tenemos la libertad de lamentarnos o mirar lo sucedido, aprender lo que no debemos hacer y trabajar juntos para salir adelante.

Pero, ¿de dónde sacar las fuerzas?, ¿cuál es el punto de partida? De esta forma llegamos al punto que esta pandemia ha dejado al descubierto: nuestra fragilidad personal. “El dolor, la incertidumbre, el temor y la conciencia de los propios límites que despertó la pandemia, hacen resonar el llamado a repensar nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia. Si todo está conectado, es difícil pensar que este desastre mundial no tenga relación con nuestro modo de enfrentar la realidad, pretendiendo ser señores absolutos de la propia vida y de todo lo que existe”, nos vuelve a interpelar el Papa Francisco en la Fratelli tutti.

Frente al dolor y la destrucción que ha dejado, y sigue dejando el coronavirus, tenemos una oportunidad preciosa para redescubrir cuál es el mayor tesoro de nuestra vida, qué es lo que le da sentido, y verificar nuestra vocación. Solo así podremos ponernos en marcha en la dirección correcta y no caminar como zombis, huérfanos de sentido.







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