Petare se alza en almas
Identidad 24/02/2021 11:36 am         


400 años, 400 eventos, y la esperanza dando la cara



Como los pechos desorbitados de los descotes de algunas damas, Petare es generoso. Como las cruces que bailan en el temblequeo que produce el caminar apurado en esos mismos pechos, pero milagrosamente se mantienen adheridas al tibio regazo, Petare es religioso. Como los pechos ciegos que lloran la muerte de los hijos, Petare es duelo y miedo compartido por el millar que son, que han sido. En este cantón fundado el 17 de febrero de 1621 con el nombre Dulce Nombre de Jesús de Petare, en esta topografía de desmesuras y bajo relieves cabe con holgura Puerto La Cruz y más. Populoso e ignorado, hasta hace nada fuera de los mapas y documentos de cartografía, Petare es y no es lo que oyes, es y no es lo que ves. Lugar para el asombro y desafío para las etiquetas es mucho más que un apéndice al margen. Intrincada y tenaz vastedad, en Petare llueve siempre primero, y es el indicador caraqueño de que ha amanecido.

Complejo y desconocido, estigmatizado y retrechero, sorprendente cantera de hallazgos y tolstoiano territorio de guerra y paz, los 400 le caen más que como flechazo en la fecha como oportunidad. Crisis mediante y contra todo pronóstico, en El Carmen, La Dolorita, José Félix Ribas, 5 de Julio, 19 de abril o Maca, o en las calles Guanche, Lino de Clemente, o La Luz, en los 40 kilómetros aproximados de su diámetro arbitrario e impreciso, la palabra que se repite es esperanza. Nadie la ha impuesto como lema de un campaña, no es la propuesta de una organización cristiana, aunque el párroco Miguel Vargas repite como mantra que Petare es —también— buenas noticias. La fe parece ser un acuerdo tan espontáneo como los asentamientos de su difusa inmensidad, que se pierde bajo el zinc hasta allá (por cierto, la informalidad en la construcción no es exclusividad del barrio: por ejemplo la urbanización La California, otrora hacienda Güere Güere y en el radio petareño, es una trama de superposiciones como milhojas que engordan la propuesta urbana; y no hay muros en Caracas que midan de alto el metro veinte de la ley: el miedo es feo y marca distancia tras cables eléctricos como adornos, serpentinas como collares de púas).



Violento y tierno, dividido en Norte y Sur, paradójico y remozado para la ocasión Petare, una de las 32 parroquias caraqueñas y después de las favelas brasileñas el barrio más grande de Latinoamérica es llamado también—paradojas mediante—,el pequeño Vaticano porque contiene más de 20 congregaciones en su confuso radio. En vías de convertirse en diócesis independiente de la capita la la que pertenece —siglos atrás llegabas en carreta al cabo de siete días desde Caracas—, Petare es un pueblo de fe, pecados aparte, que contiene como ninguno a buen resguardo los ritos de la fe católica (eriza la representación de la narrativa de la Semana Santa, como cuando el jueves santo un reo, preso por un delito menor, es soltado porque el pueblo quiere crucificar al Cristo que llora a mares, en vivo). Así como conserva en el Centro Histórico el trazado idéntico de las calles según el damero fundacional de la Colonia. Las más de 25 casas que son patrimonio contienen patios interiores poblados de helechos enormes. Prehistóricos. 

Petare es una mina no explosiva. Alberga brillante materia prima, y sus defensores activistas de la causa de la inserción y la costura desdeñan la tesis de que está a un tris de detonaro de que es un laberinto sin brújula ni salida.Los que militan a favor de la reconstrucción y desdeñan estigmas y prejuicios —el desadaptado hace más bulla que los tantos fajados—están persuadidos de que Petare es la catapulta de tiempos mejores que ya se cocinan. Que allí renaceremos. Cuando este 17, a las 12:00am las campanas de la iglesia del Dulce Nombre de Jesús repicaron por la ocasión, de las casonas con techos de caña brava salieron a la plaza Sucre, como otrora en Año Nuevo, las familias de siempre, los Avellaneda, los Rodríguez, los Suárez. Petare es una fiesta. Más bien una terquedad. Y un gentío decidido a creer, que da la cara por su pueblo, como lo llaman.




Jimmy Pérez, de cara al futuro. 

Todavía en las casas, en los callejones, en los zaguanesse habla del concierto que Desorden Público dio en Petare, la calle como escenario, el 20 de diciembre pasado. Activista como su gemelo Javier, Jimmy Pérez, de Zona de Descarga, aliados de Caracas Plural, explica el fenómeno. “Pensaba que la mayoría de las personas oiría a la banda de ska con cierto entusiasmo y ya, la música del barrio es la salsa, me equivoqué: los niños, los jóvenes, los abuelos, todosdesde las ventanas, en las esquinas y los techos coreaban las canciones que cantaba Horacio Blanco, aquello fue más que un concierto, fue un suceso cultural, social e histórico”.

La imagen del venezolano tocando violín desde el balcón de un edificio madrileño en tiempos de pandemia se les tatuaría a los Pérez en sus cabezas tercas. Hasta que se las arreglaron para contactar a Desorden y hacer posible este encuentro: querían que fuera una jornada educativa, charlas de los integrantes de la banda conversando sobre composición, armonía, géneros musicales, y que el cantar tiene sentido; los más pequeños participarían dibujando. La experiencia fue mucho más que lo pautado. Una aproximación que inició en puntillas se convirtió en revolución y compromiso. Era medianoche y nadie se movía, ni Desorden. Cantaron todo el repertorio y con bis. Eeaaaa Desorden ta en la calle… resonaría atronador la víspera de Navidad, la ciudad como testigo del contrapunteo con el juego de luces del Humboldt.

La experiencia sería asumida como un sí se puede. Sí se puede desde el arte. Sí se puede lo bueno aquí, adiós tabúes. Sí se puede organizar la felicidad sin sospechas ni consecuencias que lamentar. Si hubo alguna incomodidad ocurrió después cuando la alcaldía pretendió cobrarle impuestos a Desorden Público por un concierto que ofreció gratis, ellos poniendo los creyones. “La gente cocinó una gran sopa y Petare se convirtió en teatro y palco de primera fila, noche de estrenos, fuimos mensaje de civismo”. Han dicho los que quieren mantener el dominio para nada, para no hacer, que los de Zona de Descarga son agentes infiltrados de la CIA. El trabajo de hormiga a favor de la coordinación y la integración, metodológico e inclusivo que la gente reconoce, incomoda. “!Qué agenda oculta va a haber!”, les responde a los que sabotean, a los que solo tienen una cosa que hacer: desmontar la crisis, no la voluntad ajena. 

Igual les pasó cuando la Casa de la Cultura Bárbaro Rivas les donó dos mil libros para el programa Libros Platabanda: lectura en las azoteas. Dueños de los techos, donde pasa de todo, hasta cine, no abandonan el anhelo de que Petare llegue alto. Siguen raudos en sus trece los Pérez, la maestra Agustina de Páez, los activistas Jaleidy Maldonado, Pablo Guevara, Jennifer Mata o Alfredo González, Pedro Delgado de Somos Humana, el grafitero Osko, o Iván, el fotógrafo incansable, hijo de la querida periodista, las caras del tesón. “Se visualizó lo invisible, y esto ha tenido un efecto contagioso”. Más eventos vienen. Si la tierra tiembla…. A lo hecho, techo. Y pecho. Y helechos.


Katiusca Camargo, cara limpia. 

Su madre le enseñó a creer en que las cosas pueden cambiar. Esa lección de vida que parece obvia, el cambio es lo natural, construyó el carácter optimista y luchador de esta petareña. Si las cosas pueden ser de otra manera, manos a la obra. Un gesto simple derivó en sacudón. La esquina devenida basurero, e imán del ocio y las malas mañas, se convirtióen territorio conquistado para el reencuentro; en ejemplo de acupuntura social. Sin basura llegaron los juegos, luego el arte, y hasta el embajador de Francia. Con la escoba como su instrumento de cambio comenzó a limpiar primero ella sola, luego con dos parroquianas más, luego con todos y la calle donde nació y vive en San Blas, se volvió espacio público liberado. Como la gota de Brisol, la intervención en un punto neurálgico desencadenaría un sismo en todo el andamiaje. 

Le dijeron que era sifrina por aspirar a caminar sin taparse la nariz. Le dijeron que se mudara a una urbanización si es que no le gustaba San Blas. Ataques tan descabellados como estos resultaron en vano. El caos como forma de dominación suele afincarse en la creencia de que no hay manera de zafarse. San Blas es un espacio en Petare que reescribe su historia, Katiusca como protagonista. Promotora cultural, ha dado charlas, ha sumado, ha convertido la limpieza en catapulta de algo más hondo como es la convicción de que con recursos propios, como la voluntad, puede cada quien intentar una mejor vida. Hay gobiernos malos,y también gentes buenas que no se cruzan de brazos.

“Somos XX y al cabo de un trabajo constante tenemos reconocimiento en Petare y el mundo, el arte es más que expresión estética, es pensamiento, es creatividad, es vuelo, en Petare rescatamos las fachadas y con las intervenciones artísticas la belleza y la confianza, nos vemos de otra manera, nos vemos mejor”. Su escoba que no es coba


Carmen Sofía Leoni, la cara del marco.

El amor de Carmen Sofía Leoni por Petare es desmedido y devocional. Nacida en Washington, residenciada en Caracas, y con estudios en París vinculados con quehaceres ejecutivos y de administración, la política, esencia que constituye su ADN, pudo ser su norte pero no es el poder lo que la seduce, sino el poder cooperar con la valoración del arte popular y específicamente el petareño. Acotada su pasión a este género expresivo y circunscrita su vocación a esta zona que contiene tanta historia, tantos tesoros, tanta producción creativa por rescatar, descubrir, mostrar, ha sido pilar del Museo de Arte Popular de Petare Bárbaro Rivas desde su gestación: ella tuvo que ver con el concepto desde que fue concejal de Petare. Después ha estado vinculada con la gestión en distintos momentos, diseñado programas, concebido concursos y bienales, curado exposiciones, trasteado entre callejuelas las pistas del hallazgo sepia, al lado del fotógrafo Vladimir Sersa, o reconociendo el autor intuitivo onaive; ese que su amigo Perán Erminy llamaba sin rótulos “artista”.

Atenta a toda ocurrencia creativa, inventora a la hora resolver o enmendar, tiene instinto y gusto para construir la narrativa de una exposición así como para la costura o la carpintería. Manos que convierten lo cotidiano en inesperado, lo desportillado en objeto de admiración, ella misma artesana con las tijeras eingeniosa en la gestión, la prueba de sus destrezas están no solo en su trayectoria reconocida sino en los malabarismos que hace para sostener con dignidad el Museo de Arte Popular de Petare Bárbaro Rivas pese a las carencias. Tenaces ella y su equipo, Carmen Sofía persiste. Este aniversario quizá vaya con el foulard de las ocasiones especiales.


Alexander Hudec, cara de sol sostenido.

Además de ser un estudioso de la música antigua y renacentista en la región y alrededores, y ser director del ensamble vocal La Sarabanda que interpreta ese repertorio de cántigas de amor y humor, de piezas costumbristas y hermosas que pueden tener dejo litúrgico, el barítono Alexander Hudec, gallardo y tenaz renacentista urbano, caraqueño, choroninero y hombre de cualidades histriónicas, es un comprometido no solo con el arte sino con la gente: profesor de música a tiempo completo, respira notas, trabaja en Petare con la Cantoría de Petare el coro de niños que aprenden que acoplar las voces y oírse como conjunto es cultivar belleza y una manera pedagógica de aprender democracia.
Director también del núcleo infantil de La Camerata de Caracas que dirige la músico y dama patrimonial caraqueña Isabel Palacios —niños de 6 a 11 de zonas populares, La Vega, Catia, San Agustín Norte y dos núcleos en Petare—, con la Sarabanda ha grabado discos exquisitos y se ha presentado en distintos puntos del planeta, incluyendo el Planetario Humboldt; con los niños cantores de Petare ha sido aplaudido en el barrio, en iglesias y en salones conmoviendo con la pulcritud celeste de aquellas voces que cantan sonriendo, sí, parecen ángeles.


Vyana Petri, cara de maga: no está pero sí está. 

Coordinadora de la escuela de teatro local que atrajo primero a seis niños, luego a 60, que montaron Aladino, Sapo y Rana, Anita la huerfanita, Modernamente Millie y La Grieta, pieza teatral escrita desde la participación por los propios participantes del taller, en la que rojos y azules se reconcilian, esta compañía ganaría premios aquí y fuera y sin duda revolucionaron Petare. Todavía. Cierto que hace poco Vyana fue llamada a montar la experiencia en Estados Unidos, teatro urbano con actores jóvenes y sin experiencia y allá está anclada, por ahora. Pero el teatro sigue. Formados con pasión por las tablas y sus posibilidades expresivas y liberadoras, el aplauso no va por dentro, va por todos lados. Quien dirigiera Ratón y vampiro, basada en el libro que es éxito editorial de la escritora Yolanda Pantin, dejó una huella de fe que es perenne.


Fran Suárez, la cara del dulce.

Otrora fecundo territorio agrícola que asolaron las guerras, insoslayable cruce de caminos al este caraqueño cuyo trazado de calles remiten a la revolución francesa, según los sueños de Guzmán —Libertad, Igualdad—, Petare es un mundo con forma de corazón que late con vida como narra Fran Suárez, economista y defensor del golfiado como producto de origen petareño. Este nativo de estirpe y raíz, cultor de la tradición gastronómica de la bollería típica, se conoce el cuento al dedillo y lo cuenta ufano, voz en cuello, en la sala de su casa—sala escenario, cubierta con un mural en blanco y negro de la Petare de ayer— donde van los habitués y los curiosos con cara de asombro a degustar el dulce criollo, con o sin queso.

Creación danesa desarrollada en Petare, los Duarte y los Figueras, como asegura Fran, y como escribe en sus libros la investigadora Coromoto Méndez Serrano —la última cronista de Petare seleccionada por credenciales, no a dedo—, son los apellidos que como marcas se les asociará con la defensa del emblemático legado. Competidores industriosos, y en la trama cual Montescos y Capuletos, por el amor que tuvo lugar entre dos de sus descendientes, no por drama alguno, conservarán la receta original del pan endulzado con papelón —y trazado de espiral en la cubierta— hasta que llega vía genética a las manos afanosas de Fran Suárez, emparentado con las dos casas. 

Cuando Fran Suárez relata que la gente venía a temperar a Petare no solo a disfrutar a las orillas del Guaire —cual Sena—sino que se desvivía por los golfiaos clava la bandera: este pan dulce es nuestro, no de EL Junquito, no de Los Dos Caminos. “Lo que pasa es que los antiguos panaderos se mudaron e hicieron tienda aparte, pero el golfiao es de aquí, y mejor decirlo con i y sin d”. Sueña con rutas que refresquen la historia, dice el vecino de la Casona de Lino de Clemente, donde funciona el Museo. Con el rescate de Petare como un Hatillo, “o mejor, lo digo porque la arquitectura del Petare colonial esté menos intervenida”. Con la modernización, en materia de servicios y conectividad del barrio todo que es un altozano desde donde ver el valle, vernos a nosotros mismos. Petare es una voz indígena que significa de cara al río, al desdeñado Guaire. El da la cara por los sabores, por la vecindad, por la grata costumbre de la visita y del saludo a través de la ventana abierta de par en par, por el golfiao, por la conquista de la belleza que convoque el turismo, por la paz.
Juan Urbina, cara


Rosiris Toro, la cara del coraje. 

Promotora cultural y fundadora de Asociarte, Rosiris entiende que el lienzo es espejo donde encontrarnos y arcilla que enseña a romper los moldes. Compositora premiada y aplaudida en diversos escenarios con el grupo Tamarindo —Vienen de Los Teques y de Barlovento/ llegan de Curiepe, llegan de Cayapa/ vienen de Caucagua, de todo Miranda/ y hasta el mismo diablo se vino de Yare/ a adorar al niño Jesús de Petare—, mandolinista e intérprete del cuatro, donde la pongan, es una trabajadora social que propone, que ensambla, que hace. Con formación política y convencida de que la cercanía genuina genera la participación suma 30 comprometida con la causa de la formación creativa y de la articulación de sueños en la comarca petareña. Arrojada y dispuesta a colaborar con ideas, el 17 celebró con Jimmy Pérez en la calle, con los petareños de las barriadas donde además de música hubo esperanza retratada en el selfie: las paredes pintadas por artistas del barrio convertidas en museo, es también una creyente del punto: marcas las diferencia y luego en sucesión trazas la línea. 

“Asociarte es además de expresión, taller para la formación de creadores que aspiran aprender técnicas para hacer orfebrería por ejemplo o métodos para iniciar sus emprendimientos, hacemos talleres”. Residenciada en el Centro Histórico, su casa un lugar de encuentro donde siempre hay música, poesía, pasión, es imán para los que saben que es de las más antiguas: “mi casa tiene más de 350 años”. Rotulada como patrimonio, ella misma defensora de la preservación en el histórico vecindario, también es voz que se alza a favor de ese vehículo libre y no contaminante al que deberían las autoridades abrirle paso.

Demócrata y voz que libra por las silenciadas y las que están remotas de la escena del protagonismo, entiende que “liderar es direccionar” y sobre todo oír —ella tiene buen oído—, así como repite por donde va, y para sí misma, que tirar la toalla está descartado. “La gente quiere cambio y propiciarlo en paz, el voto sigue siendo tan tentador”. Los artistas y todos los que hacen equipo con ella intentan convertir el trabajo en antídoto contra el desaliento que produce el hambre y las tantas pérdida infligidas, y lo dedican a la esperanza, “porque queremos volver a caminar bajo las estrellas, juntos, de la mano, y que la noche inmensa vuelva a nuestra ciudad”. No suelta a su gente, su obsesión, su destino, no suelta Petare. Como dice Virginia Wolf,“no se puede encontrar la paz evitando la vida”. Ella hace lo propio.

“Vienen cosas buenas para Petare, para empezar 400 actividades. Esto sigue. Es el camino”.

Se suman a buen paso Amelia Rodríguez, custodio del niño Jesús de Petare, “como su mamá”, Nelly Pittol, historiadora que solo tiene ojos para Petare, los artistas Juan Urbina, su casa en el Centro Histórico, o María Gerarda de Méndez y David Méndez, que hasta hace poco sostuvieron Terramada, casa de arte junto a la plaza, y Silvia Gómez Rangel, antropóloga, narradora y amorosa abandera de la causa petareña, la de la reivindicación y su reconocimiento; la que tiene que ver con ponerle atención a los tantos planes de modernización y urbanismo a la vez que defensa patrimonial. 

Silvia, exdirectora de Fundalamas y afecta por asimilación y con membresía al pueblo —como Alex Ojeda, promotor cultural fuera del país pero no de Petare: administra un chat que se llama yo amo a Petare,o Gladys Seco, exdirectora del Teatro César Rengifo—, es voz de la numerosa cofradía de devotos de la parroquia—ver su nota en este portal—, sea que vivan en ella, la visiten o estén en España. Pueblo de tantas capas y caras, Silvia  admira el trabajo de fe en dios y en sí mismos que hizo sobre todo con los jóvenes el padre Armelin de Sousa, buen bailarín en los predios donde fulguró Tito Salas y Bárbaro Rivas. Casi fanática, tiene no solo en franelas y tazas estampado su amor por Petare sino entre ceja y ceja, y bajo su perenne pañoleta.








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