La Historia De Los Controles
Política 22/05/2020 07:00 am         


Venezuela es uno de esos países que en su historia ha tenido que recurrir a los controles cambiarios para evitar la fuga de divisas



Por Eccio León R.


Para los venezolanos la oscuridad comienza apenas abren los ojos y se preguntan cuánto costarán hoy los bienes y servicios más elementales. El poder adquisitivo del bolívar se ha desplomado y cada día se presentan nuevos obstáculos a causa del colapso de un modelo económico sustentado en los controles a la actividad privada y un estatismo exagerado. El resultado de ese modelo ha sido la hiperinflación.

La hiperinflación pasó a ser el principal problema del país, cuando el Índice de Precios al Consumidor, la metodología para medir la variación mensual de precios de bienes y servicios, mostró un alza superior con relación al día anterior, Las alarmas se encendieron y de inmediato se puso de moda el nombre de hiperinflación de manera innegable. El efecto social de este fenómeno es el “sálvese quien pueda” marcado por dos termómetros. Uno es el tipo de cambio, que se dispara de la noche a la mañana. El otro es la búsqueda frenética de gasolina alimentos y medicinas, que han empujado a los venezolanos a una sobrevivencia bajo la ley de la selva, una lucha sin reglas.

El fenómeno de los controles cambiarios, unos más radicales que otros. Venezuela es uno de esos países que en su historia ha tenido que recurrir a los controles cambiarios para evitar la fuga de divisas. Lo contradictorio del caso venezolano es que siendo Venezuela unos de los países del subcontinente americano que más divisas generó, por su condición de país productor y exportador de petróleo, ha sido uno de los que más ha hecho uso de esta odiosa herramienta para evitar la fuga indeseada y desmesurada de divisas fuertes, como el dólar.

En el segundo mandato de Rafael Caldera, la economía llegó a deteriorarse tanto que hubo necesidad de acudir al control de cambio, una manera forzosa de mantener sobrevaluado el valor de la moneda nacional, ya que el valor real, en estos casos, lo establece el ilegal mercado negro paralelo. Dejó Caldera la presidencia y llegó Hugo Chávez y con él muchas medidas que generaron desconfianza general. El país comenzó a desangrarse por esa desconfianza generada por los discursos radicales y agrios del nuevo mandatario. Era evidente que habría que volver a recurrir al control cambiario y ante esa realidad los capitales comenzaron a emigrar. No hay nada más cobarde y sensible que los capitales. Mientras que en el mercado no oficial podría estar como se dice en el ambiente aéreo por encima de las nubes donde se tiene que utilizar naves presurizadas acompañadas de mucho oxígeno.

El control de cambios colapsó. La disminución de la entrega de divisas al sector privado ha sido dramática y la adquisición de divisas es para muchas empresas la barrera a superar para adquirir materia prima o insumos esenciales para la producción. Muchas empresas han agotado sus líneas de crédito con proveedores internacionales. Las trasnacionales ya no están en Venezuela no estuvieron dispuestas a continuar subsidiando a sus filiales en Venezuela. El Sitme murió y el Sicad no termina de arrancar o quizá sea más preciso decir que no arrancó. Los niveles actuales de escasez de productos en Venezuela son, en parte, consecuencia de la escasez de divisas. La escasez de hoy es también el tributo que pagamos los venezolanos por un régimen que arriesgó a la economía. ¿Encontrará el gobierno la forma de entregar divisas en forma suficiente y oportuna a las empresas productivas?

El control de precios en Venezuela se estableció en febrero del año 2003 y desde el principio comenzó a ocasionar problemas del lado de la producción. Muchas empresas pequeñas empezaron a dejar de producir bienes regulados. Al principio el éxodo no se nota, pero el efecto se va acumulando y en algún momento la salida de las empresas afecta la oferta de manera importante. Muchas empresas mantuvieron sus niveles de producción esperando tiempos mejores o tratando de evitar que la ola expropiatoria los alcanzara. Pero llega un tiempo en que la situación se hace realmente insostenible. Hay productos básicos que tienen años con los precios congelados. En una economía inflacionaria, esto es una condena a no producir o a destruir capacidad para producir. El régimen aumentó los precios, pero los empresarios dicen que es insuficiente, que el rezago es demasiado. La tensión entre precio y producción sigue allí en todas las principales categorías de productos alimenticios.

En fin, este ciclo económico indetenible, perverso, nos ha arruinado a todos en aras de crear un supuesto Estado novedoso que al margen del calificativo político, pomposo, no nos ofrece a cambio más que miseria, improductividad y desinversión por su falta de soporte real, institucional, y por la destrucción del aparato productivo por acciones y discursos teóricos que han hecho naufragar a todos los países que han tenido la desgracia de verlo aplicado a nivel estatal y la historia es el mejor testigo de lo aquí escrito.

El Universal







VISITA NUESTRAS REDES SOCIALES
© 2020 EnElTapete.com Derechos Reservados