El Ajedrez del déspota
Política 09/09/2020 08:00 am         


La gran victoria del régimen venezolano ha sido, hasta ahora, dividir y dividir; lo grave es que nuestro liderazgo político no es capaz de articular una estrategia común para enfrentarlo



Dedicado a la dirigencia de la oposición venezolana.

La presente reflexión es de un venezolano de a pie, perdido entre los millones de rostros, voces, cuerpos, que nos sentimos violados por el despotismo; desde las violaciones a nuestros derechos civiles y políticos hasta el derecho a la vida. El análisis está realizado desde el dolor, la rabia y con un sabor a decadencia sociocultural.

Ahora bien, lo verdaderamente grave de la actual circunstancia de la política venezolana no reside en asistir o no a un acto electoral. Tal práctica no define ni al sujeto ni a la población como democrática o no, como muchos pretenden debatir. Basta señalar que el error estriba en confundir un procedimiento para dirimir un conflicto con las formas de vivir. Parte de la vida democrática son los procedimientos, es una parte y no la totalidad; sobran ejemplos y teoría políticas para demostrar la afirmación. 

En Venezuela se extingue la vida cultural democrática, porque quien ejerce las funciones gubernamentales se comporta como un déspota y transformó a las instituciones del estado (incluyendo a las universidades) en instancias reproductoras del despotismo. Lo grave en la actual circunstancia es cómo el liderazgo político que se opone, construye sus decisiones, reproduciendo el mismo mal. De hecho, pareciera que odian al aliado. La falta de unidad, incluso para celebrar aciertos no se diga para errar, autocriticarse y avanzar; aunque sea dos pasos atrás y uno hacia adelante…. ha sido un karma social. 

El objetivo del despotismo ha sido ilegalizar e ilegitimar a la Asamblea Nacional desde sus inicios; pero sobre todo a partir del 2019, cuando recibió el apoyo internacional; de allí que todas sus jugadas han tenido esa finalidad; para ello se ha planteado tácticas para ilegalizarla como la de la Asamblea Constituyente y diversas maniobras para dividir a la oposición, para ilegitimarla y minimizarla. 

Lo coyuntural: Capriles y Stalin, en representación de una parcialidad, siguiendo la estrategia planteada por el despotismo y la mesita, desde septiembre de 2019, tras bastidores negocian con el gobierno, para que efectivamente se realicen las elecciones parlamentarias. Valga decir que no hubo negociación, entre Capriles y el déspota, porque fue el plan que impulsó el despotismo en su primera jugada con Claudio a la cabeza (incorporación del PSUV a la Asamblea, nuevo CNE, liberación de presos políticos paulatinamente y elecciones parlamentarias). 

Segunda Jugada del déspota. La configuración de una nueva directiva de la Asamblea Nacional con Luis Parra a la cabeza. Realizan la acción, usan a diputados de la oposición, se generan una mínima fractura, pero no logran ni ilegitimar ni ilegalizar a la Asamblea dirigida por Guaidó.

Tercera jugada del déspota: fracturar a todos los partidos de forma institucional a través del CNE. Jugando con todos aquellos que se prestaron para tal acción, Bernabé Gutiérrez es un caso emblemático. 

Sin embargo, el déspota con absoluta claridad sabía que Claudio y su combo no amalgaman ni a su familia. Capriles, entonces, se transforma en su cuarta jugada. Reitero un juicio de valor: Capriles no logró la liberación de los secuestrados por el régimen, porque el despotismo desde la primera declaración con la mesita anunció las liberaciones y de inmediato liberó al vicepresidente de la Asamblea; incluso el déspota afirmó, en el 2019, que estudiaría las condiciones electorales como también lo afirmaron los súbditos de la mesita. 
 
La cuarta jugada es capital para el régimen, porque Capriles es muy útil para fracturar a las bases del movimiento opositor; es un liderazgo que amalgama y así completa en los hechos lo que formal y dentro de la dirigencia sucede, la rotura total. 
 
Obviamente, la argumentación de Capriles, Stalin y compañía, es que Guaidó ha funcionado en solitario y, además, ha tomado decisiones profundamente desacertadas, por lo tanto, era necesario recomponer el liderazgo de la oposición. No discutamos. Démosle la absoluta razón a Capriles.

Pero la pregunta a Capriles, a quien siguió las directrices de Claudio y habló en nombre de Venezuela es la siguiente: 
¿Acaso no podría trazar una estrategia dentro del movimiento opositor antes de seguirle el juego al déspota? ¿Qué líder se pliega a una estrategia que desde el principio se le veían las costuras, horadar a la oposición reconocida internacionalmente? Tenía, como mínimo un año para hacerlo; ¿Por qué no lo hizo? ¿Por qué se plegó a la ruta trazada por Claudio? 

Mis preguntas no son coyunturales. La estrategia del régimen despótico fue muy clara desde septiembre del 2019. Con tristeza me remito a un artículo que realicé en ese año, publicado en el portal eneltapete (24-09-2019), titulado “¿De qué ocuparnos?” donde intentaba mostrar en qué consistía la estafa del déspota al plantear el acuerdo en la mesita. Inicio el artículo diciendo “Lo crucial a pensar es cómo enfrentar, políticamente, la estafa.” 
Después de demostrar por qué no fue una negociación y por qué era una estafa y argumentar los objetivos del déspota con la mesita, me interrogo y afirmo: “¿Cuál poder de los descritos tiene Claudio, Mujica…? Ninguno. ¿Por qué los reconoce el déspota? Porque la estafa es un buen instrumento para alcanzar sus objetivos. Un buen estafador tiene que realizar una acción que le dé credibilidad a la estafa. Un primer gesto, liberan al Vicepresidente de la Asamblea; tendrán que dar otros similares y con rasgos de verosimilitud.” Y concluyo mostrando que el tercer objetivo de la estafa era el más complejo para la oposición: “El tercer objetivo a mediano plazo es el más complejo y está comenzando su desarrollo, porque la estafa se articula con el vocabulario constitutivo de los valores democráticos, acuerdos, elecciones, CNE y la paz social."

Si la estafa era posible visualizarla desde su inicio por un neófito en la práctica política como quien escribe, entonces las preguntas obvias: ¿Por qué un actor político curtido, con experiencia, como Capriles y su combo no la vieron? ¿Por qué se dejaron llevar por la estrategia del régimen y la mesita? ¿Quiénes más de la Asamblea hicieron el mismo juego durante este año? ¿Cuántos del sector que invita a la unidad con Guaidó, forman parte de la misma lógica Claudio Caprilista?

Lo grave en la circunstancia actual es que nuestro liderazgo no es capaz de articular una estrategia común para enfrentar al régimen. La gran victoria del despotismo, una vez más, ha sido, hasta ahora, dividir y dividir… La reacción pública de María Corina, sin ninguna prudencia, aunque tenga parte de razón, contribuye en este momento con la debacle. Por cierto, la prudencia es la máxima virtud del ejercicio político. Y quien divide a su oponente, vence. Esa táctica no es una novedad, ya el viejo Maquiavelo la explicó de forma transparente y en la vida cotidiana se experimenta a diario. 

¿Cómo se puede confiar en una negociación con el déspota, cuando no se muestra la mínima pericia para acordar con el aliado? ¡Qué tristeza nuestra incapacidad para marchar juntos, aun pensando distinto! ¡Se necesita a alguien que sea capaz de arbitrar el diálogo entre los principales dirigentes de oposición! Y quizás con una metodología, sueca o barloventeña, les ayude a mirarse a cada uno, frente al espejo y desde la comprensión profunda de sus errores, puedan aceptar y comprender los errores de los otros y desde allí, trazar una mínima estrategia, pero en unidad… Aunque nos derroten en una batalla, la amalgama ética sería el motor, el único, para la victoria contra la opresión y el despotismo. 







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