Pactos Kupia Kumi
Política 13/09/2020 08:00 am         


En uno de sus escritos el mártir por la libertad de Nicaragua, Pedro Joaquín Chamorro, asesinado en 1978, se refirió a los acuerdos con dictadores o tiranos diciendo: “Los pactos no significan cambios



Por Juan José Monsant Aristimuño


Los nicaragüenses, con ese ingenio popular de simplificar los hechos tienen una denominación muy particular para evidenciar, con realismo demoledor, aquellos acuerdos que se revisten de solemnidad pero que esconden taimadas intenciones, guardando la apariencia de lo políticamente correcto. Los nicas entre desdén y burla los llaman “pactos kupia kumi”, y todo el mundo sabe a qué se refieren.

Kupia Kumi es un vocablo de lengua miskita, esa etnia aborigen que bordea el Caribe nicaragüense, que literalmente significa “Un solo corazón”. Pareciere una contradicción que alcance tan hermoso, encerradas en esas dos palabras, se utilice para señalar un engaño político con matices de desprecio. Pero tiene su razón de ser, veamos. En 1971 el dictador Anastasio Somoza (el tercero en la línea sucesoral) firmó un pacto con la oposición, representada por Fernando Agüero del Partido Conservador, a fin de garantizar elecciones libres y confiables; ese pacto incluyó la conformación de una Junta de Gobierno Provisional, con la participación del Partido Conservador junto al Partido Liberal. El general Somoza no la integró, pero quedó como garante de su cumplimiento y se reservó el Comando General de la Guardia Nacional. El pacto fue firmado con toda la solemnidad del momento en el hermoso Teatro Nacional Rubén Darío, el más imponente de Centroamérica; quizá solo comparable con el Teatro Teresa Carreño de Venezuela de la entonces democracia, porque luego se vulgarizó y degradó para ser utilizado con fines perversos, esparcidores de odios, separaciones, conspiraciones y descalificaciones, en una especie de lo grotesco y arabesco, como Poe denominaba sus cuentos de horror.

El hecho es que por esos días se presentaba en ese Teatro un espectáculo folklórico miskito que denominaron Kupia Kumi (Un solo corazón), de mucho color, danzas, tambores y ritmo propio de ese encuentro entre lo aborigen (aruacos), el negro importado por los ingleses desde Jamaica, y el blanco de España. De allí que a ese pacto se le conoció como “El pacto del Kupia Kumi”. Como era de esperarse, las elecciones del 74 las ganó Anastasio Somoza, a pesar de las “garantías electorales” ofrecidas; y desde entonces quedó grabado en el alma popular que un Kupia Kumi es un engaño, una falacia, sin valor moral, político o institucional, un acuerdo entre tahúres de espaldas a la verdad, legalidad y voluntad ciudadana. Tuvo sus antecedentes. Quizás el primero de significación nacional fue el acuerdo de paz entre Augusto Calderón Sandino y el presidente Juan Bautista Sacasa, logrado una vez que las tropas estadounidenses se retiraran del país y creada la Guardia Nacional bajo el mando de Anastasio Somoza García (Tacho). Para celebrar ese acuerdo de paz, el 21 de febrero de 1934 Sandino fue invitado a una cena en la Casa Presidencial, junto a su padre y otros colaboradores; luego del banquete, a las 11:30 pm su auto fue interceptado por una patrulla de la Guardia Nacional, y Sandino con sus dos colaboradores fueron llevados a las afuera de Managua, donde los asesinaron y enterraron en una fosa previamente cavada para ello. Dos años después, el primero de la dinastía le dio un Golpe Militar al presidente Sacasa (su tío) y se quedaron con el poder hasta 1979.

Otro pacto diabólico, anterior también al Kupia Kumi, fue el llamado “pacto de los generales”, firmado en 1950 entre el General Anastasio Somoza, jefe igualmente del Partido Liberal, y el general Emiliano Chamorro, caudillo indiscutible y jefe del Partido Conservador, donde se comprometieron a realizar un proceso electoral libre y con plenas garantías de confiabilidad; de hecho, se repartieron ministerios, cargos y negocios. Por supuesto no se realizaron tales elecciones, y el General Chamorro, años después, escribió en sus memorias que fue engañado y sorprendido en su buena fe, en un argumento inexcusable a su nivel político. Y en uno de sus escritos el mártir por la libertad Pedro Joaquín Chamorro, asesinado en 1978, dueño del diario La Prensa, refiriéndose a esos acuerdos con dictadores o tiranos llegó a escribir: “Los pactos no significan cambios, sino reafirmación del sistema presente”, sentencia que pudiera haber sido escrita para la Venezuela de hoy.







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