Cosecha de la Cuarentena
Política 21/10/2020 08:00 am         


Las innovaciones que rigen el sistema de cuarentenas, detuvieron en seco el motor de la ya menguada producción venezolana



Por Egildo Luján Nava


El año 2020 está cerrando en Venezuela con los resultados esperados en todos los campos: económico, laboral, educativo, social y político, entre otros. Lo que el Poder Ejecutivo se propuso enfrentar cuando olfateó el arribo al país del virus chino a finales del 2019, no necesitó de análisis, estudios, tratamientos especiales ni nada parecido o dedicación excepcional. Sólo de comprensión, aplicación pragmática de gran sabiduría, interpretación profunda, la promoción de formatos especiales de días de trabajo, de horas de ocio, y de una ducha integral permanente de alcohol antiséptico.

Desde luego, todo acompañado de mucha agua, especialmente apropiada para el lavado incansable de las manos, como el resguardo de las mismas con guantes adecuados, y debida protección de tapabocas o mascarillas apropiadas para evitar contagios y riesgos de fallecimiento. De todo eso que, por lo demás, ya se calificaba de impensable que pudiera suceder en tierra nacional, dado el excepcional y ejemplar sistema de salud de que puede hacer gala nación alguna, y en la que la venezolana sobresale con mayor autoridad. Sobre todo después que se apersonaran miles de médicos cubanos en tierra criolla, para “meterle la mano” a sus “hermanos” dispuestos a capitalizar el aprendizaje revolucionario caribeño por intermedio de la acción dinámica directa.

Lamentablemente, para tragedia nacional, luego de que se comenzara a actuar con la justificaba eficiencia del caso, a alguien se le ocurrió afirmar que eso del virus chino de lo que se trataba verdaderamente no era de lo que se creía: un simple “cuento chino”. No. El asunto realmente era una pandemia de “padre y señor mío”, que obligaba a acatar un encierro humano administrable, con base en el cumplimiento de un sistema de cuarentenas. Pero no de cualquier cuarentena, como las de la Fiebre Española, sino de una modalidad especialmente ideada para países que pudieran estar viviendo situaciones de dificultades. Por lo que cuando se trataba de otra categoría, como es la de países agobiados con crisis o incidencias por colapsos económicos, el asunto, obviamente, obligaba a trabajar de acuerdo a exigencias mucho más rígidas.

No había culminado el primer trimestre del año en curso, entonces, cuando cambió el panorama. No sólo porque las autoridades venezolanas debieron someter sus políticas de la primera etapa a serias revisiones. Es que, además, las innovaciones que rigieron el sistema de cuarentenas detuvieron “en seco” el motor de la ya menguada producción nacional, a los trabajadores le impusieron la obligación de quedarse en sus hogares. Pero, además, el pago salarial se convirtió en la más pura y exquisita modalidad que sólo es posible en los países en donde los gobiernos velan, cuidan, protegen, amparan y resguardan el derecho de los beneficios laborales, además de que el Capital se hace presente, como acto de justicia, en las manos de quien ejerce el Trabajo.

Pero entrando en la cuenta regresiva inicial del último trimestre del año, sin embargo, mientras que habitantes y autoridades no coinciden en qué ha terminado tanto esfuerzo de idas y venidas en contra de la pandemia convertida en compañera permanente de todos los países -salvo de Corea del Norte-, la cosecha de la cuarentena a nivel del accionar sanitario, tiene su cuantificación.

Afirman que, en asunto de contagiados, la cantidad se ubica por encima de 85 mil personas. En cuanto a fallecidos, el número supera los 720, en tanto que los recuperados serían más de 78 mil. ¿Y quién lo certifica? Nadie lo sabe. Porque se trata de un ejercicio en el que compiten diariamente todos los voceros de entes públicos, instituciones profesionales, despachos que se autocalifican de autorizados, hasta académicos que residen fuera del territorio nacional y que aseguran estar debidamente informados. Suficiente para hacerlo figurar como cifras “oficiales” de Venezuela.

En todo caso, lo que no deja de ser curioso, interesante y valioso para los fines de cualquier ejercicio relacionado con el tema es que, a la vez que el encierro persiste, a los venezolanos se les ha gratificado con varias informaciones de las más impactantes: que habrá un proceso electoral antes de que concluya el 2020, por lo que todo lo atinente a la cuarentena, encierros, mascarillas, contagios y demás componentes activos del año en curso, pasará a un segundo plano. Porque más cuenta e importa votar, antes que contagiarse y fallecer.

Asimismo, lo relacionado con la economía es asunto de equipararlo o relacionarlo con las “vacaciones” de fin de año, como con esa curiosa modalidad que se ha utilizado para regir el sistema educativo, haya o no servicio de internet. Y en cuanto al servicio de electricidad, como el de la comercialización de combustible importado a precios internacionales siga anarquizado, eso forma parte de las nuevas particularidades de la Venezuela a la que algún día le dijeron que sería una “potencia”. ¿De qué? ¿Para qué? Para algo. De hecho, de no ser así, nadie lo habría ofrecido, ya que de algo y con algo hay que complementar el ya promovido y novedoso proceso comicial a la venezolana, del antipático y costoso 2020.

Lo que inquieta, por lo pronto, es el “otro asunto” que plantea nuevos elementos para los venezolanos convencidos por el retorno a su país. Y tiene que ver con los compromisos adheridos a la voluntad de retornar a su Patria. Porque la contraparte que ha cumplido -y dicho que cumplirá- ha hablado de compromisos que deben honrarse, además de que el asunto laboral no goza de garantías.

Obviamente, a la distancia se aprecian nuevos escenarios. Y a la vez que el atrevimiento incluye en la lista la respuesta “voluntaria” del aporte nacional de colaborar con pruebas médicas, a otros niveles, la disposición a la sumatoria no se manifiesta.

Es otro precio que está en el camino, y que muchos preferirían añadir una y otra vez a lo electoral. No a esa ya complicada modalidad que ha afianzado la pandemia, y que, por lo pronto, no se traduce en aplacamientos y mucho menos soluciones. Sólo, si, a eso que atrevidos voceros, incluyendo científicos, dejan caer en sus declaraciones que es asunto de que la especie humana, por sí misma, pase a “convivir” con su rival sanitaria de hoy.







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