América Latina y sus dos comienzos
Política 09/05/2021 08:00 am         


A partir de 1545 comienza el desarrollo minero en gran escala en tierra americana. Esto puso en marcha un proceso de actividades económicas interconectadas de mucha sofisticación



Para España la reconquista de su territorio frente a los Moros y la conquista de América constituyeron un proceso continuo. El año de 1492 conecta a ambos fenómenos, poniendo fin al primero y sentando las bases para el segundo. Ningún otro país europeo sin el sentido de movilización militar y religiosa que a lo largo de 800 años evidenció España, hubiese podido acometer la empresa americana con tal energía. En poco más de cinco décadas subyugó, cristianizó, urbanizó, pobló, encauzó económicamente, fundó universidades y brindó estructura administrativa a un espacio humano y físico desmesurado, cuya geografía se caracterizaba por selvas tropicales inaccesibles, cordilleras intransitables y desiertos temibles.

Durante ese período derrotó a pueblos indígenas inmensamente superiores en número y acostumbrados a la guerra. Ello incluyó a dos de los mayores imperios de su época, el Azteca y el Inca. Más allá de excesos y de haber arrasado con civilizaciones de inmenso avance, actos nunca justificables, se trató de una empresa sobrehumana. En ese tiempo, y más allá también de la destrucción de códices y creencias ancestrales, se evangelizó a todo un continente. Esto implicó el cabal dominio de las lenguas indígenas, incluyendo la comprensión de sus simbologías, como instrumento de enseñanza religiosa.

Acostumbrados a fundar ciudades en su proceso de expansión de fronteras en la lucha contra los Moros, los españoles trasladaron a América este impulso urbanístico. Durante el lapso citado fundaron una inmensa red de centros urbanos a todo lo largo y ancho de tierra americana. Construidos bajo una visión estratégica, los mismos integraron a los espacios interiores y a éstos a la vez con las vías marítimas.

Poblar resultó una tarea paralela a la de urbanizar. Nuevas villas, pueblos y ciudades implicaban familias. Esto a la vez conllevaba a traer mujeres de España. Es creencia generalizada que la ausencia de mujeres españolas durante ese período, impulsó un amplio mestizaje. Ello es cierto, pero sólo hasta cierto punto. Según el español José Luís Martínez, mayor tratadista en el tema, un tercio de los arribos a tierras americanas durante el primer cuarto de siglo de la conquista, se correspondió a mujeres. Ello equivale a decir que un 50% de los hombres pudo casarse con españolas (Pasajeros a Indias, Madrid, Alianza Editorial, 1983).

A partir de 1545 comienza el desarrollo minero en gran escala en tierra americana. Esto puso en marcha un proceso de actividades económicas interconectadas de mucha sofisticación. Los trabajadores necesitaban de viviendas y alimentos, mientras las minas requerían de herramientas, utensilios y cuero en cantidad. Mulas y caballos eran necesarios para mover el oro y la plata a los puntos de exportación, lo cual a la vez requería de caminos y puertos. Haciendas y hatos ganaderos eran a la vez indispensables para proporcionar alimentos, bestias de carga y cueros. Y así sucesivamente.

En 1538 se crea la primera universidad de las Américas, la de Santo Tomás de Aquino en Santo Domingo, la cual sería seguida en 1551 por las universidades de México y de San Marcos en Lima. A la vez, una sólida estructura administrativa había sido instaurada. Desde España el Consejo de Indias tenía responsabilidad sobre el conjunto, mientras en América dos virreinatos, los de Nueva España y Perú, controlaban a las audiencias (entre ellas la de Santo Domingo y Santa Fe de Bogotá), las cuales a la vez tenían jurisdicción sobre gobernaciones y ciudades.

Nada remotamente similar ocurrió en Brasil en igual lapso. El hecho de que Portugal hubiese reconquistado su territorio de los Moros 243 años antes que España, definió otras prioridades: la exploración y el comercio marítimos. Para 1510 Portugal estaba fundando la ciudad de Goa en la India y pocos años después controlaba el comercio mundial de las especies desde sus fortificaciones en Indonesia. Los portugueses tenían, a no dudarlo, una vocación global desconocida para los españoles. Pero mientras los últimos controlaban a plenitud sus posesiones, los primeros tenían un dominio laxo de las suyas. No en balde en poco tiempo serían expulsados de gran parte de aquellas tierras lejanas por los holandeses.

Entre tanto Brasil languidecía abandonado. Apenas si algunas factorías de exportación de productos primarios se distribuían a lo largo de sus costas. Los pocos portugueses llegados, aprovechando de la tradición indígena de incorporar a sus tribus a quienes desposasen a sus mujeres, se unían a tantas como podían entre las distintas tribus. Sus hijos, mucho más cercanos a la cultura de las madres que a la de los padres, hablaban en lengua Tupi. Surgen de allí, en lo que es hoy Sao Paulo, los llamados bandeirantes: un grupo humano rudo y primitivo dedicado a la caza de indios para su venta como esclavos. Proceso éste que los convertirá en pioneros celebrados en la penetración de los espacios interiores del Brasil.

El contraste entre Hispano América y Brasil durante aquellas décadas resulta impresionante.









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