Ernesto Cardenal en Solentiname
Vida 15/09/2020 08:00 am         


“La Iglesia tiene una misión muy importante en América Latina”



Por Carlos Pérez Ariza

El famoso sacerdote, poeta y teólogo nicaragüense, quien falleció el pasado 1 de marzo del 2020 en Managua, fue testigo de una significativa etapa histórica de su país, siendo además, reconocido por sus polémicas y críticas posturas frente a la iglesia tradicional. Carlos Pérez Ariza sostuvo una larga conversación con él en 1974 que ahora se ofrece con revelaciones interesantes y esclarecedoras. 

PARTE II

Sobre mi marxismo y mi cristianismo. 

Soy un marxista que cree en Dios y en la vida después de la muerte. Creo que esto no se opone al marxismo, sino que lo complementa. Como dijo nuestro poeta José Coronel Urtecho, aquí en Solentiname, en uno de los comentarios del Evangelio con los campesinos: ‘El dogma de la resurrección de la carne significa que la revolución no acaba en este mundo, que el comunismo sigue después de la muerte’. Y yo repito a Porfirio Miranda, que en su libro ‘Marx y la Biblia’, dice que si no triunfamos sobre la muerte triunfaría definitivamente el statu quo. Marxismo y cristianismo no son incompatibles; lo cual no quiere decir que lo confundamos, porque no son lo mismo. Democracia y cristianismo no son incompatibles, y eso no quiere decir que sean lo mismo. Pero en América Latina ya no tiene sentido hablar de cristianos y marxistas, porque ya hay tantos cristianos que son marxistas. Pierre Teilhard de Chardin (jesuita francés y sobrino-nieto de Voltaire) había profetizado que cristianos y marxistas se encontrarían en la cima; eso ya ha sucedido en América Latina. Creo que América Latina producirá unos tipos nuevos de marxistas, muy peculiares y muy interesantes. Cuba produjo ya la primera modalidad. Y habrá otras modalidades. El marxismo, según Lenin, es ‘(…) el análisis concreto de las condiciones concretas’. El marxismo fue anticristiano, pero es porque el cristianismo era antirrevolucionario. Pero la verdad es, como dice el apóstol Santiago, que los que persiguen a los cristianos son los ricos. Yo creo, como dice el padre Camilo, que no se puede ofrecer en forma auténtica el sacrificio de la misa si antes no se ha realizado en forma efectiva –o sea con la revolución– el amor al prójimo. No podemos sentarnos a la misma mesa para eucaristía si estamos divididos en clases. Esa, ‘no es la Cena del Señor’, como dice San Pablo. El socialismo es un sistema económico que hace posible vivir el Evangelio. Vivirlo en la sociedad, sin que uno se tenga que retirar al desierto o a la vida religiosa. ‘Se trata de que reine la igualdad’, como dice San Pablo en la Epístola a los Corintios.

El socialismo no era posible en la Edad Media, allí solo era posible el feudalismo, y San Benito lo que hizo fue fundar monasterios. Yo creo, como dice el teólogo norteamericano Jordan Bishop, que la Iglesia tiene que ser el sacramento, el signo, de una sociedad socialista, de una sociedad sin clases. 


En cuanto a lo que dice Marx de la religión: ‘Opio del pueblo’. 

Marx y la religión son incompatibles. Pero no Marx y la Biblia. El mensaje de la Biblia es completamente marxista, aun en lo que se refiere a religión. Hay que leer el libro que escribió el jesuita mexicano, Porfirio Miranda, ‘Marx y la Biblia’ (él ya no es jesuita). Como él lo hace ver muy bien, el Dios de la Biblia está siempre diciendo, a través de los profetas, que él no quiere culto, que está aburrido de las plegarias, de las oraciones, de los sacrificios, del incienso, de los ayunos. Lo que quiere es que se rompan las cadenas de los oprimidos, que no explote al débil, que no se despojen a los huérfanos y a las viudas, que haya justicia entre los hombres. Y el mensaje que predicó Cristo va en la misma línea.

El cristianismo en realidad no es una religión. Su culto religioso es socorrer a los huérfanos y a las viudas como dice Santiago. Todavía en el siglo III Minucio Félix decía: ‘Los cristianos no tenemos ni templos ni altares’. Y los romanos consideraron ateos a los primeros cristianos. Porque ante las religiones el cristianismo aparecía como un ateísmo. Después adoptó formas religiosas porque la humanidad aún necesitaba de religión. Y todavía los sectores más primitivos la necesitan.

El cristianismo no es una religión, sino una fe. Y el marxismo es una ciencia (y una práctica de esa ciencia). Y no tiene por qué haber contradicción entre la ciencia y la fe. Eso se ha sostenido tradicionalmente en el cristianismo. También puede hablarse del marxismo como filosofía. Y podría haber una contradicción o no haberla. Ahora, algunos teólogos latinoamericanos están haciendo una teología con esa filosofía, que está más cerca de la Biblia que la de Aristóteles.

Y en América Latina no sólo hay una teología marxista. También empieza a haber una teología mística marxista. Cuando yo estuve en Chile me llegó a ver a mi hotelito un religioso y me dijo: ‘Usted dijo anoche en la televisión que un cristiano puede ser marxista. En Chile algunos sacerdotes y religiosos decimos otra cosa…que actualmente un cristiano, para ser auténticamente cristiano, debe ser marxista’. Por cierto que cuando le conté después al presidente Allende que había oído esto en Chile, se asombró mucho. Después se lo conté a Fidel, en la conversación que tuve con él en La Habana, y Fidel en cambio no se sorprendió en absoluto. Me dijo: ‘Por supuesto’.

Bueno, ese religioso que me llegó a ver me dijo también: ‘Nosotros creemos que la religión es funesta y debe acabar. La humanidad es ahora como una niña de 12 años. Antes esa niña jugaba con muñecas; le gustaban los cuentos de hadas; estaba totalmente dependiente del papá y la mamá. Eso fue la religión en la infancia de la humanidad. Pero ahora la niña ha crecido y ya no quiere jugar con muñecas. También quiere hacerse independiente, y cree que se basta sola. Este es el ateísmo en el que está entrando ahora la humanidad, y es un progreso en su desarrollo. Pero la niña de 12 años todavía no es una mujer. Un día su cuerpo habrá madurado más, y entonces se sentirá sola y que no está completa, y sentirá la necesidad de amar. Allí aparece Dios: el esposo que se desposará con esta humanidad. Ahora, todavía no hay humanidad, sólo hombres. El cuerpo de la niña tiene que desarrollarse más. Por ahora no conviene perturbarla hablándole mucho del esposo, ella todavía no siente la necesidad de él. Y en realidad ahora lo que importa es que ella se haga mujer. Por eso la única prioridad ahora es la revolución. Formar la humanidad completa. Pero conviene hablar de vez en cuando a la niña de su futuro matrimonio, para que no crezca egoísta o se haga lesbiana (sic); o se desespere en su adolescencia sintiéndose sola y se suicide. Esa es la función del contemplativo. Aun los ermitaños tienen un papel revolucionario muy importante. No todas las células del cuerpo maduran al mismo tiempo; algunas células pueden madurar antes y sentir ya, desde ahora, esa necesidad de unión: esos son los contemplativos. Esa unión ya se consumó, individualmente, en la persona de Jesucristo. Después se va a consumar en la humanidad entera. Pero la tarea inmediata es la revolución’.

Este religioso pertenecía al MIR (chileno) y andaba armado. Me dijo que estaba casi en la clandestinidad. Eso me sorprendió mucho. Era en 1971. Ahora, después del golpe fascista comprendo porqué ya desde entonces andaba así.


Sobre el golpe militar en Chile. 

Claro que eso no va a quedar así. Allí va a haber lucha. Era un país con una inmensa población revolucionaria. Y eso fue lo que más me impresionó. Recuerdo que cuando Allende me recibió en aquel lujoso palacio, ahora destruido y quemado, me preguntó que me había parecido el proceso en Chile; y le dije que lo que más me había impresionado fue ver tanto espíritu revolucionario, y que mucha gente me había dicho, aun señoras que me había encontrado en la calle, que irían a la clandestinidad o a la guerrilla si a él lo derrocaban. Y recuerdo muy bien que vi una sombra en el rostro de él cuando yo dije lo del derrocamiento. Seguramente él ya sabía bien…


Sobre el Cardenal Silva. 

Ah, recuerdo también que una de las primeras preguntas del presidente Allende fue que si ya me había visto con el Cardenal y con otros obispos. Se extrañó de mi respuesta cuando le dije: ‘Yo no me meto con esa clase de gente’. Le expliqué que con los que me había visto era con los sacerdotes socialistas, y que había muchos sacerdotes marxistas en Chile y aun marxistasleninistas. Él dijo que de todos modos el Cardenal se había portado bien y que le había dado su apoyo…yo sabía que en realidad no era revolucionario. Después del golpe, el cardenal ha dicho que la Iglesia debe dar su apoyo a la Junta, como antes se lo dio al gobierno de Allende. Es como decir: ‘Nosotros no distinguimos entre la justicia y el crimen’. Es como una puta que dice: ‘Yo me acuesto con cualquiera’. Esto no es para ofender a nuestras hermanas prostitutas, ellas no son culpables, sino víctimas del sistema que las obliga a vender su cuerpo. Sí son culpables los cardenales y obispos que apoyan este sistema. 


Y cómo yo puedo pertenecer a esta Iglesia. 

La pregunta sería cómo pueden ellos pertenecer a esta Iglesia. Ellos son los que deberían salir. Los que están con el poder y el dinero no pertenecen a la Iglesia de Cristo. En realidad están fuera. En cambio Cristo dijo: ‘Tengo otras ovejas que no están en este aprisco’. Esas ovejas son las que luchan por la justicia sin ser cristianos. Son la otra Iglesia de Cristo. Cuando yo estuve en Chile acababa de estar allí el padre Blanquart, sacerdote obrero de Francia, y marxista, y él había dicho en la Universidad Católica que la Iglesia del futuro iba a ser muy distinta de la de ahora: ‘Una Iglesia compuesta sólo de revolucionarios’. Yo así lo creo. Ese cristianismo será casi irreconocible. Más bien como el de los primeros cristianos.


Sobre el materialismo marxista. 

En Cuba vi que toda la gente comía lo mismo por medio de una libreta de racionamiento. Todos se vestían con la misma calidad de ropa. Todo el mundo tenía servicio médico (gratuito). Todos tenían la misma oportunidad de educación, incluso educación universitaria. Nadie estaba sin techo. No había prostitución, ni mendigos, ni desocupados. Todos los niños en Cuba recibían juguetes en Navidad; un juguete grande y dos pequeños, que el mismo niño o niña escogían en la tienda, y era la misma calidad de juguetes para el niño de un alto funcionario o el de un campesino. Cuando yo después conté todo esto y expresé mi admiración por la revolución cubana, un hombre de letras que es millonario me atacó diciendo que yo me había deslumbrado por el ‘materialismo marxista’, y que había olvidado aquello de que ‘no solo de pan vive el hombre’…y él era millonario.

Otra de las confusiones es creer que el materialismo dialéctico es igual al materialismo del positivismo. El materialismo marxista a lo que se opone es al idealismo, que debería llamarse más bien realismo. Con mucha razón me dijo Fidel, aquella vez que hablé con él: ‘El materialismo marxista es más espiritualista que el positivismo, ¿verdad?’. Y en verdad el marxismo de Marx es espiritualista, como lo es también el de Fidel y el Che.


El materialismo marxista, ¿no se opone a Dios? 

Se opone al idealismo. Se opone también a un Dios idealista. La Biblia se opuso también tenazmente a la deidad idealista y le llamaba ídolos. Los ídolos son ideologizaciones de las fuerzas naturales, y el gran ataque que les hace la Biblia es porque ellos no son nada. Y porque ellos no liberaron al pueblo de la esclavitud de Egipto. San Juan dice que Dios es amor. Esta es una frase vaga, que no dice nada –a no ser que entendamos con precisión qué quiere decir San Juan por amor–. Por amor, San Juan entiende una cosa muy concreta, y una cosa a la que nosotros corrientemente no le damos el nombre de amor. Y que Jeremías describe así: ‘Defender la causa del pobre y del indigente’.


Violencia y no violencia. 

La Biblia dice NO MATARÁS. Pero en el mismo libro de la Biblia en que está ese precepto, se ordena que al que cometa un asesinato hay que matarlo, porque quebrantó ese precepto. En cambio algunos interpretan ahora en NO MATARÁS en el sentido de que a un tirano que ha cometido muchos asesinatos NO se le debe matar. La palabra violencia tiene varios significados. Si se entiende meramente el uso de la fuerza, es algo neutro. Hay que distinguir el uso de la fuerza para asaltar a un niño, o el uso de la fuerza para defender a un niño asaltado por un asesino. Si por violencia se entiende la fuerza injusta, entonces la violencia entre nosotros es sólo la institucionalizada; la de los guerrilleros es contra-violencia. El odio es otra cosa. Como le oí decir al padre Gonzalo Arroyo en Chile (no sé dónde estará él ahora): ‘El odio es siempre reaccionario. Sólo el amor es revolucionario’. El Che alguna vez habló de odio, pero yo creo que era más bien una manera de hablar. También Cristo dijo: ‘El que no odia a su padre y a su madre no es digno de mí’. Naturalmente, que debemos preferir la no-violencia cuando se puede escoger.


Mi venida a Solentiname. 

Vine a Solentiname huyendo de lo que tradicionalmente se llama en el lenguaje cristiano ‘el mundo’, y que ahora es el capitalismo y la sociedad de consumo. Vine a esta isla buscando la soledad, el silencio, la meditación, y en último término buscando a Dios. Dios me llevó a los demás hombres. La contemplación me llevó a la revolución. He dicho otras veces que no fue la lectura de Marx la que me llevó al marxismo, sino la lectura del Evangelio.
¿Cómo se compaginan contemplación y revolución?
No debe hacerse diferencia entre lo espiritual y lo temporal. O entre Evangelio y política. Por tanto, tampoco entre contemplación y revolución. Los verdaderos contemplativos de todas las épocas nunca han sido indiferentes a los problemas de su tiempo. Y la contemplación es importante para la revolución. Porque existe también el otro aspecto: la revolución interior. O como dijo Leonel Rugama, el joven poeta nicaragüense que murió a los 20 años en la guerrilla urbana: ‘La revolución interior y la otra son la misma’.

También, la humanidad está destinada a unas bodas. Los contemplativos son las células sexuales que ya están madurando en la niña de 12 años. Yo considero que mi misión es predicar desde aquí el marxismo, pero un marxismo con San Juan de la Cruz.








VISITA NUESTRAS REDES SOCIALES
© 2020 EnElTapete.com Derechos Reservados