Solo Hay Un Paso
Vida 20/09/2020 08:00 am         


Por Inés Muñoz Aguirre: Recientemente el gobierno chino celebró en Wuhan haber vencido al COVID-19



Por Inés Muñoz Aguirre

El acto, en el que se ignoró el argumento de que si se hubieran tomado medidas a tiempo el virus no se habría expandido, nos coloca frente a la visión de una sociedad que baila al son que le tocan


Como en tantas películas de catástrofes o pandemias que hemos visto en las que siempre hay un científico que advierte sobre lo que está por suceder, se cuenta que Li Wenliang un médico de Wuhan advirtió a sus compañeros de una misteriosa enfermedad respiratoria y nadie le escuchó. El cine, los libros y las noticias también nos han enseñado que en todo régimen comunista hay delatores, a veces hasta en tu misma casa. Lo cierto es que la policía acusó a Wenliang de difundir rumores, él era oftalmólogo y trabajaba en el Hospital Central de Wuhan, quizá de allí mismo salió la información. En febrero, el joven médico padre de dos hijos enfermaba con el virus sobre el que había advertido y murió el 7 de febrero.
Recientemente, el gobierno chino convocó a celebrar que su país venció el virus. Los actos llenos de banderas rojas y esas marchas de cientos de personas que recuerdan tanto a los ejércitos nazis, comenzó con un minuto de silencio y exaltaron la figura de un médico mayor de 80 años a quien se le atribuye ser el rostro visible de todo lo que condujo a su país a vencer la enfermedad. Los videos llenos de música y bailes se apoderaron de las redes sociales y de los noticieros de países que hoy sufren no solo la pérdida de miles de vidas, sino que están en plenos repuntes de la pandemia y con sus economías por el piso. Por supuesto los espectadores de tal fiesta no podían quedarse sin presenciar el consabido discurso político. El presidente hablaría del apoyo que han prestado a varios países en el mundo, ayudando según su explicación a salvar millones de vidas. Rindió homenaje a los “héroes” mientras destacaba el importante rol del partido comunista en la derrota del virus.
Somos muchos los que hablamos del virus chino, porque no tenemos dudas de que salió de Wuhan, todas las primeras informaciones lo confirman. Han pasado meses en los que muchas familias del mundo entero han vivido la terrible experiencia de perder a un familiar en circunstancias dignas de un elaborado guion de película de ciencia-ficción, mientras todos vivimos en vilo. La economía de cada persona del planeta se resintió y la economía mundial está por el piso. En este acto en el que se ignoró la existencia de Wenliang y el argumento de que si se hubieran tomado medidas a tiempo el virus no se habría expandido, los que tuvimos y los que tienen la suerte de vivir en libertad (lo cual te regala la posibilidad de desarrollar un espíritu crítico) tales festividades nos colocan frente a la visión de una sociedad que baila al son que le tocan.
Es cierto que hubo muchas protestas iníciales, pero una mayoría se muestra feliz porque no tuvieron la oportunidad de vivir de otra manera. Nunca tan claro como en esta festividad la sociedad que nos mostró Aldos Huxley con sus betas, gamas y épsilones, ya no clases sociales, si no castas en las que igual existen los privilegios dependiendo de a cuál de ellas pertenezcas. Entre tanto el virus sigue como nunca su paseo por el mundo y ese no establece diferencias, no reconoce fuegos artificiales, discursos, ni luchas por el poder.

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