Pedro Tinoco: Infancia y adolescencia lejos de casa (1927-1942)
Vida 24/05/2021 08:00 am         


Personaje clave en los negocios y la política venezolana en la segunda parte del siglo XX, y cuyo legado tiene mucho que ver con el proceso de modernización del país. El siguiente texto es un capítulo



Por Rafael Arráiz Lucca


Pedro Tinoco Jiménez nació en Caracas el 4 de octubre de 1927. Era hijo de Pedro Tinoco Smith (1887-1966) y de Narcisa Jiménez Granés (1909-1999), en una unión sin formalización jurídica de la que nacieron Pedro y Fernando Tinoco (1929-1976). Pedro Tinoco Smith era hijo de Pedro Tinoco Bigott e Isabel Smith Vera; y este era hijo de Pedro Tinoco Peña y Dolores Bigott Aramburu; hijo a su vez de Gumersindo Tinoco y Margarita de la Peña. Hasta aquí tenemos información sobre los Tinoco en Venezuela. Isabel Smith Vera era hija de Guillermo Smith Gorferey y Mercedes Vera Ascanio. Smith nació en Edimburgo en 1794 y falleció en Caracas en 1867, después de una hoja de servicios asombrosa que se inicia en 1819 con su llegada como integrante de la Legión Británica, y se extiende como ministro de Guerra y Marina, Hacienda y Canciller en los gobiernos de Páez y Soublette (1830-1847). Sus restos descansan en el Panteón Nacional.

Narcisa Jiménez Granés era hija de Francisco José Jiménez Gómez y Carmen Granés Aranda; Francisco era hijo de Leonardo Jiménez Echeverría y Bárbara Gómez Isasi, y Carmen era hija de José Granés Riso y de Antonia Aranda Alemán. Todos caraqueños o del centro del país. Por su parte, el doctor Tinoco Smith fue un hombre muy importante por varios motivos: tanto para la vida nacional como para su hijo Pedro, de quien fue la figura determinante. De su trayectoria he escrito en anterior oportunidad cuando publiqué la historia del Escritorio Tinoco, Travieso, Planchart y Núñez (2004), de modo que glosaré mis palabras. Es en esa Venezuela en la que va a abrirse paso un abogado egresado de la Universidad de Los Andes en 1914, según consta en la lista de graduados en Derecho en el país entre 1830 y 1930, facilitada por la Universidad Central de Venezuela, y se llamaba Pedro Rafael Tinoco Smith. El joven abogado Tinoco abre las puertas de su oficina en un local del centro de Caracas, entre las esquinas de Pajaritos a La Palma, enfrente del legendario Almacén Americano de William H. Phelps. De hecho, una de las anécdotas de los inicios del Escritorio Tinoco la refiere un socio posterior del mismo, el doctor Gustavo Planchart Manrique: “Hay una anécdota de Pedro Tinoco, padre, que puede ser ilustrativa de cómo se establecía en la época de su juventud una relación profesional. Él contaba que al graduarse abrió su estudio en una habitación que alquiló en el centro, con ventana a la calle y abría todos los días muy temprano, y se ponía a trabajar. Al frente, el viejo Phelps tenía su almacén, y lo abría también muy temprano, todos los días. Fue así como se conocieron, de vista, y Phelps apreciaba el carácter trabajador de Tinoco. Un día lo visitó en su estudio y le encargó pequeños asuntos. Así nació una larga y estrecha relación.” (Pérez Perdomo, 1981:405

Como vemos, no hubo otra referencia que el comienzo laboral tempranero de ambos trabajadores, y luego uno probó los servicios del otro y quedó satisfecho, así de simple. Así fue como los abogados de principios de siglo en el país fueron construyendo su clientela. Hoy en día los métodos son distintos, aunque no se excluye la relación personal, ni la atención por parte del futuro cliente de las costumbres trabajadoras del posible abogado. Este comentario del doctor Planchart Manrique coincide con el recuerdo que John Phelps tenía de su abuelo, William H. Phelps, expresado en el libro William H. Phelps en la memoria de su nieto. Allí afirma: “Por aquellos años iniciales, cuando todavía mi abuelo tenía su local en los alrededores de la esquina de Camejo, más o menos por el año 1914, conoció a un joven abogado recién graduado, llamado Pedro Tinoco, un hombre sumamente capaz, quien años después llego a ser Ministro del Interior del gobierno de Juan Vicente Gómez. Mi abuelo observaba que las únicas personas de la cuadra que abrían a las siete de la mañana eran ese joven abogado y él, así que pensó que aquel individuo debía tener algo que no era común en las demás personas y entablaron una estrecha amistad, que duró mucho tiempo. Desde esa época y hasta los años 60, el escritorio jurídico Tinoco fue el apoderado de los negocios de la familia Phelps.” (Phelps, 2001:30)

La fama de trabajador eficiente del doctor Tinoco va tomando cuerpo en la Caracas de entonces, una ciudad que tenía poco más de 100.000 habitantes, y ya para 1927, fecha en la que se asocia con el doctor Alfredo Travieso Paúl, y se crea la firma Escritorio Tinoco, Travieso, los clientes de Tinoco son varios y de significación. Así queda establecido en el documento que ambos firman, en el que quedan fuera de la relación comunitaria algunos clientes de Tinoco expresamente señalados, H.L Boulton, Lote Pocó, Hermanos Laprea, así como otros clientes que Travieso no incluiría en la sociedad profesional. Queda entendido, salvo excepción, que los clientes que vayan solicitando los servicios de la firma, serán atendidos por ella como sociedad con personalidad propia. Hoy en día es perfectamente posible que la buena fama de un abogado no se deba a sus éxitos procesales, a sus actuaciones en el foro, sino a sus capacidades como consultor, o como analista, o como facilitador de negociaciones jurídicas complejas, pero en los inicios del siglo XX, la fama de los abogados se iba constituyendo sobre la base de los litigios cuyos resultados favorecían a sus clientes. Fue el caso de Tinoco, que siendo abogado de la herencia Dalla Costa y Sanabria, obtuvo éxitos procesales significativos, que seguramente le trajeron a su cartera clientes de mayor envergadura, como lo fue la Lago Petroleum, filial venezolana de la Standard Oil, que lo hizo su apoderado. Aquella bola de nieve que puso a rodar el doctor Tinoco en aquella casa discreta del centro de Caracas, diez años después se mudaba, en sociedad con Travieso, a un edificio comprado al constructor Juan Bernardo Arismendi, entre las esquinas de Padre Sierra y Muñoz. Así, el ámbito de trabajo respondía más eficientemente a las demandas de servicios por parte de los clientes. Aquellos diez años iniciales no fueron “miel sobre hojuelas”, el ejercicio del Derecho en Venezuela era riesgoso. Así lo refiere el doctor Carlos Mendoza Goiticoa, quien se inició trabajando en el Escritorio Bance-Valladares, y luego fundó la firma Mendoza, Palacios, Páez Pumar con sus compañeros de labores. Dice Mendoza: “Recuerdo que una vez Pedro Rafael Tinoco demandó a la Municipalidad pero, por un lado el juez admitía la demanda y por el otro Tinoco iba a parar a la cárcel.” (Pérez Perdomo, 1981: 397). Meses después de iniciar la sociedad con Travieso, la vida de Tinoco va a experimentar un cambio absolutamente imprevisto. Según afirma el historiador Nikita Harwich Vallenilla en la entrada correspondiente al doctor Tinoco en el Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar: “Apoderado de la Lago Petroleum, filial en Venezuela de la Standard Oil, fue recomendado al general Juan Vicente Gómez para servir como apoderado de los bienes de su hijo, José Vicente, al partir éste último para Francia.” (Harwich, 1997:49). José Vicente Gómez va a fallecer en 1930, y Tinoco se encargará de la venta de sus bienes. En estos trámites lo conoció el general Gómez, quien quedó impresionado con su eficiencia, motivo por el cual lo designó en un cargo público que nunca estuvo entre los planes vitales de Tinoco: Ministro de Relaciones Interiores. Estuvo al frente de este ministerio entre julio de 1931 y hasta la muerte del general Gómez el 17 de diciembre de 1935.

Estando al frente del ministerio negoció lo que se conoce en la historia monetaria nacional como el “Convenio Tinoco”, acuerdo mediante el cual a partir de 1934, las divisas vendidas al Tesoro Público por parte de las compañías petroleras radicadas en el país, tendrían paridad respecto al dólar. Será este abogado exitoso el que lleve a vivir en una casa en la subida del Observatorio Cajigal a Narcisa Jiménez, su hermana Blanca Tinoco Smith, su madre Isabel Smith de Tinoco y Teresa Rodríguez, una señora asistente doméstica de su entera confianza. Allí nacerán Pedro (1927) y Fernando Tinoco (29 de octubre de 1929). Cuando llega Pedro, su madre tiene 18 años. Poco tiempo después se mudan a La Pastora y viviendo allí el niño Pedro, de apenas tres años, contrae una tuberculosis que le ha contagiado su tía Blanca, con quien comparte habitación. El doctor Tinoco, ya con recursos, decide enviarlos a todos a Suiza, a un sanatorio en Davos, con fama de ser el lugar ideal para superar la enfermedad. Tinoco Smith viaja y regresa. Ya en 1930 sus vínculos con Gómez, como vimos antes, van en ascenso. En el trato con el general Gómez y la viuda de José Vicente Gómez Bello, Josefina Revenga Sosa, surgió una relación amorosa entre Tinoco Smith y la viuda. El general Gómez vio con buenos ojos el casamiento y este tuvo lugar en 1932. Antes, ha viajado el novio a Suiza a tomar decisiones: Narcisa Jiménez regresa a Caracas y desaparece de la vida de Tinoco Smith para siempre, no así de la vida de sus hijos, con quienes se reencontrará muchos años después, cuando Tinoco Smith haya fallecido. El 19 de marzo de 1938, Narcisa Jiménez tendrá otra hija, Beatriz Jiménez, pero después de tener seis años separada de Tinoco Smith. La abuela Isabel y la tía Blanca, también regresan a Caracas. Los niños quedan internos en el Bois Gentil Chateaux d’oeux, en el cantón de Vaud. Pedro tiene 5 años.

Con frecuencia anual venían los niños a visitar al padre en Caracas, y a los hermanos que habían nacido de la unión con Josefina Revenga: Rafael (1932-1976) e Isabel Tinoco Revenga. De tal modo que contamos con el testimonio recogido por Juan Carlos Zapata en su libro Doctor Tinoco. Vida y muerte del poder en Venezuela, quien entrevista a Beatriz Sosa Fernández, quien le refiere los hechos ocurridos en diciembre de 1935, cuando una vez fallecido el general Gómez se iniciaron los saqueos de las casas de los gomecistas, entre ellas la de Tinoco, y los niños Tinoco fueron guarecidos en casa de Arturo Sosa en Antímano. Para ese momento, Tinoco Smith había abandonado Venezuela rumbo a París, en donde permanecerá un tiempo, hasta que puede regresar al país. Por otra parte, en 1941, el matrimonio con Josefina Revenga concluirá. Nuestro biografiado y su hermano son inscritos en la Peekskill Military Academy en el estado de Nueva York, donde Pedro concluirá el bachillerato, mientras Fernando lo terminará en el Colegio San Ignacio, en Caracas. Esta academia abrió sus puertas en 1833 y las cerró por falta de aspirantes en 1968. Tenía como lema: “Se fuerte como un roble y no cedas a la debilidad”. Resulta obvio que esta educación militar va a ser clave para entender la disciplina, el orden y la seriedad con que Tinoco enfrente la vida. Incluso podría decirse que su adustez provenía de la rigidez militar que rodeó su educación. En 1942 regresa Tinoco a Venezuela y se inscribe en el Colegio Santa María, el de la educadora Lola de Fuenmayor, para hacer la reválida del bachillerato. Tiene 15 años. Se gradúa de bachiller al año siguiente, en 1943. Entonces, ingresa a estudiar Derecho en la Universidad Central de Venezuela. Como es fácil de colegir hasta este año de 1942 el joven Tinoco ha vivido más tiempo fuera de su país que en su patria. De sus 15 años, alrededor de 12 los ha vivido en Suiza y los Estados Unidos, y naturalmente habla perfectamente francés e inglés, lo que le apunta una ventaja considerable en la Venezuela de entonces. Lo que si requiere es una inmersión en la vida criolla, y para ello nada mejor que la Universidad Central de Venezuela, donde se relacionará con todo el espectro social de su tiempo. Imposible dejar de señalar que los muchachos Tinoco tienen una versión vaga sobre la identidad de su madre: la que le ha referido el padre. De modo que nuestro biografiado creció con la idea de que su madre estaba ausente, y no conocía su identidad. Era la versión del padre, que evidentemente no hallaba cómo decir lo cierto. Felizmente, años después de la muerte del padre, en 1966, los Tinoco Jiménez conocieron a su madre: Narcisa Jiménez Granés. Con ella, en los últimos años de su vida, tuvo el doctor Tinoco la mejor y más cariñosa de las relaciones filiales. El hijo murió primero (1993), la madre después (1999). Fernando había muerto en 1976, y Beatriz Jiménez de Nava Carrillo está en este mundo.







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