Anna Pavlova Bailó Joropo en Guatire
Bulevar 13/12/2020 07:00 am         


La bailarina fue traída a Caracas por la Sociedad de Cines y Espectáculos, adonde arribó el 10 de Noviembre de 1917 para presentarse en el Teatro Municipal. De su extenso repertorio, los caraqueños a



Por Eleazar López-Contreras


El Gran Hotel de Caracas quedaba a un paso del Teatro Municipal (de Bolsa a Mercaderes, donde antes operaba la afamada posada El León de Oro de los hermanos Delfino). Abierto en 1908 por Juan Rodríguez Cordero, el hotel poseía un estilo europeo y comodidades modernas (baños individuales con water closet y bidet, entonces una novedad). En su lista de huéspedes famosos figuran el cantante de ópera italiano Titta Ruffo y el científico Alexander Graham Bell, quien se alojó allí en 1922, favorecido por la ubicación del hotel para sus negocios, pues de Bolsa a Mercaderes funcionaba la planta telefónica de la Venezuela Telephone & Electrical Appliances Company.

Pero antes, en 1917, se había alojado en el conocido hotel la bailarina clásica más famosa de todos los tiempos: Anna Pavlova. Su fama comenzó cuando formaba parte de los Ballets Rusos de Diaghilev, maravilloso ensamble de bailarines como Nijinsky y coreógrafos como Fokine. En 1910 debía bailar la obra El pájaro de fuego que Diaghilev le había encargado, especialmente para ella, al novel compositor Igor Stravinsky; pero cuando escuchó la música le pareció horrible y decidió abandonar los Ballets para siempre. Entonces hizo carrera con su propia compañía y fue aplaudida en el mundo entero. Su arte convirtió La muerte del cisne en una obra maestra mundial y en el símbolo del ballet ruso. Actuó en América Latina realizando innumerables giras desde 1915 hasta 1928, visitando Cuba, México, Perú, Chile, Uruguay, Argentina, Brasil, Venezuela, Panamá y Costa Rica.

La bailarina fue traída a Caracas por la Sociedad de Cines y Espectáculos, adonde arribó el 10 de Noviembre para presentarse en el Teatro Municipal. De su extenso repertorio, los caraqueños aplaudieron La muerte del cisne, coreografía de Michel Fokine sobre la música de Saint-Säens. Al ella enterarse de la existencia de las caídas de agua y los pozos de Los Chorros, se hizo fotografiar por Pedro Manrique, danzando con sus bailarinas una pieza de El lago de los cisnes.

El 6 de diciembre de 1917 fue la despedida de la compañía con un programa variado en el que se estrenó “La Gavota Gutiérrez”, dedicada a la gran bailarina por el maestro compositor Pedro Elías Gutiérrez. Después de la función se celebró una fiesta de despedida en el Cine Olimpia. Los echadores de broma, que siempre los ha habido en Caracas, inventaron que un hombre de pueblo se dirigió a la retreta de la Plaza Bolívar del siguiente domingo y le dijo: “Maestro, perdone el atrevimiento pero, como la gente dice que usted le regaló una gaviota a la “Palova”, y que se la obsequió en el Municipal, ¿usted cree que podría conseguirme una para llevársela a los muchachos a la casa, para que jueguen con ella?”.

A la gran bailarina Anna Pavlova le gustaban las excursiones, y en Caracas visitó el Paseo El Calvario, observando los cisnes de la fuente, en tiempos pasados hubo allí, pues esa montaña árida en un gran jardín —un parque— con flores, árboles, caminería, bancos y remansos de agua, donde ella pudo admirar sus amados cisnes (delante de la enorme estatua que se mandó a colocar allí del Presidente Guzmán).

Era noviembre, con bastante frío en la ciudad (todavía lo había entonces); y, desde El Calvario, la sensible bailarina pudo apreciar la bruma que se mantenía sobre Caracas como una capa de gasa, vista desde abajo, o como motas de algodón, vistas desde El Calvario. La célebre artista, que bailó en el Municipal y en Los Chorros, y que admiró la bruma de Caracas desde la colina de El Calvario, vio lo mejor de la ciudad; pero le faltaba un día de campo, un programa que fue puesto en escena por el General Eduardo G. Mancera, con paseo a caballo al río (Pacairigua), almuerzo, música selecta y baile criollo en su hacienda La Carbonera en Guatire.

El viaje se hizo, vía Fila de Mariches, en el Ford descapotable del General Mancera, quien ya había preparado el festejo que incluía música de cámara y joropo mirandino, que todos bailaron. La artista enloqueció con los dulces criollos, al punto que el Gral. Mancera (tío-abuelo de Alberto Veloz, famoso cronista de lo caraqueño), le mandó a preparar una caja estilo cofre con una gran variedad de granjería criolla que ella celosamente se llevó para París.

También la impresionó sobremanera, el zapateado del joropo, al punto que decidió allí mismo tratar de aprenderlo. Muchos se ofrecieron como pareja y, para asombro de todos, ella escogió a un adolescente de trece o catorce años, cuya manera de zapatear le había llamado la atención; y así fue como (mientras que el anfitrión lo hacía por su lado con una manumisa de la hacienda), Simón Bendaham bailó joropo con Anna Pavlova en aquella hacienda de Guatire, convirtiéndose en el único venezolano que tuvo el inefable honor de hacer pareja con esa legendaria figura del ballet.

Como la lista oficial de invitados locales era muy escueta, con apenas dos invitados importantes (el colega hacendado Jesús María García y el Jefe Civil de Guatire, Gral. Antonio Gómez), por la edad del muy joven Simón Bendaham, se supone que él no era un invitado sino un coleado, aún más: un coleado con suerte.







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