27 de enero, día mundial para recordar Auschwitz
Historia 27/01/2020 07:33 pm         


Que nunca más el odio sea argumento



Presos por ser judíos, famélicos porque caminaban siete kilómetros en la mañana y siete en la tarde moviendo piedras sin sentido alguno, de un lado a otro, cansados y enfermos, sin agua y comiendo cualquier bazofia, dormían —si dormían—, en literas. El orín del que estaba en la cama de arriba rociaba al que permanecía en la cama de abajo, al cabo de los días, ninguno, ni el de arriba ni el de abajo, tenía fuerzas para levantarse a tiempo. 

Imagen desoladora de entre las tantas contadas, registradas, documentadas del horror más absoluto, separados de los seres queridos, arrancados de sus vidas para que murieran sin saberse ni reconocerse, y con la intención de reducirlos a olvido convertidos en número, fueron los judíos blanco del odio. Inédito fundamento, terrible argumento, en el historial suicida de guerras, abusos, depredación, invasiones, torturas, asesinatos, vejaciones protagonizados por la humanidad, tal fue el arma con que se les procedió a exterminar; murieron 6 millones. 

Y es la misma humanidad la que no se repone de la vergonzosa mancha del Holocausto o Shoa —catástrofe—, horror sin parangón cuyo móvil, valga la reiteración, no sería el anhelo descabellado de hacerse de un territorio, no una causa perdida, no la ambición de un delirante que quiere poder sino el odio. Odio a fuego. Odio en piras. Odio ejercido con poder delirante y con vocación expansiva. Peor, si lo peor cabe. 

Recordar semejante barbaridad tiene el decidido anhelo, ay, de que sea página superada y, sobre todo, irrepetible. El Espacio Anna Frank, abanderados de la inclusión y el respeto a la diversidad promueve en la ciudad y el país todo cine foros, encuentros, actividades culturales y políticas que conmemoran lo sucedido el 27 de enero de hace 75 años, cuando ocurre la liberación del campo de concentración de Auschwitz. Es el día que escoge la ONU —resolución 60/7— para evocar a las víctimas del Holocausto y reflexionar sobre la maldad superlativa del nazismo. 

Auschwitz, territorio que duele infinitamente, y no deja de hacerlo, es fuente de estudios de la doctora en Ciencias Políticas, Nora Fishbach, una de las voces más calificadas y que más conmueven por lo preciso de sus conocimientos. Hija y nieta de sobrevivientes, no deja de pensar con absoluto pesar en la posibilidad de una reedición. “El antisemitismo repunta, lo ves en los ataques que se infringen contra judíos y sinagogas, no podemos callar, menos odiar”. Por eso es defensora a brazo partido de la memoria como herramienta que, hallazgos y confirmaciones en mano, alerte, cree consciencia, evite. La memoria como un mantra: nunca más. 

Auschwitz, como todos los campos de concentración, sería embudo para contener a las víctimas que, como volúmenes, formas de piel y hueso, serían conducidas al matadero. Y Ashwitz es una daga para los que vieron a sus antepasados con números tatuados en el antebrazo. Para todos los que hemos visto en el museo alemán o en los libros y revistas la fotografía del rimero de zapaticos o escenas en que alguien cambiaba un diamante por una hogaza de pan colado de manera clandestina por entre las cercas que contenían a los confinados judíos. 

Como Priva de Oziel, bioanalista vinculada a la Fundación que insiste en la importancia de la inclusión y la no discriminación de nadie por nada: “es germen de odio y de la barbaridad”. Como el embajador Milos Alcalay, quien desde su cabeza lúcida dirige la institución que lleva el nombre de la adolescente cuyo diario es conmovedora fuente de información. “La paz es una tarea de la agenda diaria”. Y hay que abogar por el entendimiento siempre y desde la dignidad, entre vecinos, entre estados en conflicto, en casa.

Dentro de la programación In Memoriam del Espacio Anna Frank, la proyección de la cinta ¿Quién escribirá nuestra historia?, proyectada de manera gratuita en salas Cinex y Cines Unidos de todo el país. También rescata la memoria y el registro. Se trata del hallazgo de unos documentos resguardados valientemente de los esbirros nazis por el grupo Oneg Shabat cosa que quien los descubriera luego, al fin, tuviera conocimiento de lo que vivieron y consignaron en el gueto de Varsovia (ver Uso Horario). 

La pluma serviría, como queda claro en la película, para derrotar la mentira reiterada y la propaganda nazi y consignar cómo fue que el mal se convirtió en paisaje, rutina, mandato, hambre, pellejo, muerte. Como fue cada hora de la desgarradora realidad que llegó al paroxismo y trajo el infierno a la tierra. Cómo tuvo lugar ese abismo de la Historia que tanto nos abochorna. 







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