Sablazo a Guzmán
Historia 12/07/2020 07:00 am         


Abreu e Lima respondió a un alevoso ataque de Antonio Leocadio Guzmán con el sable; y es que a pesar de que Abreu era escritor de prosapia, quizás el ataque directo y sobre todo la duda sobre su valor



José Ignacio Abreu e Lima fue un militar brasileño nacido en Recife en 1794 que, exiliado de su país por razones políticas, vino a Venezuela en 1818 para incorporarse activamente al lado de Simón Bolívar en la campaña por la libertad de la Nueva Granada y luego en la etapa final de la Independencia venezolana. Era, además de soldado, poeta, político y escritor y pertenecía a una destacada familia cuyo padre había sido fusilado en 1817 al involucrarse en una conspiración denominada la “Revolución pernambucana”. El oficial Brasileño se convirtió en hombre de confianza de Bolívar acompañándolo en la campaña del sur y más tarde vino a vivir en Venezuela donde fomentó amistad con el general José Antonio Páez, a quien había conocido en la llamada “Campaña de los Llanos”, que precedió al paso de los Andes y a las cruciales batallas del Pantano de Vargas y de Boyacá, que sellaron la independencia de Colombia. Radicado en Caracas, Abreu e lima se involucró en las disputas que se generaron en Venezuela como consecuencia de las decisiones que se tomaban en Bogotá y que generalmente ignoraban las realidades locales, pretendiendo ejecutar órdenes que crearan malestar y que fueron generando un ambiente hostil al mantenimiento de la unidad de la denominada “Gran Colombia”.

Antonio Leocadio Guzmán, por su parte, fue hijo del sargento y luego capitán realista Antonio de Mata Guzmán, que preso en 1812 en el castillo de Puerto Cabello aprovecha la traición de Francisco Vinoni al joven coronel Simón Bolívar, jefe de la plaza donde estaba depositada la mayor parte del parque de la República, para tomar la fortaleza y de seguidas es designado segundo jefe del estratégico sitio, donde por seis días resisten los desesperados intentos del futuro libertador por tratar de reconquistarla.

Quien más tarde sería fundador y líder del Partido Liberal fue enviado por su progenitor a Europa, a fin de ponerlo a salvo de los vaivenes y las crueldades de la larga guerra independentista saldada con la emancipación de Venezuela, el joven Guzmán regresa en 1822 a Caracas, donde haciendo uso de su talento, formación y capacidad de intriga y maniobra, pugna por abrirse paso y obtener figuración política en un territorio que entonces y conforme al propósito reiterado de Bolívar, formaba parte de un proyecto unitario consagrado por primera vez en Angostura en 1819 y luego formalizado e institucionalizado en el Congreso de Cúcuta de 1821. Guzmán busca cultivar buenas amistades y espacios para demostrar su cultura y destrezas intelectuales, logrando hacerse notar por el todopoderoso general José Antonio Páez, quien desde entonces ejercía un liderazgo indisputado en Venezuela, y quien más tarde aparecerá como el eje de todo el movimiento separatista que llevará a la ruptura de la Gran Colombia. El futuro apóstol del liberalismo, apuntala su notoriedad con su pluma inteligente e hiriente al mismo tiempo, comenzando una carrera periodista que lo elevara a la condición del redactor más leído de Venezuela años más tarde.

En 1825 Antonio Leocadio funda un periódico que llama “El Argos” que se convertirá en su primera tribuna para atacar o adular según sus conveniencias. En principio el destinatario preferido de sus ataques es el vicepresidente Santander, quien desde Bogotá y aprovechando las prolongadas ausencias de Bolívar se encarga de arremeter contra los intereses de Venezuela, lo que hace que el redactor del impreso gane simpatías y popularidad en un movimiento que cada día gana más adhesiones a favor de la separación de Venezuela. Guzmán también ataca por mampuesto al Libertador que se encuentra en Perú, pero sin atreverse a señalarlo directamente. Como el entonces general brasileño Abreu e Lima es tenido por incondicional bolivariano, desde las páginas de “El Argos”, Guzmán le dispara un despiadado ataque, donde entre otras cosas le señala: “... De lima no puede ejercer este encargo por su incapacidad, por sus escasos méritos, por carecer de la confianza del general en Jefe, por no tener tampoco la del ejército, porque a largo tiempo que el ojo perspicaz del general Bolívar la anuló para con sus compañeros de armas, porque su valor no está acreditado, porque su opinión está perdida, porque siempre se ha ocupado de inclinar a los jefes a actos arbitrarios que desacreditan la autoridad militar y la indisponen con el pueblo, y por mil razones más, que diremos a su tiempo si este señor nos obliga a hacerlo ...”.

El alevoso ataque de Guzmán no encuentra respuesta con la pluma, sino con el sable, a pesar de que Abreu es escritor de prosapia, pero quizás el ataque personal y sobre todo la duda sobre su valor lo hicieron tomar el desquite en el terreno del lance personal. Una noche espera a Guzmán en una calle solitaria de Caracas y arremete contra este causándole varias heridas entre ellas una en la cara que le quedará para siempre como una marca indeleble, que ocultaba bajo frondosa barba y patillas que se dejó crecer desde entonces. Abreu e Lima es apresado, sometido a prisión, y más tarde, al cumplir condena, se irá a la Nueva Granada.

El militar brasileño vivirá muchos años más hasta 1869, y cuarenta años más tarde de aquel acontecimiento escribirá al general Páez recordando este desagradable suceso en los siguientes términos: “… Hace cuarenta y tres años que yo, hoy viejo, me separé de usted bien descontento. Yo era un obstáculo a los intransigentes de Venezuela en razón de la intimidad que me ligaba a usted; por eso me pusieron mal con usted y cuando supusieron que ya usted me había abandonado, se arrojaron sobre mí; por eso estaba yo tan irritado, que cometí la locura de acuchillar al primer canalla que me provocó”.







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