Burlarse del Pueblo
Historia 30/08/2020 08:00 am         


Carlos Soublette tiene lugar destacado como militar y gobernante dentro de la generación de los libertadores de Venezuela



Incorporado desde muy joven al movimiento emancipador, el general Soublette tuvo el privilegio como edecán de Francisco de Miranda, de ser testigo de excepción de todo el proceso de fracaso y capitulación de la primera República y luego presenciar cuando un grupo de soliviantados patriotas encabezados por el futuro libertador Simón Bolívar acusan de traidor al precursor y lo hacen preso en la Guaira cuando estaba listo parta embarcarse al exterior, entregándolo a las autoridades españolas encabezadas por Monteverde. La larga guerra de Independencia permitirá a Soublette prestar destacados servicios en el campo de batalla y en los centros de planificación de la cruenta contienda, lo que será valorado altamente por Bolívar, quien sentía especial predilección por el talento y la diligencia con la que este cumplía todas las tareas asignadas, relación especial que se prolonga hasta la campaña del sur y la muerte del padre de la Patria.

El general Soublette jugará al lado de José Antonio Páez un papel destacado en la separación de Venezuela de la Gran Colombia y en el apuntalamiento de las bases de la República independiente, por lo que el caudillo llanero, como antes lo habían hecho Miranda y Bolívar, aprecia sus méritos como hombre probo, serio, comedido, tolerante y talentoso, que puede desempeñar en tiempos de paz roles de igual significación que en el escenario bélico, por lo que pronto aparecerá como el hombre de confianza y mano derecha del fundador de la República, en todas las incidencias que marcan la hegemonía de la llamada oligarquía conservadora, que bajo la egida de Páez, garantizará 18 años seguidos de estabilidad política. Ya en 1.934, al vencer el periodo presidencial de Páez, este piensa en Soublette como sucesor y lo respalda como candidato, aun cuando la nominación del doctor José María Vargas, frustra su aspiración, solo para que en las incidencias que se desatan luego de la llamada “Revolución de las Reformas” y que conducen a la renuncia definitiva del mandatario civil, el prócer termine sustituyéndolo en la primera magistratura y completando el periodo constitucional.

Esa primera experiencia de gobierno será el inicio de una sucesión de alternabilidades que el binomio Páez – Soblette, encuentra como fórmula para mantener la gobernabilidad. Páez vuelve al poder en 1838, y Carlos Soublette lo releva en el cuatrienio siguiente, solo que la situación económica y social amenazan seriamente la estabilidad de los conservadores, sobre todo luego que en 1840 insurgiera el Partido Liberal y sus líderes Antonio Leocadio Guzmán, Tomás Lander, Napoleón Sebastián Arteaga y Felipe Larrazábal, entre otros, quienes con sus consignas y prédicas se convertirán en instigadores y guías de la revuelta popular. Carlos Soublette, un hombre serio, comedido, y civilizado, se ve obligado contra su carácter y convicciones, a actuar con mano dura y reprimir sin contemplaciones, el movimiento insurreccional que se desata a propósito de las elecciones presidenciales de 1846 y en cuyo contexto se producirán serias rebeliones sociales, aplastadas a sangre y fuego por el gobierno conservador y por el Presidente.

Existe una conocida, aunque generalmente mal contada anécdota que colorea y pone de relieve el carácter tolerante de Soublette, referida a la promoción por una compañía de teatro que se presentaba en caracas en 1843, y cuya obra constituía según informaron al Presidente una sátira y burla contra su persona y su gobierno. Impuesto del asunto el jefe del Estado hizo venir a su residencia al director del teatro, a quien solicitó leer el guion que iba a ser puesto en escena, este temeroso cumplió las órdenes presidenciales, y al terminar su lectura, perplejo y asustadizo oyó la reflexión del gobernante: “Todo esto está muy bueno, además de que no me trata a mí tan mal, no tiene sino ligeras burlas. Y créame usted que Venezuela no se ha perdido, ni se perderá, porque un ciudadano se burle de un gobernante; se perderá porque un gobernante se burle de sus conciudadanos”. Toda una lección de tolerancia y buen talante, que ojalá hubieran podido asimilarla como lección tantos déspotas autoritarios, que hasta la actualidad, reaccionan sensibles y airosos ante cualquier crítica o sátira que se les haga desde la ciudadanía, y en cambio se burlan cotidianamente de sus gobernados.






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